La Coctelera

Blog de Beatriz Garrido

MUJERES EN LA BLOGOSFERA

17 Diciembre 2006

Mal, pero acostumbradas

PÁGINA12

Las/12|Viernes, 15 de Diciembre de 2006
Arte

Interzona acaba de editar La Normalidad, un libro que reúne las obras que
este año se presentaron en el Palais de Glace como culminación del proyecto
Ex Argentina, dedicado a investigación, intercambio y aprendizaje de
artistas nacionales y alemanes que trabajaron en torno de la crisis
argentina y esa forma que tienen aun los dolores más agudos de integrarse en
el paisaje cotidiano de la realidad de este país.

Por Moira Soto

Si La Normalidad se sale de los cánones más o menos habituales del libro o
del catálogo de arte es porque refleja, en imágenes y en texto, la
provocativa muestra del mismo título que pudo apreciarse entre febrero y
marzo de este año en el Palais de Glace. Culminación de Ex Argentina, dice
en el prólogo Gabriela Massuh, directora de la programación cultural del
Instituto Goethe de Buenos Aires y responsable de este proceso creativo
desarrollado a lo largo de cuatro años que "nació como un diálogo bilateral,
por eso los textos hacen mayor referencia a las realidades de Alemania y la
Argentina".
Los curadores de esta muestra, nacida de un trabajo de investigación entre
artistas e intelectuales nacionales y europeos y que propuso tomar el país
como ejemplo emblemático de los efectos del capitalismo mundial para correr
las fronteras entre arte y política, fueron los artistas alemanes Alice
Creischer y Andreas Siekman, la chilena Loreto Garín Guzmán y los argentinos
Fedrico Zukerfeld y Eduardo Molinari. La coordinación estuvo a cargo de la
fotógrafa Sol Arrese y la muestra contó con amplia participación de artistas
mujeres -incluidas las que hicieron la curatoría, quienes también
presentaron obra- como Sonia Abian (creadora, junto el músico y periodista
Carlos Piégari, de la extraordinaria instalación audiovisual
Supermarketgate), Graciela Paredes (escritora y trabajadora en un call
center, quien reprodujo su ámbito y condiciones laborales con la
contribución de la austríaca Linda Bilda, autora de los cómics colgados en
ese espacio, cuyos textos pertenecen a Paredes), Azul Blaseotto, Gabriela
Bocchi, Carolina Golder, Ana Claudia García, Lucila Quieto, Minze
Tumescheit, Graciela Carnevale. Entre los hombres, expusieron Matthjis de
Bruijne, León Ferrari, Pedro Hasperué, Hugo Pereyra, Jürgen Stollhans.
La alemana Alice Creischer trabajó con y sobre las obreras de la textil
recuperada brukman después de haber compartido
La chilena Loreto Garín Guzmán decidió venirse a vivir a Buenos Aires a los
19: "Todavía ésta era una ciudad, en 1998, donde lo público era muy
accesible, por la calle podías conocer gente. Me dieron un cupo en la
Universidad de La Plata. Fui y me encantó el clima politizado, las
discusiones, las asambleas, cosas que en Chile no existen. Necesitaba una
etapa de estudiante con ese grado de participación, de socialización".
Ni corta ni perezosa, al mes y medio de estar acá participó en la formación
del grupo Etcétera, gente muy joven enganchada con el surrealismo, que se
lanza a buscar una casa: "Lo increíble es que llegamos justo a una imprenta
abandonada en ese momento, del poeta surrealista Juan Andralis. Para
nosotros fue lo máximo, imaginate, estar ahí viendo los manifiestos, textos
de Artaud sin encuadernar, fue como entrar a la casita de muñecas. Nos
quedamos cuatro años, con permiso del hijo de Juan, nos pareció el espacio
ideal para una central de experimentación. Eramos muy chicos, anárquicos.
Construimos un teatro en la sala de encuadernación, armamos lo que quedaba
de la biblioteca. En un momento, estuvo la comisión de Escrache de
H.I.J.O.S. funcionando allí, se preparaban elementos para las marchas. Para
nosotros fue muy marcadora la conexión directa con el surrealismo, descubrir
la relación entre arte y vida real. También fue importante el trabajo con
H.I.J.O.S. y con el Grupo de Arte Callejero (GAC). Era una forma bastante
nueva de hacer política, otra manera de abordar el tema de los derechos
humanos, de incorporar temas como la ecología, el género, las nuevas
familias".
Puesta de la internacional errorista, un grupo de activistas y artistas de
diversos paises que también integran quienes formaron etcétera.
En La Normalidad, ustedes actúan como integrantes de Etcétera, pero también
de la Internacional Errorista.
-Sí, Etcétera permanece, aunque ha tenido cambios a lo largo del tiempo:
ahora lo integramos siete. Y creamos la Internacional Errorista con una idea
más de movimiento, ahora estamos trabajando con gente de Francia, Italia,
Chile, somos alrededor de veinte y por supuesto no hacemos diferencia entre
hombres y mujeres, aunque el tema del machismo sigue vigente en el mundo. En
la muestra Ex Argentina, el año pasado, era evidente cómo, para las
entrevistas en general, se elegía a los hombres, y entre ellos, al mayor o
de más trayectoria, al que representaba más poder. Un día vino un curador de
la bienal de San Pablo, alemán, para hacer un recorrido. Llegamos con Sol
Arrese, la fotógrafa que hizo las imágenes de la UTD de Moscón, Gabriela
Massuh. Estuvimos hora y media tratando de hacerle el recorrido, y este
sujeto no escuchaba. Cuando aparecen Eduardo Molinari y Federico Zukerfeld
