CIMAC MEXICO

"Nos golpearon y encerraron, pero nunca nos callaron"

-- "¿Quieres al "Che" de presidente?"

Oaxaca, Oax., 19 dic 06 (CIMAC).- Mercedes tiene 47 años, Ruth cumplió 48 y
Edith 30. Las tres tienen actividades distintas. No viven cerca, hasta
antes del 25 de noviembre no sabían nada una de la otra. Hoy las tres
comparten un mismo espacio, pero no pueden hablar entre sí, lo único en
común entre ellas es que son mujeres y que las tres anhelan su libertad.

Los testimonios tomados por personal de la Liga Mexicana de Defensa de los
Derechos Humanos (Limeddh) reflejan la ausencia de justicia y un acto
arbitrario, tal y como lo denunciaron los organismos de derechos humanos
este fin de semana durante un acto donde recibieron a las 43 personas
liberadas y que, como ellas, fueron detenidas después de una "batalla"
entre simpatizantes de la APPO y elementos de la PFP.

Mercedes Cumplido Pantoja narra aún absorta que a ella la detuvieron en
Santo Domingo de Guzmán cuatro hombres con uniforme camuflados. Sobre su
cabeza y cuerpo todavía está el dolorido recuerdo de las patadas que recibió.

En su memoria guarda como una pesadilla palabras como "perra", "idiota" o
"pendeja" que le dijeron muchas veces sus captores, quienes le preguntaban
"cuántos miles de pesos te pagaron". Ella no sabía de quién estaban
hablando, quién podía haberle pagado o para qué. Confiesa que también los
policías la amenazaron de muerte.

De la calle al zócalo fue llevada casi a rastras, de ahí al penal de
Miahuatlán donde la tortura física y psicológica siguieron, según cuenta su
testimonio o la pesadilla que empezó -estima- a las nueve de la noche de
aquel sábado.

Me siento triste, narra desde algún espacio del penal de mediana seguridad
en Nayarit, a donde llegó en un avión y del que los bajaron a golpes y
gritos. Luego les pidieron que se desnudaran delante de las mujeres oficiales.

Tiembla de miedo todavía. Se ve aún pasando para firmar documentos y poner
sus huellas, posar para la foto y de ahí a una celda. Un camino largo había
empezado y no precisamente a la libertad, aunque se sabe inocente.

La noche del 25 de noviembre, al iniciar el repliegue de los simpatizantes
de la APPO y el avance de los elementos de la PFP, de manera casi
simultánea empezaron a incendiarse edificios públicos y privados, así como
un número importante de automóviles -como señalan las crónicas de los
medios. Minutos más tarde empezó la detención, empezó lo que Javier Sosa
Martínez, excarcelado este sábado describió como la noche en que por todos
los rincones de la ciudad el pueblo oaxaqueño fue perseguido.

MUY "DECENTE" PARA ANDAR EN ESTO

Ruth Cabrera Vásquez es comerciante de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Su
detención se realizó más adelante del ex convento del Carmen Alto, sobre
García Vigil, "según yo a una o dos cuadras de la calle de Quetzalcoatl".

También narra que fue golpeada en su mano izquierda, una patada en el
costado izquierdo, le jalaron los cabellos, la insultaron y la arrastraron
hacía una camioneta. "Me dijeron que ya estaba vieja para andar en
pendejadas, que no teníamos valores por destruir una ciudad tan bonita. Que
yo parecía 'decente' para andar en esas cosas".

El recuerdo de esa noche se ha grabado en su memoria. Casi paso a paso: "Me
subieron a la camioneta, éramos 11 mujeres; llegamos a El Llano, nos
tiraron al suelo y nos tomaron fotografías mientras seguían insultándonos y
amenazándonos".

De ahí nos fuimos, quién sabe a dónde, relata la comerciante tachada de
terrorista que junto con otras 11 mujeres eran insultadas, hasta llegar al
cuartel de la Policía, en Santa María Coyotepec y de ahí al penal de
Miahualtán, como supo más tarde.

La noche era fría en extremo y en un pequeño cubículo permanecieron,
siempre de pie y llena de terror, describe Ruth.

En la sala para declarar, un hombre preguntaba en tono siempre burlón por
su defensor de oficio, luego añadía: "le aconsejo que no declare". Yo
-sigue Ruth- le dije que no tenía que declarar "porque yo no había hecho
otra cosa que auxiliar con vinagre y coca cola a las personas que
intoxicaban con los gases y luego pregunté con inocencia y sarcasmo: ¿eso
es delito?"

