La Coctelera

Blog de Beatriz Garrido

MUJERES EN LA BLOGOSFERA

25 Noviembre 2006

Violencia de genero - trata

Página/12 - Las/12
Viernes 24 noviembre 2006

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-3023-2006-11-
24.html

Difundido por RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina

La misma historia

La historia de Romina Gamarra ya ha sido contada. Ya se dijo que fue
secuestrada, que escapó de una red de trata –una red de proxenetas
que explota sexualmente a mujeres–, que denunció a sus captores y
que más tarde tuvo que desdecirse porque no soportó las amenazas.
Aun así, todavía faltan palabras que necesitan decirse, que exigen
ser escuchadas.

Por Marta Dillon

Hay experiencias que no se pueden narrar sin tomar distancia de las
cicatrices que dejaron en el cuerpo. O de la herida que reclama su
presente continuo: esto no pasó, esto pasa, esto me abre los ojos en
plena noche y el latido en el pecho huele a miedo. Y sin embargo
así, con el despojo que sufren las palabras expropiadas de su rastro
de sangre, pareciera que no es posible decir lo que hay que decir,
lo que se necesita escuchar, lo que es necesario transmitir. Hay que
ponerse en el lugar. Hay que poder ver el tapizado del auto en el
que una mujer es metida a la fuerza. Una mujer no, una nena de 18
que iba a escuela privada y quería estudiar porque su padre nunca
aprendió a leer y escribir. Una nena alta y de sonrisa ancha como
una tajada de melón, buena merca para los captores. Buena merca,
habrán dicho, porque no se conformaron con un no como respuesta a su
oferta de trabajo. Trabajo, ja. Romina Gamarra no creía en fantasías
de colores, no creía en eso de servir copas, ni siquiera de los
cientos de dólares por día. Por eso había dicho que no y por eso la
subieron a la fuerza, la mano masculina apoyada en el cuello, la
cara contra el tapizado, mojándose, oliendo a humedad, a sudor y a
miedo. Hay que escuchar la orden de no llorar. No llorar ni gritar,
la boca bien cerrada, pendeja de mierda, porque si no vamos a
reventar a tu hermano y a toda tu familia, puta. Porque a los que
roban mujeres como se roba ganado les encanta llamar puta a su
mercadería. Para eso las quieren, para putas y es mejor que lo vayan
aprendiendo desde temprano. No sabe dónde va. No sabe qué le va a
pasar pero no es difícil de pensar. ¿O sí? ¿Es posible pensar que de
un momento a otro se habrá perdido el nombre, mejor perderlo porque
tenerlo es recordar la calle, la cama propia, la comida en casa, el
tiempo que se va en la esquina, los chismes con las amigas? ¿Es
posible imaginar, para la misma chica de sonrisa melón, que su
cuerpo será un lugar de paso y desove, que soportará la embestida y
todavía peor el toqueteo, la inspección, la palabra en el oído que
halaga o insulta, qué importa si es para otra, es para la que abre
las piernas porque así se sobrevive, deseando que las horas pasen,
que éste se vaya aunque después venga otro, y otro, y otro? ¿Cómo se
cuenta esta historia? ¿Cómo se cuentan los días cuando los días no
empiezan o terminan más que con un ruido de llaves, el retiro del
dinero, la orden de lavarse, la amenaza siempre lista para que todo
siga como debe ser y debe ser es así, boca cerrada, piernas
abiertas? Tal vez pueda contarse por la grieta que se abre cuando
dos mujeres en las mismas condiciones hablan, cuando se confiesan el
nombre verdadero, la edad, la procedencia. Romina habló de al menos
cinco chicas, todas de Santa Fe, todas menores, alguna, incluso,
podría tener menos de 15. Nadie preguntó por ellas. Tal vez sus
pedidos de paradero duermen como durmió el de Romina en algún
juzgado donde se presupone que las chicas se van de la casa, se
pelean con sus padres o madres si los tienen, se enamoran y se
emparejan. Más cuando son tan marginales. Marginales, dicen, no
marginadas como se debería decir. Porque lo cierto es eso, hay quién
las hace a un lado y piensa `estas chicas son descartables, si no se
embarazan se hacen putas'. Hay quien las hace a un lado cuando
debería protegerlas y de ese lado está el corral donde se van a
cazar presas fáciles para el mercado de carne; total, ya las
hicieron a un lado. Entre ellas saben otras tantas cosas, saben lo
que han soñado, guardan en algún pliegue de la piel su nombre y
apellido, saben del asco, la arcada, el saque para resistir, fingir
para que se vaya, decir sí para que no duela, no pegue, no delate.
Saben que a pesar de todo siempre es posible hacer planes para huir,
sobre todo si se cuenta con una sonrisa melón, un sueño concreto que
casi se arañaba y la certeza de que es posible contar con alguien
más. Si no no es posible llamar a papá y decirle, vení a buscarme,
no le digas a nadie, vení por favor y esperame que en algún momento
voy a salir. Y que papá viaje y espere. Que llegue sin saber leer
carteles y que no dude.

Todo esto ha sido contado. ¿Ha sido contado? ¿Es posible contarlo y
que al leerlo o escucharlo el cuerpo sienta la herida como una
súbita debilidad, la bronca como un latido, la impotencia como el
olor de esos cuartos con rejas en donde se come se duerme se coge?

Es curioso, Romina se escapó de su cautiverio de explotación sexual
casi al mismo tiempo en que desaparecía Jorge Julio López, el
albañil que testificó contra Miguel Etchecolatz y del que se sabe
nada. A Julio lo ajusticiaron por hablar cuando Romina y su amiga
María Cristina empezaban a decir. Sesenta días después, las chicas,
amenazadas, desprotegidas, solas, se callaron. Lo que dijimos no lo
dijimos, insistieron y nadie repreguntó. Sesenta días después, no
hay nada que decir de Julio López. Un abismo separa estos casos y
sin embargo, la impunidad los acerca. La trama de la impunidad se
rompe y se reconstruye, igual que le crecen las patas a las arañas
cuando se las arrancan. Las redes de trata se perforan pero vuelven
a tejerse. ¿Porque no se puede contar esta historia o porque no se
puede escucharla? Mientras no haya respuesta, habrá que seguir
contando, hasta que algún sonido, alguna sensación, perfore la
indiferencia y entonces ya no se pueda tolerar la falta de palabras
para escribir otra historia.

__._,_.___

*Si utiliza la información que se brinda en esta lista, por favor, cite la/s fuente/s. Gracias.*

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