La Coctelera

Blog de Beatriz Garrido

MUJERES EN LA BLOGOSFERA

27 Noviembre 2006

Las batallas de Lohana

el arco iris en el cielo rojo y la libertad de Pepo

Diálogo de Claudia Korol con Lohana Berkins

Después de transcurridos cuatro años desde que se presentó el pedido
de personería jurídica de ALITT (Asociación de Lucha por la Identidad
Travesti y Transexual), y que ese pedido fuera varias veces negado,
primero por la Inspección General de Justicia y luego por la sala K de
la Cámara Civil, la Corte Suprema falló favorablemente, considerando
que negar la personería jurídica a travestis y transexuales es un acto
discriminatorio.
En esta charla, dialogamos con Lohana Berkins, presidenta de ALITT,
sobre el significado del fallo, y sobre el desafío cultural que
propone la batalla de ALITT por la identidad y por la ciudadanía
travesti, en una sociedad atravesada por una cultura hegemónica
patriarcal, burguesa y violenta.

Lohana: Para nosotras es muy importante el hecho de que la Corte
Suprema, una institución que pertenece al Estado, empiece a reconocer
los derechos de las personas travestis y transexuales. Digo esto
porque uno de los puntos que quisieron negociar todo el tiempo, era
que quitáramos el nombre de travesti de la organización, que
pusiéramos un nombre de fantasía. Y lo más importante era el objeto
social, en el artículo dos, en el que nosotras decíamos que íbamos a
exigir que el Estado y la sociedad reconozcan al travestismo como una
identidad propia. Este paso es realmente histórico, porque el fallo
salió en esos términos. No salió la designación médica de "son
transexuales". No, dice "travestis". De alguna manera se ha legitimado
la terminología travesti en términos políticos, que nosotras venimos
planteando. La Corte contesta también cómo fue de insultante y
discriminatorio al fallo anterior que para negarnos la personería,
usaron el argumento del bien común. La razón para negar previamente la
personería se fundamentaba en que la organización no contribuía al
bien común de la sociedad. Menos el travestismo. Nosotras planteamos,
como objetivos de nuestra asociación que el Estado y la sociedad
reconozcan al travestismo como una identidad propia, y aclaramos cómo
íbamos a lograr esto. A través de campañas, implementando nuestro
proyecto vertebral de la organización que es "ir construyendo la
ciudadanía travesti y transexual". Los ejes de esa campaña son el
derecho a la educación, a la salud, a la vivienda y al trabajo.
Eso es lo que nosotras habíamos argumentado. Lo que ellos nos dijeron
es que no era necesario que nos organicemos y pidamos eso, porque la
Constitución ya amparaba estos derechos. Nosotros les respondimos que
la Constitución sí los contemplaba declamativamente, pero que
concretamente a nosotras se nos ponían un montón de trabas
burocráticas para acceder a esos derechos. Ellos decían que estaba
bien que nosotras existamos de hecho, pero que el Estado no tenía por
qué reconocernos de derecho. Nosotras insistimos que sí nos tenían que
reconocer, y con esos objetivos.
El proceso duró cuatro años. Los papeles fueron presentados en la
Inspección General de Justicia el 22 de abril del 2002, después de la
efervescencia, de la caída de un presidente. Estaba Duhalde cuando lo
presentamos. En ese momento había un funcionario de la Inspección
General de Justicia que era de Duhalde. Cuando hacemos la apelación ya
había otro puesto por Kirchner, y dice lo mismo. Ahí apelamos a la
Sala K, que sostiene los dichos de la Inspección de que no
contribuíamos al bien común, y así lo elevamos a la Corte Suprema en
el año 2004. Esto es fundamental, porque abre las puertas a un debate
mucho más profundo sobre los derechos de travestis y transexuales.
Nosotros argumentamos también la necesidad de que respetaran los
tratados internacionales de derechos políticos y civiles que había
firmado Argentina a nivel internacional. La Sala K lo que nos dice es
que el Estado no tiene por qué reconocer esos derechos. La Corte dice
ahora que están violando esos tratados, y que es tremendamente
insultante que usen el bien común para negar al derecho.

Claudia: Muchas compañeras travestis, y vos personalmente, han venido
luchando durante muchos años por el reconocimiento de sus derechos y
de su identidad. ¿qué significa para ustedes como comunidad, y para
vos en lo personal, este momento de la batalla por la identidad y la
ciudadanía travesti en términos culturales?

