Muñecas rotas
CLARIN
La mayoría de los travestis asume su identidad sexual antes de los
13 años. Sufren el rechazo familiar y se prostituyen para poder
vivir.
Marina Artusa
martusa@clarin. com
Se sacó el pantalón y lo dio vuelta. Difícil será encontrar mejor
metáfora para lo que, de ahí en más, sería su vida. Estaba solo. Y
mientras enhebraba con poca destreza la aguja con la que pretendía
chupar esos jeans a sus piernas delgadas, pensó que Lorena sonaba
bien. Femenino y sin estridencias, como quería. Fue así que él, un
chico esmirriado, mezcla de Burrito Ortega y Tortonese, dio su
puntada inicial como travesti. Tenía la primaria apenas cumplida y
la fantasía de, algún día, trepar a un micro y cambiar Salta por
Buenos Aires, donde sería Lorena desde el vamos.
Estaba convencido, además, de que por estos lares, adosarse a la
piel el relleno del corpiño que la naturaleza le mezquinó o endulzar
el perfil de Peretti que portan todos los varones de la familia es
tan sencillo como mentir, como decir que tiene 18 cuando en realidad
tiene 16.
"Empecé a trabajar en la calle, en Salta, pero acá se hace más plata
y yo necesito plata para cambiarme el cuerpo. Los clientes te lo
piden", dice recién llegado/a a una pensión de la calle Humberto I
donde cualquier clavo anida a una o más tangas, casi todas negras y
rojas. Allí, en la única habitación con entrepiso de este edificio a
ciegas con berretines de art decò, Cintia, un travesti que ya pasó
los 40, recibe a los expatriados de sus provincias natales en este
exilio iniciático con más gusto a infierno que a jardín de las
delicias.
Según un informe sobre la situación de la comunidad travesti en la
Argentina publicado este año bajo el título La gesta del hombre
propio, el 16 por ciento de los travestis de la Capital Federal,
algunas localidades del Gran Buenos Aires y Mar del Plata tiene
entre 13 y 21 años. El mismo estudio señala que el 73 por ciento de
los travestis que asumieron su identidad sexual antes de haber
cumplido los 13 vive de la prostitución.
"Yo no miento. Si me preguntás qué hago, te contesto: 'Soy
prostituta'. A mí lo que me interesa es la plata." Habla Paloma,
garganta con arena, cintura arqueada y plataformas de corcho.
Paloma, sólo por hoy. Fue Caricia,Salomé ,Candela, Candelaria. Se
viste de mujer desde los 12, cuando empezó a prostituírse en Orán,
Salta. Tiene 17.
"El mayor problema es que primero son travestis y luego, si tienen
suerte, son menores. Las travestis menores no transitan las etapas
de la vida de sus pares no travestis. Escuchan música infantil en un
hotel que comparten con otras travestis adultas mientras reciben la
llamada del cliente y se pintan para salir a la calle en pocas
horas –dice Josefina Fernández, antropóloga y coordinadora del
trabajo junto a Lohana Berkins, presidenta de la Asociación de Lucha
por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT)–. De aquel hogar del
que son expulsadas con apenas 12 ó 13 años llegan a un mundo de
adultos para el que ellas mismas son adultas. Si son travestis, ¿qué
importa que apenas estén saliendo de la niñez y sean tan vulnerables
como
cualquier otro niño?"
En un libro anterior –Cuerpos desobedientes. Travestismo e identidad
de género–, Fernández afirmaba que los travestis entrevistados
dijeron haberse dado cuenta de su gusto por los varones entre los 8
y los 10 años. Para Fabio Rapisardi, investigador y activista del
área Queer de la UBA, "no hay ni un dato psíquico, psicoanalítico,
psiquiátrico o biológico que pueda decir que a determinada edad las
travestis se manifiestan como travestis. La identidad travesti es
una construcción y depende de múltiples factores. La misma cantidad
de factores de los que depende la heterosexualidad. "
Lohana, la principal referente de la comunidad travesti, pisó Buenos
Aires a los 13. "Las cosas han cambiado pero las travestis menores
de edad siguen pasándola mal. Además, en América latina y en la
Argentina, en particular, las chicas asumen su identidad sexual
siendo muy chicas, diría que antes de los 13 años. Por eso abandonan
la escuela, son expulsadas de sus familias y tienen una corta
expectativa de vida –dice–. En Estados Unidos y Europa, es una
decisión que se toma más cerca de la adultez, con lo cual están
mejor preparadas." "Es cierto que en el NOA (noroeste argentino) las
travestis se asumen a una edad muy temprana. Puede tener que ver con
que allá las personas de diversidades sexuales entran a circuitos
donde la sociabilidad travesti ya preexiste como un modo de
supervivencia y como un modo de sociabilidad concreta frente a la
expulsión familiar –dice Rapisardi–. En zonas urbanas, la elección
se da en edades más avanzadas. Si vas a Córdoba, a Rosario y a
Neuquén, los otros tres lugares donde tenés fuertes poblaciones
travestis, también tenés muchas menores de edad."
SEGUNDO DE GLORIA
"La prostitución es el segundo de gloria de las travestis", dice
Lohana. Para la antropóloga Fernández, la prostitución es el único
medio disponible para sobrevivir. "Es también el único espacio
permitido para actuar el género que han elegido para el resto de sus
vidas –dice en Cuerpos desobedientes– . En este sentido, el escenario
prostibular tendrá una participación importante en la construcción
de la identidad travesti."
