Mujeres en la memoria
CIMAC MEXICO
Monumento a las víctimas de la dictadura chilena
-- Ante el intento de borrar el pasado
Por Johanna Ortiz
Santiago de Chile, 20 dic 06 (CIMAC/SEMlac).- El pasado 12 de diciembre,
donde se cruzan la carretera Panamericana y la Alameda Bernardo O'Higgins,
se inauguró el monumento "Mujeres en la memoria", justo el mismo día en que
Augusto Pinochet fue cremado, tras de haber muerto sin reconocer
responsabilidad alguna por las mujeres detenidas, torturadas, exiliadas,
las 118 ejecutadas y las 72 que aún permanecen desaparecidas, durante los
18 años que duró su dictadura.
"Mujeres en la memoria" trae al presente no sólo las terribles violaciones
a los derechos de las mujeres, sino también "la fuerza y el coraje de
ellas, que han hecho un poco más democrática, un poco más libre, un poco
más amable esta sociedad", como afirmó Sandra Palestro en la ceremonia
inaugural.
Sandra es una de las 12 chilenas que levantó "Mujeres en la memoria",
iniciativa que contó con el apoyo institucional y legal de la Corporación
Parque por la Paz Villa Grimaldi.
En su intervención, Palestro recordó a las mujeres que buscaban a sus
familiares entre los detenidos, a las que consiguieron con creatividad los
recursos para el sustento diario y a las que defendieron los derechos
humanos y pelearon por la recuperación de la democracia. También mencionó a
las detenidas, torturadas, exiliadas, a las 118 ejecutadas y las 72 que aún
permanecen desaparecidas.
Pero no sólo la memoria de las chilenas estuvo presente. Se destacó que
este monumento es el único en su tipo en América Latina y por "la peor de
las razones".
"Supimos del feminicidio de Ciudad Juárez en México, en Guatemala y el
Salvador. Entonces nos dimos cuenta de que era el único por la peor de las
razones: porque en otros lugares de América Latina aún no han terminado los
crímenes contra las mujeres atribuibles al aparato estatal, por eso el
monumento es también para las mujeres latinoamericanas", aseveró Sandra.
CASTIGADAS POR SER MUJERES Y METERSE EN POLÍTICA
La construcción de "Mujeres en la memoria" tuvo muchos tropiezos desde que
naciera la idea. La falta de recursos y el desconocimiento por parte del
alcalde de Santiago, Raúl Alcaíno, de un permiso que otorgó el ex candidato
presidencial de la derecha Joaquín Lavín, mientras ocupaba el sillón
edilicio de la ciudad, retrasaron la obra, que debió ser inaugurada el 8 de
marzo de 2004.
La reconstrucción de la memoria no ha sido fácil en Chile. Treinta años
después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, el entonces
presidente Ricardo Lagos convocó a la "Comisión Nacional Sobre Prisión
Política y Tortura", como una forma de reconocer a las víctimas y honrar su
memoria.
Se aceptaron 28 mil testimonios y 7 mil quedaron fuera, a la espera de ser
revisados. El informe de la Comisión, dado a conocer en noviembre de 2004,
reveló la sofisticada tecnología de los múltiples métodos de tortura del
régimen de Pinochet. Golpizas, simulacros de fusilamiento, aplicación de
electricidad, posiciones forzadas, colgamientos y la lista suma y sigue.
La violencia sexual no quedó fuera. "La comisión recibió el testimonio de 3
mil 399 mujeres. Casi todas dijeron haber sido objeto de violencia sexual,
sin distinción de edades, y 316 afirmaron haber sido violadas. No obstante,
se estima que la cantidad de violadas es muy superior a los casos en los
que ellas relataron haberlo sido", se lee en el informe.
La Comisión realiza este cálculo porque no se preguntaba a las mujeres si
habían sido violadas, sino que dicha declaración surgía espontáneamente, y
porque existen numerosos testimonios de detenidos que declaran haber
presenciado violaciones cometidas en una gran cantidad de recintos de prisión.