Lohana: Primero en lo personal, ésta es una lucha que por momentos se
vuelve solitaria, difícil. Por ejemplo, cuando nosotras logramos hacer
entender la importancia de la defensa de la identidad, salió parte de
la Academia a decir que ya era "demodée" seguir defendiendo la
identidad. Nosotras dijimos que no, que para nosotras es sumamente
sustancial el tema de la identidad, porque nos da una posibilidad muy
amplia para trabajar desde la propia subjetividad. Porque si no el
travestismo queda como algo aislado. Como si se pensara que nosotras
venimos de "travestilandia", y nada. No solo tenemos que decirnos,
definirnos, sino construirnos como todo un mundo.

Claudia: Estas críticas a las políticas de identidad, que las definen
como algo superado, muchas veces no consideran que la mayoría de las
personas, por lo general, no llegaron a reconocer y menos a asumir las
múltiples identidades que nos van constituyendo. Sobre todo cuando
hablamos de las identidades de género no hegemónicas. Hoy existen
enormes barreras para que cada cual pueda asumirse por fuera de la
norma heterosexual, y para que la sociedad pueda también convivir con
esa diversidad de identidades. Tal vez darlo por superado, sea una
manera de anticipar otros momentos posibles, pero es un enfoque
todavía muy restringido a un pequeño sector de la Academia. Sería
interesante que existiera la mayor flexibilidad y el mayor respeto por
los tiempos de los distintos grupos y personas, de manera de no
contraponer los diferentes procesos por los que se puede estar
atravesando en el camino de batallar por nuestras emancipaciones.

Lohana: Acá hay dos cosas que yo separo. Una cuestión es lo que a mí
me gusta. Yo debato y genero, y juego a hacerme la "intelectual
popular", que recapacita y reflexiona sobre sí misma. En ese punto, yo
le respondo a la Academia que para mí no es un tema que ya esté
superado. Porque la idea en sí misma puede haber alcanzado cierto
desarrollo en el que esos sectores de la intelectualidad consideren
que ya está suficientemente debatido, y que les hayan dado las
suficientes vueltas como para entender que esos debates ya quedaron
atrás y que habría que debatir otras cosas. Que los enfoques de
identidad resultan ya insustanciales. Pero acá hay algo que quiero
señalar. Una cosa es lo que podemos debatir como intelectuales, y otra
es cómo eso se vive en los movimientos populares, o si esto permeó a
quienes realmente viven cotidianamente en esa realidad. Yo nunca puedo
apartarme en lo que en términos personales digo, como Lohana Berkins,
de la situación de la mayoría de las compañeras.
Es lo mismo que sucede, para darte otro ejemplo, con las compañeras de
AMMAR, con quienes comparto mucho. Si vos les quitás esa definición
identitaria, como mujeres en situación de prostitución, les quitás
mucho. Es un retroceso. Esto fue muy evidente, por ejemplo, cuando se
hizo la muestra "Ninguna mujer nace para puta", y muchas de ellas se
sintieron ofendidas. En términos teóricos y contestatarios, esa frase
está maravillosamente bien, yo la adoro y la celebro, desde un cierto
lugar de comodidad. Pero si ha lastimado a quienes suponen que
deberían encarnar esa posición, ahí hay que ver un síntoma que nos
obliga a reconocer que hay cuestiones que todavía no han sido
superadas.
Lo mismo pasa con las travestis. Yo no puedo sentarme ahora a
decirles: "ya no somos travestis, chicas", cuando recién después de
tantos años estamos logrando calar esta cuestión de la identidad, y lo
vemos en cuestiones prácticas, como por ejemplo salir a la calle sin
tanta pintura, mostrar si tienen barba, aceptar su propio cuerpo.
Incluso cuestionar ese abuso que se hace del cuerpo, de someterlo a
cirujías. Cuando esto empieza a avanzar, de manera incipiente, no
podemos salir ahora a decir que ya está superado. Todavía la identidad
en términos concretos, de sectores populares y de sectores que
encarnamos esa lucha, es una herramienta válida.
Pero además, es una mentira creer que la identidad sólo refuerza una
cuestión monolítica. Nosotras lo que hacemos a través de la identidad,
es apropiarnos de esa cuestión, y desde ahí develar las desventajas,
las opresiones, las desigualdades en que vivimos.