cambió de actitud y prestó atención. De los integrantes de la pareja de
artistas alemanes que curó la muestra, él solo habló con Andreas Siekman:
Alice Creischer quedó apenas como la mujer del curador. Es algo que pasa en
todas partes, mucha gente termina acostumbrándose y reproduciendo ese modelo
con frecuencia.
Entre tus trabajos como artista visual, te hiciste notar con el póster del
Niño Hambre.
-Mi temática personal tiene que ver con la infancia y la alimentación. Esa
primera intervención masiva fue en 2003 y esa imagen del niño tirado hablaba
de la normalización de una parte de la infancia desaparecida en una ciudad
que tiene tanta polución visual, una cosa bastante perversa. En 2001
empiezan a aparecer las gigantografías de campañas políticas, cremas,
grandes culos y a la vez Buenos Aires está cada vez más habitada por estos
sujetos invisibles, la gente sin techo, y lo más loco es que duermen al pie
de estos carteles. Intervine distintos barrios con la imagen de ese niño que
mostraba los estragos del hambre, quizá dormido, quizá muerto, atravesado en
diagonal en el piso. Ahora estoy trabajando sobre la invisibilidad de la
reproducción de la violencia, con niños de la calle, algunos ya convertidos
en jóvenes, trabajando en el subte, prostituyéndose. Mi idea es hacer todo
el tránsito de la línea B, la más terrible.
Supermarketgate, de Sonia abian, una instalación que tomó la historia de
Romina Tejerina más allá de la anécdota.
Seguiste paso a paso el curso del proyecto La Normalidad, que ahora culmina
con el libro en las librerías, en una edición de Interzona muy cuidada.
-Todo empezó en 2003, cuando Alice y Andreas vinieron a Buenos Aires y se
quedaron viviendo casi un año, algo inusual para un proyecto de arte. Fue
una decisión muy política, muy ideológica de ellos: habitar el lugar,
conocerlo lo mejor posible. Ellos venían con ganas de comprobar qué había
pasado después del 20 de diciembre, de ir a las marchas, asistir a las
asambleas. Conocieron al Grupo de Arte Callejero que los llevó a esos
lugares, y se encontraron con nosotros cuando hacíamos una intervención en
Florida. Entonces, durante casi un año se genera un debate muy fuerte, muy
rico, con todos los participantes. En la primera parte hubo un coloquio en
Berlín, con 50 ponencias, abierto al público, donde se abordaron los cuatro
ejes centrales sobre los que se estaba trabajando: cartografía,
investigación militante, la negación, la narración política. En mayo de
2005, Alice y Andreas plantean que es injusto no traer la muestra Ex
Argentina acá. Nos proponen hablar del estado de normalización, muy en boga
en Alemania. Nuestra idea era que se podía abordar la normalización pero no
como un proceso cerrado. Alice y Andreas nos pidieron que se armara un grupo
para hacer la curatoría local. Se avisó a todo el mundo para que cada
artista contara su proyecto, y decidimos que fuera en un lugar público como
el Palais de Glace.
La obra de León Ferrari, activo militante del arte que expresamente incluye
un pronunciamiento político, no podía faltar en la muestra.
¿Estás de acuerdo en que una de las obras más originales y genuinamente
transgresoras es la de Sonia Abián, Supermarketgate, que traza un paralelo
entre la Anunciación de la Virgen y la violación de Romina Tejerina?
-En principio, habíamos pensado no presentar instalaciones, pero el proyecto
de Sonia nos rompió la cabeza. Además, nos pareció muy interesante la
relación con el trabajo anterior de ella, que estaba en la planta baja,
sobre los punteros políticos en Misiones. Ella no trata el tema de Tejerina
de manera anecdótica sino a través de la metáfora, en un espacio que habla
del saqueo, que critica las jerarquías, el lugar de poder, el consumo. En
ese supermercado saqueado donde todo es gris, los productos de la canasta
familiar sin marca forman como dos alas de ángel, pero de un ángel
deconstruido. Luego aparece esta imagen contrastada de una chica muy pop que
está cortándoles las alas a todos los ángeles de pinturas de inspiración
bíblica. Sonia apela a la raíz de esta tragedia: ser mujer en situación de
precariedad, la mayor indefensión.
Por su lado, Alice Creischer trabajó a la par de las obreras de Brukman, les
dio ese protagonismo, un gesto político muy fuerte y democrático.
-Ella estuvo acá cuando fue el desalojo de la fábrica, estuvo en las
marchas, se comió los gases. Para Alice tuvo un impacto especial, porque
como artista trabajó mucho tiempo con el tema de los textiles; por otra
parte es un tema histórico de la cultura femenina. Aunque no pensaba hacer
obra, quería apoyar a Brukman desde el proyecto. A partir del diálogo con
las trabajadoras, Alice decidió trabajar con la historia de la toma y el
desalojo. Esa obra la hace con varias obreras que le van narrando los
hechos, va imaginando algunos gráficos, ideas para intervenir los trajes
cuyo armado hacen las obreras. Fue muy bueno el desempeño de equipo, y debo
decirte que yo, personalmente, no creo que el arte político pierda su
capacidad de protesta cuando entra al museo, a la galería. En el caso de La
Normalidad, además de demostrar capacidad para organizarnos, tuvimos la
respuesta del público que se apropió del espacio.

__._,_.___
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