"La violencia sexual contra las mujeres durante el régimen militar
constituye una de las formas más brutales de violencia. (…) Es preciso
señalar que las mujeres fueron detenidas por sus ideas, sus acciones y
participación política y no por su condición de tales. No obstante, la
violencia sexual ejercida sobre ellas utiliza su condición de género
agravando su impacto sobre la integridad moral y sicológica", detalla la
Comisión.
Lelia Pérez Valdés era militante del Movimiento de Izquierda
Revolucionario (MIR). En septiembre de 1973 estuvo detenida tres semanas en
el Estadio Víctor Jara (en ese entonces Estadio Chile) y, en 1975, dos
meses en Villa Grimaldi y un año en Tres Álamos.
Explica que la violencia hacia la mujer fue específica "especialmente en
lo que se refiere a la agresión sexual, desde el uso de las palabras, hasta
las acciones físicas. Se usaban calificaciones como: "maracas" y "putas" de
los marxistas. En el proceso de los interrogatorios, mientras me
torturaban, en varias ocasiones opinaron sobre mi ropa interior", relata.
"Habitualmente cuestionaban qué hacíamos en política, lo que mostraba su
concepción del rol que debía tener la mujer en la sociedad. Quedaba muy
claro que eras castigada por la militancia y por ser mujer", comenta Lelia.
El castigo por meterse en política fue muy fuerte. No se contuvo ni frente
a las embarazadas. Se detuvieron 229 gestantes y 11 de ellas declararon
haber sido violadas. Debido a la tortura, 20 abortaron y 15 tuvieron a sus
hijos en el presidio. Algunas incluso tuvieron hijos de sus torturadores.
El informe contiene muchos testimonios que dan cuenta de la ferocidad de
las torturas a las mujeres. Este es uno de ellos:
"Por violación de los torturadores quedé embarazada y aborté en la cárcel.
Sufrí choques eléctricos, colgamientos, submarinos, simulacro de
fusilamiento, quemadura con cigarros. Me obligaron a tomar drogas. Sufrí
violación y acoso sexual con perros. La introducción de ratas vivas por la
vagina y todo el cuerpo".
Y no termina ahí: "Me obligaron a tener relaciones sexuales con mi padre y
hermano que estaban detenidos. También a ver y escuchar las torturas de mi
hermano y mi padre. (…) Tenía 25 años. Estuve detenida hasta 1976. No tuve
ningún proceso". Ella fue apresada en la Región Metropolitana en 1974.
HAY MEMORIA PERO, ¿HAY JUSTICIA?
Ningún torturador está cumpliendo condena. Caminan libres por las grandes
alamedas, más libres que sus víctimas que viven hasta hoy acosadas por el
miedo. Algo de ese miedo, quizás, se fue con la muerte del ex dictador,
como dice Lelia:
"Ha quedado sin vida aquel que arrebató tantas existencias, ya no puede
acariciar a sus nietos ni disfrutar todo lo que la vida nos depara. Se
terminó su arrogancia, no respira el que nos obligó a contener el aliento
de tanto miedo, ¡eso hace bien!".
Sin embargo, aclara, "reafirma la derrota, porque murió sin ser condenado
por el sistema jurídico. Si bien estaban las condiciones para condenar a
Augusto Pinochet en Chile, queda en evidencia el componente político que,
al final, evitó la condena".
Aquí, la ex presa política hace una diferencia entre la justicia como valor
y la justicia como sistema o aparato judicial. "Los y las sobrevivientes
hemos caminado hacia la primera. Ante el intento de Pinochet de presentarse
como salvador de Chile, nuestros testimonios han dejado claro que es un
asesino. Ante el intento de borrar el pasado, hemos dado fuerza a la
memoria", concluye Lelia.
06/JO/GG


















