Claudia: Éste es un debate que interpela también la teoría política,
en cuanto a quién es el sujeto que construye la palabra que nos nombra
y a veces que nos define. Si vamos a aceptar que nos nombren desde la
Academia, o desde algún otro lugar hegemónico de la creación cultural,
o si son los sujetos colectivos quienes se van nombrando, a partir de
sus prácticas sociales, y de la reflexión sobre las mismas.

Lohana: Totalmente, en eso tenemos que ser muy cuidadosas, porque si
el movimiento en sí mismo, si las sujetas o los nuevos sujetos, cada
vez más complejizados en la realidad concreta, todavía sienten que no
pueden abandonar ese lugar de certeza, ese escalón alcanzado, hay que
ser respetuosas con ese sentido. También hay que cuestionar cuando se
avanza, en función de qué se avanza también.

Claudia: Otro aspecto que es necesario considerar es cuál es la mirada
de la sociedad hacia las distintas expresiones de disidencia sexual, y
en especial en relación a las travestis. A mí me da la impresión de
que algunos de estos debates que estamos comentando, si bien son muy
interesantes, empiezan a alejarse mucho de las vivencias de diversas
subjetividades que hay en nuestra sociedad, y ahí se corre el riesgo
una vez más, de volverse un debate para muy pocos.

Lohana: Una cuestión que tenemos analizar, es qué es lo que se ha
obtenido realmente dentro de la sociedad. A mí me parece que nosotras
podemos estar instaladas como sujetas políticas, en varios espacios se
nos reconoce. La Corte Suprema nos acaba de dar la personería
jurídica. Hemos ganado visibilidad. Pero lo que aquí hay que ver es
que esos cambios son lentos. En términos concretos y cotidianos,
nosotras no hemos modificado muchas cosas como comunidad en general.
Tenemos excepciones y situaciones concretas que hemos logrado muchas
compañeras, pero la comunidad en si misma no ha logrado avanzar, y ser
colectivamente una sujeta de derechos. Una cuestión es si analizamos
en términos esporádicos o aislados determinados reconocimientos, y
otra cuestión es si colectivamente se ha logrado modificar la
subjetividad, la mirada de la sociedad hacia esa comunidad. Creo que
para eso falta muchísimo. Florencia de la Vega, Lohana Berkins,
Marlene Wayar, son excepciones. Colectivamente nosotras no hemos
avanzado todavía. Porque la sociedad tiene cuestiones regulatorias. Y
en este momento la regulación está puesta sobre nosotras. Hasta que no
aparezcan nuevos sujetos cuestionantes que nos desplacen de ese lugar
del control, nosotras seguiremos siendo materia de absoluto control de
la sociedad y del Estado.

Claudia: Me acuerdo por ejemplo de la situación creada cuando la
movilización a la Legislatura, contra los cambios reaccionarios en el
Código de Convivencia de la Ciudad de Buenos Aires. A pesar de los
avances que se venían dando en relación a los derechos de la comunidad
glttbi, a partir de una operación política, represiva y de prensa, se
logró demonizar ante la sociedad a la comunidad travesti. Se desplegó
un gran terror entre las integrantes de la comunidad, que además de
ser cada vez más perseguidas y reprimidas por las fuerzas policiales
–alentadas por el cambio del código-, también fueron castigadas por
otros sectores de la sociedad.

Lohana: Para mí ese fue un caso emblemático de esto que veníamos
discutiendo. Si bien es cierto que hemos logrado articularnos con
determinados sectores, e incluso hacer alianzas, tanto travestis como
mujeres en estado de prostitución, esas alianzas fueron mínimas y con
fuertes condicionamientos no explicitados. A nosotras se nos pone como
una garantía muy condicionada. "Está todo bien con ustedes", pero no
se nos aclara la letra chica de cuán real y profundo es ese apoyo, ese
compromiso. Discursivamente está todo bien, pero el compromiso en lo
cotidiano, en lo concreto, es diferente. Cuando surge una situación
como la de la Legislatura, ahí nos aplican la letra chica. "Fueron
ellas, no están organizadas, no vienen de orgas, no tienen historia
política".

Claudia: Este discurso fue el que se realizó en esos días desde
diferentes organizaciones populares.

