La que ganó fui yo
Artemisa Noticias
Por Marcela Espíndola | 18.12.2006
Sus revelaciones sobre los crímenes de la dictadura chilena sirvieron para llevar ante los tribunales al extinto dictador Augusto Pinochet, y a varios de sus funcionarios. Mónica González fue la primera mujer homenajeada por la Fundación Nuevo Periodismo este año como una de las más importantes periodistas de investigación del continente. Hoy le preocupa que la vulneración de los derechos humanos de los pobres no sea un tema de agenda de los medios y de los gobiernos.
“Yo no quise que Pinochet me ganara la partida. Y aquí estoy” dice Mónica González, la periodista chilena que le ganó a la muerte y a la dictadura con la primera herramienta del periodismo: la verdad. Es internacionalmente reconocida por ser la periodista de investigación más importante de Chile, una de las más destacadas de América Latina, y por haber aportado sus trabajos como documentos para procesar a algunos de los personajes más nefastos de los años de la dictadura.
Si bien ella confiesa que el periodismo no le apasionó desde el principio, reconoce que su misión era provocar cambios en su país y que si “el periodismo era eso, era eso”. En 1983 investigó sobre la casa que estaba construyendo Pinochet en los suburbios y salió un artículo que causó un gran escándalo. Tal fue el impacto, que tuvo que mandar a sus hijas a Francia. Después de ese gran dolor, la periodista se dedicó a develar las verdades ocultas del gobierno militar en cuanto medio trabajó.
González dijo 'la dictadura saca lo peor y lo mejor de nosotros, soy una privilegiada porque a pesar de haber sido encarcelada y torturada por la gente de Augusto Pinochet sobreviví a la dictadura”. Y es así, cuando una la ve con su sonrisa intacta parece que no hubiera sufrido, como si nunca nadie la hubiera lastimado. Sus colegas le dicen la 'máquina de buscar la verdad' (por haber vencido a la 'máquina de la muerte') y parece que está lejos de apagarse.
El periodismo, la ética y los derechos humanos hoy
La periodista chilena vino para hablar de lo que sabe, la ética periodística y los derechos humanos, en el marco del Primer Congreso Argentino de Etica Periodística organizado por el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA).
“La ética hoy se ha puesto de moda – dice- la ponemos en el centro. ¿Por qué? - se pregunta -, porque estamos en una encrucijada grave. O hacemos un giro en el periodismo, y cuando digo periodismo, digo todos los que giran alrededor de él, oyentes, lectores, auditores; o vamos a una consecuencia grave. Y en esto las consecuencias son más perniciosas, porque son silenciosas. Pero esto es un problema en Argentina, en Chile y en muchos otros países”.
“Esta es una profesión que ha caído en un gran desprestigio. La falta de ética, la asfixia de la publicidad oficial o privada, la inmovilidad de la sociedad civil, son las causas de este descrédito. La ética es crucial y nos compete a muchos. Mi patrimonio y mi privilegio es haber hecho de los derechos humanos un motor de mi profesión” dice González. En este sentido, afirma que nuestro país tiene un triunfo y un orgullo en sus manos y que quizás no se ha reivindicado como debiera: prestigiosos periodistas que han trascendido las fronteras investigando sobre lo que sucedió en los años de la dictadura militar.
Y selecciona tres: “Horacio Verbistky, que cumplió un papel importantísimo con sus investigaciones, y la verdad que aportó para los juicios de los represores; Magdalena Ruiz Guiñazú, que aportó con su voz la verdad sobre lo que pasó; y María Seoane, con sus grandes trabajos de investigación. Todos ellos comparten el rigor de investigar, más allá de las posiciones personales o de las ideologías. Porque cuando uno está frente a un micrófono, o una computadora o una cámara, el esfuerzo que debemos hacer por la credibilidad y el prestigio, es trascender a las ideologías y contar las historias avaladas en la verdad”.
Un gran esfuerzo de las plumas
Después de las noticias de la última semana en el país trasandino –a raíz de la muerte de Pinochet-, las palabras pronunciadas por la periodista Mónica González plantean nuevas esperanzas y desafíos, sobre todo para ejercer el periodismo en países jóvenes en democracia.
“Hoy existe una ética frente a los pobres y a los ricos. ¿Qué quiero decir? La niña abusada de un barrio pobre es mostrada en la televisión, por poco con las vendas entre las piernas; en cambio la niña rica generalmente no se conoce de qué familia viene y el juicio a sus violadores acontece a puertas cerradas. Los pobres no tienen intimidad, sus camas, sus miserias, sus mierdas son públicas y cuando más públicas son, mas rating tenemos. Eso es asqueroso” – reniega - La orden es `hazlo pedazos`. ¿Hasta cuándo aceptamos esto? ¿Hasta cuándo trapeamos a nuestros pobres? Hasta cuando nos convertimos en mercaderes de la información y de las emociones?. Si dejamos que la farándula sea el periodismo, entonces el ciudadano no tendrá mapas que lo ayuden a vivir. Porque nuestra obligación es `hacer mapas`, para que nuestra gente pueda entender por qué rutas camina tranquila, en qué empresa se puede confiar, etc, y dónde están los caminos por donde los sueños transitan”.
Cuando habla de derechos humanos, no solo hace alusión a los periodistas sino a todos los que pelean por el respeto a la vida y plantea “si creemos que escribir sobre derechos humanos es hablar del trabajo que hicimos para salvar vidas durante la dictadura, estamos equivocados. Nuestra gran deuda pendiente son los derechos humanos de hoy, porque si bien la tarea primera era salvar vidas durante la dictadura para hacer mas vivibles nuestros países, hoy ya no lo es. No es posible que sigamos hablando de esto, si nuestros niños siguen siendo mercancía de prostitución, esto no es problema solo de la policía, de la seguridad, sino de todos”.
Avergonzada cuenta que cuando hace unos años se descubrió en Chile una megaorganización que se dedicaba a prostituir niños de escasos recursos no se lo perdonó. “Yo que pasaba todos los días por esa esquina, y que me creía una mujer sensible, no ví la angustia en los ojos de esos niños, llenos de dolor y de abandono” se emociona. Entonces investigué durante meses y meses esas redes y dije `no puede ser que en nombre de los derechos humanos también nos convertimos en insensibles`. No puede ser que si hicimos lo que hicimos durante la dictadura, hoy haya millones de hombres y de mujeres que no saben lo que es hacer el amor, porque no tienen las condiciones mínimas de intimidad para acariciarse, para besarse, para tener placer que también es un derecho humano.”
“¿Por qué ese derecho no está en ningún programa de gobierno progresista?”. Y se sigue preguntando: “las torturas diarias de nuestras cárceles también son violaciones a los derechos humanos ¿pero como no son presos políticos ya no nos importan? Si no recuperamos la dignidad y la ética no somos nosotros los que estamos perdidos, sino los ciudadanos los que no van a tener los mapas, y si eso es así, vendrá la pérdida de la libertad y del derecho al placer. La base de la no violencia son las condiciones necesarias mínimas para amarse, por eso debemos luchar todos”.
El convite quedó planteado. Está en nosotras.


















































