Asi en el trabajo como en la calle
Página/12 - Las/12
24 noviembre 2006
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-3029-2006-11-
24.html
Difundido por RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina
Hasta ahora se han descripto al menos 30 modos de la violencia
laboral, pero cuando la víctima es una mujer hay una figura que se
sitúa al tope de la lista: el acoso sexual. Argentina es uno de los
cuatro países con más incidencia de este modo de abuso que traduce
la naturalización de la violencia sexual.
Por Maria Mansilla
A ver cómo tienen las uñas de los dedos que usan para masturbarse...
Seguro que cortas, para que no les raspe", era uno de los
comentarios que a diario disparaba Jorge R., jefe del equipo. Los
muchachotes se reían. Las chicas, coloradas y demasiado ingenuas
para tener veintipico, nos retorcíamos del asco tras tan inoportuno
comentario. Pero ninguna relacionaba el retortijón con un síntoma de
lo que las expertas llamarían: "Acoso leve, verbal, ya que incluye
chistes, conversaciones de contenido sexual". Es la cara más "leve"
del acoso sexual que, a su vez, es una de las 30 caras posibles de
la violencia laboral. Pero no una más: si hasta la Convención Belem
do Pará lo apunta especialmente como una de las formas de
discriminación contra la mujer. En él se conjugan la naturalización
de la violencia sexual, la impunidad del victimario ante la
dificultad para presentar pruebas en su contra, el abuso de poder y
la herencia del derecho de pernadas.
"Si se acepta que la sociedad, por medio de sus instituciones,
regula y sanciona comportamientos sobre lo permitido y lo negado
socialmente para mujeres y varones llegamos al concepto de
producción de identidades con un fuerte énfasis respecto de la
subordinación del sujeto femenino. El género nace como una
imposición social violenta sobre un cuerpo sexuado. Allí sobrevuela
el concepto de violencia de género, y el acoso sexual se presenta
como emblemático en este terreno. En el ámbito laboral se observa
una recreación de este tipo de relaciones sociales. Por eso resulta
necesario interrogarse sobre los procesos por los cuales una
sociedad ha utilizado la diferenciación sexual para justificar
jerarquías, injusticias y asimetrías de poder", reflexiona Matilde
Mercado, investigadora del Instituto Gino Germani.
Una de las encuestas que sigue siendo referente la llevó adelante la
Organización Internacional del Trabajo, en 1996, en 36 países. ¿El
resultado? Francia, Argentina, Rumania, Canadá e Inglaterra
encabezaron el ranking de acoso sexual en ámbitos laborales. En
nuestro país, el 16,6% de las trabajadoras había sido víctima de
incidentes de carácter sexual. En la misma época, una investigación
de UPCN arrojó que sólo el 12% de las acosadas hizo una denuncia. El
60% conocía la existencia de legislación para sancionarlo. Pero el
70% no entendía bien de qué hablamos cuando hablamos de acoso en el
trabajo. Una década más tarde, la consultora Dalessio entró a las
oficinas a preguntar lo mismo, a pedido de la revista Viva.
Conclusión: los lugares de trabajo figuran segundos entre los sitios
donde se producen situaciones "de incomodidad sexual". La
investigación no tuvo perspectiva de género, los resultados sí: el
10% de los varones se asumió como potencial abusador.
"Se está visualizando el tema, las mujeres se animan a denunciar.
Antes, no encontraban aceptación, al contrario. Ahora, primero se
trata de arreglarlo internamente. Acudir a la Justicia es difícil
porque nadie quiere atestiguar por temor a perder el trabajo. Pero
no es imposible: hay casos de resolución satisfactoria para algunas
mujeres que habían sido despedidas cuando hicieron la denuncia, y
luego tuvieron que ser reincorporadas –observa Susana Pérez Gallart,
de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH)–. Cuando
se visualiza, a medida que se va conociendo como delito, en lo
popular, los victimarios se restringen. `No soy tan impune como
creía, no soy tan atractivo como creía', piensan. Muchas cosas se
han logrado. La ley escrita, por ejemplo. De ahí a que penetre
culturalmente, van a pasar años."
ESPACIO INTIMO, VIOLACION PUBLICA
Un proyecto de ley nacional, con media sanción en el Senado, amaga
con darle entre 6 meses y 5 años de cárcel al acosador, por cometer
un delito penal. Valdría para el ámbito privado y para el público.
Hasta ahora, en cambio, las normativas sólo alcanzaban el territorio
estatal (Decreto 2385/93) y la máxima sanción era una licencia
forzada o despido del victimario.
