CIMAC MEXICO

Testimonio de una vida con violencia

*Por Ämbar

México, D.F, 7 dic 06 (CIMAC).-Carmen, mi abuela materna fue una mujer que
nació con daño neurológico. Padecía dislalia y dislexia. Decía darrio por
radio, y palabras largas como electricidad, eran imposibles de pronunciar
para ella. Su familia nunca supo que se trataba de una enfermedad. Siempre
fue Carmen la tonta, la bruta, la buena para nada.

Quedó huérfana de madre y padre a los dos meses de edad. Su
madre, mi bisabuela Isabel la estaba amamantando cuando llegó alguien a
decirle que su marido le ponía el cuerno. Que si quería verlo, que fuera
a cierta calle y que ahí lo encontraría muy acaramelado con la otra
mujer. Mi bisabuela aventó a su hija Carmen y salió corriendo desesperada,
a cerciorarse de que lo que le habían dicho era verdad.

Pasaron las horas e Isabel no regresó. Era un día frío y lluvioso.
Finalmente salieron a buscarla. La encontraron tirada en la calle y
ardiendo en fiebre. Estaba inconsciente. Llamaron a un médico. Era
demasiado tarde. Isabel murió de neumonía fulminante.

Carmen de dos meses y su hermano Juan de seis años, quedaron al cuidado
de su tía María Olivares, esposa de Felipe Nicoletti, hermano de Isabel.
María amamantó a Carmen, pues ella también tenía un hijo más o menos de
la misma edad: Alberto.

Al morir Isabel, su marido desapareció y se olvido de sus dos hijos.
A Carmen la obligaban a hacer los oficios de sirvienta. Lavaba la ropa de
sus primos y tíos, guisaba, planchaba, hacía los quehaceres domésticos a
cambio de la hospitalidad que le brindaban sus tíos.
Un día la mandaron a comprar guachinango. Después de tres horas regresó con
las manos vacías.

-¿Y el pescado, Carmen?

-Pues no lo traje porque no había guachinango, sólo había robado.
No lo compré porque era robado.

Recibió una golpiza por tonta, por bruta, y la regresaron a comprar el robalo.

Carmen nunca aprendió a leer. En aquella época, finales del siglo XIX, era
raro que una mujer fuera a la escuela. Los padres decían: ¿Para qué?, si
las mujeres para lo único que sirven es para parir hijos, lavar, planchar y
hacer frijoles.

Y en el caso de mi abuela, había una doble justificación, según sus
tíos, para no enviarla a estudiar. ¿Para qué iban a tirar a la basura su
dinero enviando a esa escuincla tonta y bruta a la escuela? Ella sólo
servía como bestia de trabajo.

Así transcurrió la vida de mi abuela. Realizando los trabajos domésticos
más pesados de la mañana a la noche. Maltratada, golpeada y mal alimentada.

En casa de sus tíos Felipe y María también vivían sus primos Alberto,
Felipe hijo, Silviano, Agustín, Isabel, Elena, Camila, Guadalupe, Teresa,
y su hermano Juan.

Pues resultó que un día Carmen la tonta, la bruta, la mensa, la buena para
nada, sin salir a la calle más que para hacer las compras de la comida, sin
que le conocieran novio, y sin haberse casado, resultó embarazada por
segunda vez a los treinta y cinco años. Su primera hija de padre
desconocido, había muerto a los dos meses de nacida.

Nadie supo cómo, cuando, ni de quien había resultado preñada en esta
ocasión. La medio mataron a golpes, amenazaron, insultaron, diciéndole que
además de bruta era una puta y una ofrecida. Carmen nunca reveló quien era
el padre de su hija.

Los golpes, amenazas e insultos no cesaron. Carmen finalmente dio una
respuesta.

-¿Quién es el padre de tu hija?

-Un tal Pepe.

-¿Cómo se apellida el dichoso Pepe.

-No sé.

-¿Dónde lo conociste?

-No me acuerdo.

De ahí nunca la sacaron. Repudiaron a su hija. Fue Isabel la bastarda, hija
de Carmen la tonta, la bruta, la buena para nada, la piruja.

La niña tenía la piel blanca como su madre y ojos enormes color miel.
Detalle que fue tomado como otra prueba de su bastardía, pues los
familiares de mi abuela tenían ojos azules o verdes.

La niña Isabel, quien treinta y cinco años después sería mi madre, vivió
desde pequeña con su tía del mismo nombre. Todo mundo las conocía como Doña
Chabela y Chica Chabela. Ambas vivieron en el Puerto de Veracruz.

Chica Chabela conoció a Alberto como su tío, pues era hermano de Isabel.
Siempre le decía la flaca. Lejano afectivamente con ella, cuando la veía,
sólo le acariciaba ligeramente la barbilla y le decía: Quihúbole Flaca.

Chica Chabela recordaba que cuando tenía seis años, un día llegó su tío
Alberto. La llamó, le puso las manos sobre sus hombros y la miró a los ojos
largamente. Después la abrazó diciéndole hija. Cuando la soltó, él tenía
lágrimas en los ojos. Sin decir nada, salió rápidamente de casa de su hermana.

Alberto visitó nuevamente a su hermana Isabel. Hablaron largamente. Al
final, él abrazó con fuerza a Chica Chabela y desapareció.

Para ese entonces Alberto ya estaba casado y era padre de seis hijos. Cinco
varones y una mujer. Era ebanista y dueño de una maderería. Vivía en la
ciudad de México.

Pocos meses después de esa última visita, se incendió la maderería de
Alberto. Al ver perdido su patrimonio se desquició mentalmente. Juan, el
hermano de Carmen recluyó a Alberto en la Castañeda, hospital psiquiátrico
de la época porfirista que estaba ubicado en lo que hoy es la Unidad
Habitacional Lomas de Plateros.

Dicen que no perdió la razón. Fue una alteración momentánea al ver que su
patrimonio era consumido por el fuego. En un instante de lucidez se suicidó
ahorcándose con una sábana en el hospital.

Su muerte fue un duro golpe para la familia. Era el primogénito. ¿Quién iba
a hacerse cargo de la viuda y de sus seis hijos.

Las malas lenguas dijeron que el incendió fue provocado por su
primo Juan, como venganza por los malos tratos propinados a él y a su
hermana Carmen.

Cuando murió Alberto, Chica Chabela tenía siete años. No pudo asistir al
funeral del tío por la distancia, pues ella y su tía vivían en Veracruz y
él en la capital.

Algunos meses después de la muerte, la tía Isabel habló con su sobrina y le
dijo:

-Hija, tengo que decirte una cosa. ¿Recuerdas a tu tío Alberto?

-Sí.

-Pues fíjate que no era tu tío. Bueno, era tu tío, pero también era tu
padre. ¿Recuerdas la última vez que vino a vernos?

-Sí.

-Pues entonces me confesó que él fue quien te engendró. Que en un momento
de locura había abusado de Carmen, tu mamá, y que te reconocía como su
hija. Y me pidió que te cuidara como si fueras mi propia hija, pues tu
madre es incapaz de hacerse cargo de ti.

Así fue como, cuarenta y dos años después, se supo quien fue el padre de
la hija de Carmen la tonta, la bruta, la buena para nada, la puta.

* La autora creció en México con violencia gracias a la Literatura fue
cerrando sus heridas
06/A/CV