CIMAC MEXICO

--Boxeadora amateur, madre y chofer de autobús

Por Marcela Toledo

Santa María, Calif. 4 enero 07 (CIMAC).- Nadie se imaginaría que los puños
que golpean con toda su fuerza durante su diario entrenamiento como
boxeadora amateur, son los mismos que se abren amorosos poco después para
acariciar a sus cinco hijos y cocinar para ellos. Ni que a diario maneja un
autobús escolar llevando y recogiendo a más de 60 pequeños de cuatro
escuelas primarias.

Jenny Gómez, de 26 años, nació en California y fue la hija mayor de una
madre soltera que trabajaba en el campo en Santa María. Por eso, desde que
tuvo uso de razón, a ella y a su hermano y hermana, los criaron sus abuelos
en San Luis Río Colorado, Sonora.

Creció con un primo mayor que ella, con él aprendió los juegos que él
quería: canicas, carritos y hasta ponerse los guantes de box y pelear,
relata en entrevista luego de uno de sus diarios entrenamientos en el Club
de Box Santa María, en el Centro Minami.

La joven recuerda que su abuela murió cuando ella tenía tan sólo 9 años.
Desde entonces la crió su abuelo. Y a la edad de 14 decidió ir a vivir con
su mamá en Santa María. Ya estando aquí, como no le gustaba la escuela
cuidaba a sus hermanos mientras su madre trabajaba.

Durante un año Jenny anduvo entre pandillas, peleando con quien se le
pusiera enfrente.

"Me buscaban pleito. Nunca me rajaba a cualquiera, porque cuando andas con
los amigos crees que están contigo. El box siempre me gustó. Nos poníamos
los guantes y peleábamos", comenta.

Pero cuando tenía 16 años tuvo a su primera hija, Cinthia, quien cumplió
los 10 años. Y la maternidad la cambió. "Era rebelde. Pero se me quitó",
reconoce.

Estudió hasta el octavo grado y después se fue a trabajar al campo. Cortaba
brócoli, colifor y lechuga, pero no le gustaba. Entonces trabajó como
cajera en el Deli El Toro. "Siempre busqué un trabajo menos pesado que el
del campo", dice y explica que después fue al colegio Allan Hancock a
estudiar inglés y para aprender enfermería.

Sin embargo, cuando atropellaron a su hija Jenny el año pasado, se dio
cuenta que no podría ser enfermera, pues ni siquiera pudo tocar a la
pequeña. Mejor regresó a cortar lechuga.

Un día, mientras piscaba lechuga, vio un letrero que decía que necesitan
bus drivers (conductoras de autobus), se informó e inició clases en junio
del 2006. La primera vez que manejó un autobús oficialmente fue en agosto.
Ahora maneja un autobús con capacidad para 84 personas en la Ruta 10 de
Santa María.

Recoge y entrega a escolares de las primarias Bonita, Alvin, Arellanos y
Miller.

"Hacen ruido, pero le subo a la música y se controlan. Dicen que los de la
Arellanos son malos, los comprendo porque yo fui así. A los más rebeldes
los sientan enfrente. Los reto a hacer ejercicio, a correr 45 minutos sin
parar, a hacer sit-ups, pero nunca aceptan", comenta Jenny con una sonrisa.

EL BOX, SU PASIÓN

Recuerda que desde que tenía 8 ó 10 años ya le gustaba el box. "Me
apasionaba. Imaginaba que boxeaba en el ring. Nunca le platiqué a nadie
porque pensé que se iban a reír".

Un día se animó a retomar el deporte. Su hermano le dijo que estaba loca,
pero la apoyó. Y comenzó a entrenar en el Centro Minami, con Willi Flores,
el entrenador de box del Club de Box de Santa María. En ese entonces, marzo
del 2006, Jenny pesaba 170 libras. Actualmente pesa 150.

Nadie sabía que Jenny entrenaba cada tarde, ni su mamá, quien le cuida a
sus cinco hijos mientras entrena. Tampoco su novio.
"Cuando les dije que iba a pelear en Oxnard, nadie me creía. Hasta que les
enseñé mis zapatos y les pregunté si alguien me iba a acompañar a Oxnard",
platica.

El día de su primera pelea Jenny estaba nerviosa. Le temblaban las
rodillas. Y más cuando vio que la muchacha estaba más grande que ella y se
le dejó venir al primer campanazo. Al ver a su cuñada y amigos, más
nerviosa se sentía.

"No supe cómo tirar el jab. La muchacha se me dejó venir rápidamente. Se me
olvidó lo que Willy me había dicho, que el jab, que el jab. La muchacha me
pegó rudo. Yo trataba de pelear. Me tumbó jalándome hacia abajo. Me pegó
con el codo.

"Vi el video. Quisiera tenerla otra vez enfrente y hacer lo que no hice.
Después me sentí triste porque nunca había perdido. A mi hermano siempre lo
hacía llorar. Pero me quedé contenta porque hice lo que quise, boxear".

Y aunque perdió esa pelea, Jenny siguió.

"Soy terca y hasta que gane y me sienta a gusto seguiré. Siempre soy así.
No estoy contenta hasta que tengo lo que quiero. Cuando vine a decirle a
Willy (que la entrenara), me miró de pies a cabeza, se rascó la cabeza y me
dijo que sí. Me entrenó jab y cómo usar las manoplas, seguí una dieta",
señala.

El diciembre Jenny peleó en el Casino Chumash. Fue una exhibición de
amateurs y quedó satisfecha con su actuación. Flores también quedó
satisfecho con el desenvolvimiento de su pupila y piensa llevarla a Las Vegas.

En el box Jenny ha encontrado una manera de canalizar lo que siente adentro
y afianzar su valentía frente a las circunstancias difíciles de la vida.

"Me gusta pegar. A lo mejor es el coraje contenido. Me gusta también dar
los fregadazos. Si me dan, los tiro más fuerte. Quizá porque mi abuelo me
decía que no tuviera miedo de un ratón, de una araña, los agarraba..."

Tiene una rutina diaria. Como joven madre se levanta a las 4 AM a preparar
la ropa y el lunch para sus hijos, los entrega a la niñera a las 5:30 AM,
se va a trabajar como chofer; los recoge y los lleva con su mamá para que
los cuide, mientras que ella entrena en el Centro Minami de 5:30 PM a 6:30
PM. Luego los recoge y se van a su casa, en Guadalupe.

"Quiero tener salud y que mis hijos tengan salud. Quiero tener mi casa para
mis hijos y no tener que pagar renta, darles a mis hijos lo que yo no tuve.
Y en el boxeo, si se puede, salir adelante. Sí me da miedo agarrar un
golpe, porque soy madre y tengo a mis hijos. Soy atrevida y aventada. Lo
que quiero lo he conseguido", concluye la pugilista.

07/MT/CV