"Lo que hace falta es una modificación de la ley de riesgos del
trabajo u otra ley para incorporar los riesgos psicosociales, que
nadie previene, como la violencia laboral", propone la socióloga
Diana Scialpi, presidenta de Instituciones Sin Violencia. Y
explica: "El acoso sexual no sólo puede darse en el ámbito laboral,
pero cuando ocurre en el lugar de trabajo se produce en un espacio
de intimidad, de privacidad, constituye una violencia interpersonal,
del mismo modo que el acoso psicológico. Pero la violencia laboral
también adquiere modalidades institucionales, como las violaciones a
la ley. El acoso sexual perjudica a una persona, a la que hay que
asistir y empoderar, por supuesto, y el mayor obstáculo para
defenderse es probarlo. Las violencias institucionales, en cambio,
son claramente verificables: un cargo de responsabilidad en manos de
alguien no idóneo causa estragos en los resultados de la gestión
pública. Al ser perpetrada desde los organismos públicos, equivale a
la violencia que ejerce un padre frente a un hijo o hija, porque es
la violencia de la fuente de protección convertida en fuente de
daño", denuncia Scialpi, autora de Violencias en la Administración
Pública.
Instituciones Sin Violencia promovió la creación de una Oficina de
Denuncias de Violencia Laboral para atender reclamos sobre maltrato
a servidores públicos. "Nadie se ocupa, por ejemplo, de denunciar
que el 85% de los organismos públicos viola la ley de higiene y
seguridad en el trabajo. Vos, yo, el vecino y todos en la función
pública estamos en riesgo, podemos tener un Cromanón en cualquier
momento. ¿Por qué no denunciamos esa violencia institucional que es
fácil de probar? –lamenta Diana Scialpi–. Otro ejemplo que incluye
una acordada de la Corte Suprema de la Nación, que en democracia
bien podría modificarse, y constituye violencia de género es un
fallo del año 97, que surgió de una investigación de Matilde
Mercado: le niega su licencia por parto a una mujer porque su hijo
nace muerto. Es una clara desprotección a la maternidad, violatoria
de cualquier tratado internacional. ¡Caramba si no es violencia
contra la mujer!"
Pensando en violencia laboral por razones de género, Scialpi agrega
el dato que faltaba: el de "el techo de cristal", la discriminación
salarial entre varones y mujeres que realizan las mismas tareas.
POBREZA, CON A
Más de una militante por los derechos femeninos le habremos pedido
estos dos deseos a Aladino o a la Triple Diosa: "Una mujer en el
Ministerio de Economía. Otra en el de Desarrollo Social". Y se
cumplió. ¿Se cumplió? Las cifras que marcan la diferencia, del otro
lado de sus despachos, siguen en carne viva:
En el ítem "trabajadores/as sin salarios" de las encuestas del
INdEC, ellas son 3 veces más.
Sus hogares, cuando sólo ellas están a cargo, son más pobres y más
indigentes que los hogares con jefes varones.
En los 90, la población pobre, en hogares con jefas mujer y menores
de 14 años, aumentó casi el 50%. La indigencia se cuadruplicó en
hogares con jefas mujeres.
Alerta Argentina evaluó el cumplimiento de los derechos humanos
durante el 2005, y entre uno de los veinte llamados de atención
advierte: "Incorporar la dimensión de género al análisis de la
pobreza implica asumir que la posición social de la mujer es
desigual y que la experiencia femenina de la pobreza puede ser
diferente y más aguda que la de los hombres debido a las formas de
exclusión y discriminación que las mujeres viven cotidianamente en
este contexto social. Las políticas neoliberales, que han venido
liquidando los derechos conquistados por trabajadoras y
trabajadores, afectan de manera especial a las mujeres. No se trata
sólo del desempleo, sino también del crecimiento de la precariedad
de los puestos de trabajo, que forma parte de un rasgo estructural
del país –detalla el informe–. La violencia de género se practica y
se expresa a través de varias formas de violencia además de la
física, pues ésta casi siempre se acompaña de actos coercitivos,
violencia psicológica y emocional. Asimismo, incluye formas
estructurales como la feminización de la pobreza, la discriminación
salarial, la segregación sexual del mercado de trabajo, el tráfico
de mujeres, la esclavitud y la violación".
Volviendo a los deseos concedidos por el genio de la lámpara, "el
avance de la mujer, en nuestro medio, en ocupar puestos de
decisiones donde se diseñan políticas públicas es un avance
cuantitativo. Tenemos que pensar en lo cualitativo y en cómo ellas
puedan tener esta mirada de género para diseñar políticas
contemplando las desigualdades culturales históricas. Los organismos
internacionales están marcando bastante este tema", señala Rosa
Acuña, abogada y psicóloga, miembro de Comité para América Latina y
el Caribe para la defensa de los derechos de la mujer (Cladem).
"El PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), en su
último informe, habla de la Argentina después de la crisis y señala
que el desarrollo humano comprende una serie de puntos a tener en
cuenta, y destaca aquellos en los que las mujeres puedan alcanzar la
igualdad de oportunidades en el campo laboral, igual salario por
igual trabajo, entre otros. También dice que las políticas para
erradicar la pobreza y la desigualdad son el cimiento para la
transparencia del sistema político, y requieren políticas culturales
que eduquen para vivir en democracia. Sí, suena hermoso; es una
tarea en la que tenemos que estar todos".
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Antonio Alviárez dijo
Beatriz, hay una película del año 2003 si mal no recuerdo, del director Stephen Fears, llamada "Negocios Ocultos" que enfoca muy bien el abuso en el trabajo en una ciudad del primer mundo como lo es Londres.
Besos
25 Noviembre 2006 | 11:45