Lohana: Claro, desde organizaciones del campo popular. Es un debate
que nosotros y nosotras tenemos que poder hacer ahora con toda la
izquierda latinoamericana. Porque aún en los países en los que los
gobiernos van asumiendo posiciones antiimperialistas, o de izquierda,
no hemos pasado a ser sujetas de derecho en plenitud. Se nos da como
cuotitas mínimas, con retaceo.
Acá lo que habría que pensar de tu planteo, es lo siguiente: la
burguesía capitalista, el sistema capitalista, no es que no nos
reconoce. Nos reconoce a través de otros u otras. Cuando quiere dar
debate sobre estos temas, lo hace a través de una disciplina tan
autoritaria como es la Medicina, o la legalidad. La izquierda a veces
no nos da siquiera esa representatividad en términos reales y
concretos. No se nos reconoce como sujetos transformadores, de lucha,
o como sujetas revolucionarias. La izquierda trata de analizarnos con
sus categorías tradicionales. "No hubo organización". Hay que entender
que hay nuevos sujetos, nuevas sujetas, y nuevas maneras de encarnar
la lucha. Yo insisto en que la contradicción de clase es la principal,
pero no es la única. Cuando se empieza a plantear que no es la única
contradicción, y las formas que toman las diferentes demandas, como
las de la diversidad sexual, o las de las mujeres, esto no es
escuchado, y los temas que planteamos no son nunca prioritarios dentro
de la agenda de la izquierda. A la hora del protagonismo concreto,
somos relegadas.

Claudia: Es que no alcanza con colocar una candidatura de la comunidad
glttbi en una lista, o en firmar un documento en el que se reconoce el
derecho de las minorías sexuales, o se plantea la batalla contra la
violencia hacia las mujeres. Existe todavía una gran distancia entre
nuestras declaraciones y nuestras prácticas cotidianas.

Lohana: Claro, una cosa es que esté en el discurso o en el imaginario
de la izquierda, y otra es en las prácticas concretas. Para darte sólo
un ejemplo: ¿cuántos compañeros y compañeras de la izquierda,
comparten con nosotras los espacios de la marcha del orgullo o de la
contramarcha? Yo todo el año transito por miles de marchas, por
cualquier cuestión, incluso no coincidiendo siempre con todos los
contenidos o las consignas, pero son contados con los dedos de la mano
quienes comparten nuestras demandas en la marcha del orgullo.
Lo mismo sucede con el tema de la prostitución. Para mí el debate que
hicimos hace un par de meses en el Instituto Hannah Arendt sobre
prostitución, es fundamental, porque por primera vez nos sentamos a
discutir quienes hemos sido atravesadas y somos atravesadas por esa
experiencia. Yo pregunto: ¿por qué la izquierda no debate la cuestión
de la prostitución, de la misma manera que debate la nacionalización
del petróleo, la redistribución de la riqueza? Sobre la prostitución
hay un gran silencio.

Claudia: Creo que ese silencio tiene que ver con la cultura de la
izquierda, con el tabú sobre todos los temas relativos a la
sexualidad.

Lohana: Claro, para mí la izquierda sigue atravesada por la ideología
dominante, por las batallas culturales que ha ganado la burguesía
capitalista y patriarcal, abonada por la Iglesia Católica. En esto no
se ha modificado demasiado en la izquierda, y piensa como el resto de
la sociedad, por ejemplo, que la prostitución es un problema de la que
se para en la esquina nada más, y no es un problema de toda la
sociedad. También es un error sostener que la prostitución es fruto
del capitalismo. Porque hasta ahora en las experiencias socialistas,
la prostitución ha seguido existiendo. Entonces, es un problema de la
sociedad, de la cultura. Demuestra la regulación que hay en cualquiera
de los Estados sobre la sexualidad, sobre el libre ejercicio de la
sexualidad, y sobre los cuerpos. Hagamos un debate profundo sobre
esto, porque toda la sociedad termina involucrada en la prostitución.
El que calla, el que omite, los jueces que no dicen nada, el gobierno
que contabiliza la prostitución como trabajo para disminuir los
índices de desocupación, los que lucran con nosotras, el fiolo, el
dueño del hotel. Eso en términos económicos. Y en términos subjetivos,
la prostitución sigue develando una sexualidad paralela.

