CIMAC MEXICO

-- Ausente, la voz de las madres

Por Susana Tesone

México DF., 21 dic 06 (CIMAC/ARTEMISA).- En ocasiones la sociedad denigra y
culpabiliza a las madres que no amamantan o tienen dificultades para
hacerlo. Y ellas mismas luego repiten ese discurso sin darle espacio a sus
propias experiencias, contribuyendo a que la lactancia siga siendo un
discurso construido socialmente, con un aquí y un ahora, en constante
mutación.

Este discurso social, histórico, sobre la lactancia, transformado en
discurso dominante, que llega a extremos de "mensaje terrorista", excluye
la legitimidad de las sensaciones y emociones que muchas mujeres
experimentan durante el ejercicio de su maternidad y que no se animan a
expresar públicamente, y particularmente frente a los profesionales
"expertos" en el tema.

La lactancia materna, como cualquier actividad, no debe ser absoluta ni
unívoca: debe ser una elección realizada caso por caso. Debería ser un
derecho pero también una elección. Las condiciones de apoyo a la lactancia,
más allá del pecho o del biberón, deberían existir para todas las mujeres
cuyos hijos estén en ese período. Se necesita entonces participar de un
proceso acompañado, facilitado y que puedan las madres vivirlo sin
presiones "terroristas".

De esta manera mamás, papás, pediatras y aún los mismos bebés pueden
proponer en colaboración toda la gama de alternativas creativas en cuanto a
la lactancia.

La lactancia, vista desde la perspectiva de las mujeres,
implica desnaturalizar los supuestos que hablan de la "naturaleza
maternal" de las mujeres. Aceptar a las madres como sujetos con necesidades
y deseos propios que pueden incluir o no el de ser madre y conectarse
amorosamente con sus hijos, pero que seguramente no incluyen la obligación
de desaparecer como persona en esa función.

Centralizar toda la responsabilidad de la crianza en la madre
individualmente, y no darle al mismo tiempo un lugar acorde en las
políticas sociales, es dejar a la mujer atrapada y sin salida. Es además
injusto y por lo menos discriminatorio. Sin una reconstrucción de la
ideología cultural sobre los roles de género que fomente la inclusión del
padre en el proceso de la crianza, que promueva una paternidad
responsable y que aliente, en lugar de inhibir, el involucramiento
paterno, se refuerzan los estereotipos de los roles de género, con la
consiguiente inequidad.

Los modos de pensar acerca de las madres que no amamantan o tienen
dificultades, basados en sus experiencias, están ausentes misteriosamente
del discurso dominante de las madres. En su lugar, ese discurso tiene
historias sobre estas madres que las denigran y culpabilizan. Se dice de
ellas que "algo les debe fallar".

Es una oportunidad muy propicia para hablar de algo que queda excluido de
los discursos dominantes sobre la maternidad: las propias voces de las madres.

06/ST/GG