Rapisardi cuestiona la asociación necesaria entre travestismo y
prostitución. "Hay un discurso que dice que el erotismo travesti
pasaría por la prostitución. Eso es falso. Las travestis
construyeron alrededor de la prostitución un modo de subsistencia.
Tienen un buen sueldo que quizá no tendrían yendo a limpiar una
casa –dice–. Es que para ser una travesti, lamentablemente hay que
ser prostituta. Eso de realización y plenitud es una condición para
la subsistencia pero no una realización personal."
El itinerario de los travestis menores de edad que desembarcan en
Buenos Aires es tan esquivo como sinuoso. Cintia suele recibir por
unos días a los recién llegados que en cuestión de horas sueltan
amarras con vuelo propio. "Las menores viven en sus provincias, se
conectan con alguna referente o mai que las hace trabajar en esa
zona las puede derivar a las capitales",
dice Rapisardi.
"El pasaje de la familia a la calle se hará siguiendo una modalidad
organizativa que las travestis llaman pupilaje y que constituye una
manera de regular las relaciones entre las travestis en el ámbito de
trabajo. Es también el mecanismo a través del cual se socializa a
las más jóvenes en cuestiones relativas a la prostitución. Las
madres aconsejan a sus pupilas sobre los lugares donde pueden vivir,
dónde pueden trabajar, cómo deben hacerlo, cómo son los clientes y
cómo deben conducirse con ellos", explica Fernández.
TE ESCUCHO
"Del universo de chicos atendidos, las travestis menores de edad
representan el uno por ciento –dice María Elena Naddeo, presidenta
del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la
Ciudad de Buenos Aires–. El grupo de chicas travestis es quizás el
grupo donde más obstáculos hemos encontrado para lograr una
reinserción. En general, este grupo está atravesado por la
explotación sexual como por procesos de desintegració n familiar,
desarraigos muy fuertes, migraciones. La mayoría proviene del norte
argentino, y además son víctimas de discriminació n."
Existe un programa que asiste y acompaña a los menores que son
explotados sexualmente. Miércoles por medio, Gladys Lavieri, su
coordinadora, espera a los chicos travestis en el sexto piso de
Roque Sáenz Peña 547 con café y medialunas de manteca. La idea no es
tomar el té sino lograr que aflore lo que los angustia. "Acá no hay
necesidad de que se definan, trabajamos los matices que hay entre el
blanco y el negro, sobre la idea del 'estar siendo'. La pregunta
es: '¿Qué estás siendo hoy?'. Las ayudamos a tramitar el DNI y a que
no descuiden su salud. Hay chicas que van al médico y no las
atienden o cuando las llaman por su nombre de varón, se quedan
paralizadas y se van –cuenta–. Muchas se escapan de sus provincias
porque otras adultas les contaron que Buenos Aires es una panacea. A
veces no se animan a volver. '¿Y si me ven así?', se preguntan,
agobiadas."
Ana no es menor pero no se pierde las reuniones del Consejo. Tiene
25 y vino de Cafayate, "un pueblo de Salta donde a las 7 de la tarde
te ponen música religiosa en la radio hasta las 9, imaginate". Para
Ana, que hoy trajo el desconcierto que le provocó ver que algunas de
sus compañeras del bachillerato para adultos no se dieron cuenta de
que es travesti, la reunión de los miércoles "es como un grupo de
autoayuda. Acá hablamos de lo que nos pasa con la policía, que a
veces te para sólo por portación de cara. Yo soy promotora de salud
de la Fundación Buenos Aires Sida y a veces no me dejan repartir los
preservativos que les doy a las travestis que están por la calle.
Acá saben que si no aparezco, estoy en la fiscalía".
"El artículo 81 del Código Contravencional sanciona la oferta y
demanda de sexo en los espacios públicos. A las travestis menores no
se las puede penalizar, pero igual se las llevan. Son la oferta.
¿Por qué no hay detenidos en la demanda?", se pregunta
Lavieri. "Tenemos una fuerte discusión con los fiscales y la
policía –reconoce Naddeo, la presidenta del Consejo–. Les hemos
dicho que tienen que detener a los clientes. Es cierto que a veces
ellos mismos terminan siendo clientes."
De madrugada y regándose el aliento con una petaca de anís, Paloma
se vuelve más histérica y verborrágica que nunca. Dice que la cana
sabe que es menor pero no le hace nada: "El día que llegué, salí a
trabajar y caí presa. Al otro día, también y así, tres días
seguidos. Pero ahora los saludo y todo. Algunos son clientes, otros
son amigos. Yo soy de terror con los policías. Me pongo a charlar,
les hago bromas, les digo: '¿Cuándo vamos al hotel?' Ya sé cómo
desenvolverme. No tengo miedo."
En la habitación que comparte con otro travesti en el hotel de
Humberto I –según ellos, por $650 al mes–, una cama de plaza y media
lagañosa y mal estirada da cuenta de que allí no hay horario para el
sueño. La ropa entra y sale de un bolso acodado en una silla y hay
un espejo donde Paloma arrastra el labial por fuera del contorno de
su boca. Sobre la repisa hay un balde de champán, un dvd
desconectado y un Rexona Hombre en aerosol, bastión del cromosoma xy
que le daría la razón a quienes sostienen que no se nace mujer, sino
que se llega a serlo.
http://www.clarin. com/diario/ 2006/12/17/ sociedad/ s-01329266. htm



















































Antonio Alviárez dijo
Una pena estas chicas la pasan mal. Saludos Beatriz siempre tan luchadora
20 Diciembre 2006 | 10:47 AM