Claudia: Reflexionando sobre los silencios de la izquierda en los
temas referidos a la sexualidad, se me ocurre que es más sencillo
asumir como parte del discurso, el reconocimiento de los derechos de
la comunidad glttbi como parte de los derechos humanos, y promover su
inclusión en políticas de ciudadanía, que analizar los desafíos que
plantea a la cultura y a las concepciones sobre la sexualidad, por
ejemplo, la idea de identidad travesti, rompiendo con la visión
binaria de la normatividad hombre / mujer. Esto es más complejo porque
pone en cuestión no sólo ideas generales sobre la vida, sino también
creencias particulares que cada uno o cada una tenemos, y que como
decías recién, en muchos casos no son más que una reproducción de la
cultura hegemónica. Esto también abre espacio para otras subversiones
del sentido común, e implica un desafío para la izquierda, que es
conectarse con aspectos fundantes de la subjetividad, que atraviesan
individual y colectivamente nuestros cuerpos.

Lohana: Para mí lo fuerte del travestismo, es el deseo de develar, el
deseo de mostrar. Esto es algo que no se perdona en esta sociedad.
Porque mientras quede en el marco del deseo oculto –fijate que los
fascistas, fundamentalistas, dicen "mientras quede entre cuatro
paredes no importa-, no le importa a nadie. Pero cuando el deseo es
concretizado, es afrontado y es corporizado, cuando exige derechos,
cuando tiene un cuerpo que es evidente, que está frente a mí, cuando
comienza a convertirse en mi espejo... ¡es lo que no quiero ver! Cómo
me ponen esto frente a mí? A esa persona no sólo le empiezan a
tambalear las estructuras, sino los cimientos más profundos donde
sentó las más absolutas certezas de la sexualidad esta sociedad. No es
que "me corro un poquito". No. Son los cimientos más profundos donde
esta sociedad patriarcal, capitalista, misógina, ha asentado la
sexualidad. Eso es lo que pasa. Yo lo vivo cotidianamente cuando voy
con compañeras travestis que no responden al estereotipo, por ejemplo
viajando en un colectivo. Quien va al lado se sofoca, empieza a mirar
para todos lados, transpira... trata de mostrar que no tiene nada que
ver con esa persona, que no tiene nada que ver con la "aberración".
Nos han moldeado de tal manera, que nosotras podemos permitirnos en el
discurso, en nuestra fachada, ponernos un poco más progres. La ropa,
por ejemplo, ahora es unisex, pero que no nos toquen nuestros
cimientos. Que a la hora de la verdad, quede claro quien es quien.

Claudia: Otro dato de esta realidad, es que una parte de quienes son
referentes de la comunidad glttbi hoy están integrados en instancias
del gobierno. Se puede pensar, por un lado, que esto es producto de la
lucha que ha visibilizado a una comunidad, y la ha ido transformando
en sujeto de derechos. Se puede pensar, en esa dimensión, como un
logro de esta comunidad. Pero también puede ser analizado como una
política que desde el poder, en éste como en otros ámbitos en los que
se venían articulando fuerzas en la resistencia, tiende a disociar al
movimiento, o a la comunidad, captando e integrando a los referentes,
incluyéndolos dentro de espacios estatales, situación que no
necesariamente significa un cambio en la vida y en los derechos a los
que accede el conjunto de la comunidad de la que son o han sido
referentes. En este sentido, es posible que este logro aparente, se
transforme en una trampa que apunte al disciplinamiento no sólo del
movimiento, sino de las problemáticas subversivas de las que este
movimiento es portador, o podría serlo.