El Ministerio Público y otro hombre le leyeron su declaración. Le dijeron
que el defensor de oficio no encontraba ninguna culpa y que la dejaban en
libertad, decían con una amplia sonrisa. Pero por las circunstancias no me
dejaba en libertad y volvieron a burlarse.

Fue hasta las 12 del día del domingo cuando les dieron de comer y las
sacaron al patio. Les permitieron comprar tarjetas telefónicas y hacer una
llamada e ir al baño.

"Yo tenía muy inflamada mi mano y tenía mucho dolor, pedí ir a la
enfermería, donde estuve una hora esperando a que me atendieran. Cuando por
fin me llamaron porque 'ya nos íbamos' sentí alegría, ¡cuál fue mi
sorpresa, nos trasladaban quién sabe a donde!"

Esposadas, con la mirada al suelo, "como una vil y sanguinaria delincuente,
sentí mucho miedo. Antes de salir del reclusorio de Miahuatlán, en un
cubículo estaban los de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH),
también ellos nos tomaron una declaración. Nos dimos cuenta que nos iban a
trasladar en avión, que no nos íbamos a casa. El hombre de la CEDH nos dijo
que era por nuestra seguridad.

El viernes 1 de diciembre nos notificaron el auto de formal prisión. El
sábado 2 nos informaron de un amparo que nos daba derecho de regresar a
Oaxaca y que sigue el proceso.

"No he hablado con ningún familiar, sé que mi esposo está allá afuera, lo
que me hace bien ¡no estoy sola! Se me acusa de sedición, quema de carros y
no sé de cuantas cosas más, cosa que yo no hice".

ALZARÉ MI VOZ

Edith Coca Soriano es bióloga, estudiante de la maestría en Ciencias en
Productividad de Agroecosistemas. Nació en el Distrito Federal y tenía 12
años de no cortarse el pelo.

Como a las otras dos mujeres, la detuvieron cerca de El Pochote, sobre la
calle de García Vigil, dos policías vestidos de azul. Uno de ellos le
golpeó la cabeza, la pateó y la arrastró mientras le gritaba. Pudo
levantarse hasta que subió a la camioneta. Los mismos policías le quitaron
su celular, su mochila, una cámara digital.

"Nos llevaron a un lugar donde tomaríamos un avión y nos dijeron que nos
iban a violar y a torturar, nos insultaron todo el camino mientras nos
llevaban a Miahuatlán, lo que descubrí es que son incultos, pues nos decían
que si queríamos que el 'Che' fuera presidente", denuncia.

"En el traslado al cuartel, un policía intento tocarme los senos pero yo
pegue los brazos a mi cuerpo. En Miahuatlán supe que no nos iban a
torturar, nos ingresaron y nos trataron bien, me dejaron sacar mi suéter de
la mochila pues hacía mucho frío y fue ahí donde me di cuenta que no estaba
mi cámara fotográfica".

El domingo por la tarde llegó la PFP y nos sacó del penal, estaban los de
la CEDH que nos entrevistaron, luego nos llevaron en helicóptero al
aeropuerto, "cuando nos subieron nos dijeron que nos iban a tirar al mar,
que íbamos a Veracruz y nos torturaron psicológicamente".

En el aeropuerto nos subieron a un avión, hacía mucho calor y les pedí un
trago de agua que nunca me dieron, me sentí a punto de desmayar. Estuvimos
mucho tiempo en el avión antes de despegar. Cuando llegamos, un señor nos
dijo que estábamos en un penal de máxima seguridad, nos revisaron,
desnudaron y luego nos tomaron fotos y huellas de las dos manos.

Edith recuerda que las llamaron de dos en dos y le cortaron el cabello. "Me
sentí muy mal, tenía el cabello debajo de las asentaderas y nos lo
mutilaron, doce años me tardó en crecer y sin más me lo cortaron", cuenta
con dolor y nostalgia.

La violencia está dentro del penal: "nos humillan cuando nos piden que nos
bajemos la pantaleta y que nos alcemos la camisola. Los guardias nos ven y
eso no me gusta, siento que es humillación. Me siento muy triste, pero
tengo mucha esperanza de que pronto salgamos".

Explica que cuatro días después de su detención supo en dónde estaba, pero
no les permitieron hacer llamadas, hasta el siguiente lunes pudo ver a su
mamá por 15 minutos y el miércoles a su esposo.

Edith relata que es acusada de sedición, daño a particulares, a moteles de
Oaxaca y a la terminal ADO. "No he hablado con ningún abogado. Le quiero
decir a la gente de afuera que nos golpearon, nos encerraron, pero nunca
nos callaron, por si hay injusticias alzaré mi voz, la cárcel ya no me da
miedo. Soy inocente".

05/SJ/GG/CV