Lohana: Esto que decís me hace recordar un libro que leí sobre la
lucha de los afrodescendientes, cuando en el momento en que estaba
terminándose la esclavitud, cuando había vientos de cambio, los
hacendados empezaban a poner en puestos de capataces a negros que iban
a saber dominar la rebelión, o hacerles entender que era mejor este
amo que el otro. De alguna manera está pasando ahora. Frente a la
lucha constante, sistemática, de muchos compañeros y compañeras, para
lograr conmover los cimientos de la sexualidad en la que esta sociedad
está fundada, el gobierno se traviste –insultando la idea de
travestismo- de progresista, creyendo que es cuestión de mero
maquillaje y ropa, y empieza a dar lugar a ciertas voces como para
decir "estamos cambiando". A mí me parece importante es ver cómo y a
qué precio se va a producir ese cambio. Yo podría sentarme
alegremente, y ocupar un puesto que en definitiva resuelva mi propia
vida. Pero no sería justo hacerlo en nombre del movimiento, me parece
insultante. En el caso específico de las travestis, no fuimos
consultadas como comunidad. Entonces son decisiones individuales.
Tampoco a las travestis se les han ofrecido lugares decisivos. Estos
fueron reservados, en el caso del INADI por ejemplo, fundamentalmente
para gays y lesbianas. Si hablamos de las políticas concretas hasta el
momento, en relación con las travestis, no veo un programa de
integración al ámbito laboral. No veo que se intente poner un
inmediato freno a la muerte de las travestis que no superan los
treinta años. No veo que se estén tomando medidas para resolver la
inclusión en la educación, en la salud. En la actual reforma
educativa, no se plantea por ejemplo que se respete a las travestis en
todo el país, sin cuestionar su identidad, que el Estado les va a
garantizar su derecho a la educación, a la salud. Son cuestiones muy
profundas y muy sentidas en el movimiento. En los hoteles, en las
esquinas, las travestis vivimos en la misma realidad, en el mismo
fango.
Yo no discuto que si algunas compañeras necesitan trabajo y se lo
están ofreciendo en esas secretarías, que lo tomen... pero otra cosa
es pensar que se están haciendo cambios profundos. En realidad, se
terminan convirtiendo en los interlocutores entre el Estado y la
comunidad, designados desde el poder.

Claudia: Cuáles son tus sueños actuales y tus próximas batallas?

Lohana: Desde que yo fui tomando más herramientas, como el feminismo,
el marxismo, fui conociendo otras luchas, mi sueño comenzó a ser más
colectivo. Mi sueño es lograr la despenalización de la identidad
travesti, que no seamos criminalizadas. El acceso directo a un montón
de derechos. La gran casa de ALITT, una megacasa. Y otro sueño muy
personal, es el de rescatar esa gran alegría que yo tenía a los
catorce años, a los quince, con todas las travestis, que realmente nos
juntábamos, sufríamos exactamente lo mismo que ahora, pero tal vez
porque éramos más inocentes, o no teníamos tanta conciencia de lo que
era el mundo, nuestras fiestas eran maravillosas. De creatividad, de
performatividad, que fulanita hacía un show. Hasta la historia más
trágica era contada con una gracia enorme. Apelábamos al humor como
una fuente de escape. Yo soy muy fantasiosa. Es como una manera de
escapar de este mundo. Una vez hablando con una psicóloga le dije muy
asustada que eso no podía ser, y ella me dijo "Lohana, el mundo no es
tan lindo como para estar todo el tiempo en él". Yo alimento esas
fantasías. Creo que tendríamos que rescatar ese sentido genuino de la
fiesta travesti, de la celebración del ser travesti. Muchas compañeras
ya no están. Ni la Pocha, ni Katia, ni Nadia. Es una lista
interminable de muertas, pero sin embargo, tenemos que rescatar la
alegría de la fiesta travesti. Yo quiero ese pedazo de cielo rojo del
que hablaba en su poesía "Manifiesto" Pedro Lemebel. Lo quiero no sólo
para mí. También para mis sobrinos, para mis sobrinas, que han tenido
la fortuna de tenerme a mí, y que van a vivir más libres. Los
prejuicios que eran para mí sentencias mortales, "no hagas esto",
ellos lo pueden reflexionar, hablar, plantear sus disidencias, pero
desde otro lado. Pepo, por ejemplo, tiene cinco años. Yo veo todas las
libertades que tiene. Él una vez me dijo que iba a ser travesti,
después me dijo que no, que iba a ser gay. Después entró en la
escuela, y la escuela se encargó de decir lo que iba a ser, y él me
dijo entonces: "yo voy a ser hombre", y no quería que le hagamos más
colitas en el pelo. El otro día Pepo me mostró que le habían hecho una
colita preciosa en el pelo. En esta sociedad tan oscurantista, yo
pensé que era maravilloso que Pepo se dé esos permisos. Pepo va a ser
lo que quiera ser en la vida, va a tener amplia libertad de elegir.
Esas cosas me parecen maravillosas, y siento que de alguna manera
tiene que ver con nuestra lucha. Acá estamos nosotras, poniendo la
verdad en el cuerpo a todas las violencias, para seguir brillando.
Para que en nosotras siga surgiendo el arco iris de la rebeldía, en el
cielo rojo. Para que no un pedacito, para que todo el cielo sea rojo,
rebelde, resistente, y que en ese cielo brille fuerte el arco iris.

Noviembre de 2006

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