Diana Maffía
Instituto Interdiscipinario de Estudios de Género
Universidad de Buenos Aires
Que una mujer no nace sino que llega a serlo lo leí hace muchos años en
Simone de Beauvoir, pero lo comprendí mucho mejor cuando la conocí a Lohana
Berkins y su devenir travesti. Comprender mi propia identidad femenina, por
otra parte bastante tradicional, como una identidad transicional, siempre
provisoria, que podía portar también como un cuerpo político disidente, lo
leí en las feministas pero lo comprendí mejor en los intercambios con Mauro
Cabral. Que cuerpos tan cercanos y queridos me resulten indescifrables,
impronunciables, revela la arbitrariedad de la pronunciación de mi propio
cuerpo, la enajenación de decirme a mí misma en mis propias palabras. Por
eso me acerqué a los estudios queer.
Cuando la teoría feminista comenzó a convertirse en las universidades en una
nueva escolástica, donde el canon bibliográfico y la cita al pie suplieron
la pasión por indagar y el compromiso por transformar, asistí a la pasión
por el reconocimiento personal y político de identidades que hacían estallar
sus propias normativas, normativas provisorias que inspiraban tantas
desobediencias y nuevas alianzas.
El activismo queer logró denunciar formas de opresión menos explícitas que
la discriminación por sexo o por orientación sexual. Se mostró irreverente
en los métodos de protesta y eficaz en las intervenciones de visibilización.
El feminismo había habilitado algunos de sus discursos constructivos, y
aunque no tardaron en surgir las polémicas teóricas hubo muchas acciones en
común. No obstante, hoy no me interesa tanto reflexionar sobre las
estrategias de resistencia sino sobre las de emancipación. Me interesa
pensar aquellas acciones que siendo beneficiosas distributivamente para
algunos sujetos particulares, no lo son para el colectivo.
Las feministas hemos reflexionado sobre esto al pensar el poder. Por cierto
un modo de empoderarnos es adquirir y manejar las herramientas patriarcales,
ser reconocidas como iguales a partir de la identidad, pero entonces
estaremos confirmando el mismo sistema de opresión que impide a muchas otras
alcanzar vidas más autónomas, y al colectivo de mujeres alcanzar la igualdad
política en el reconocimiento de sus diferencias.
También hemos pensado las feministas sobre el lugar del cuerpo en el camino
de emancipación. Porque explicitar la pluralidad de nuestros cuerpos y de
las marcas sobre ellos (marcas de clase, de color, de etnia, de edad, de
orientación sexual, de estilo de vida) generó tensiones en el movimiento de
mujeres que pusieron sobre el escenario otros intentos de sumisión, de
sustitución de la parte por el todo, y fragmentaron en esa multiplicidad
dialéctica los viejos sentidos de la acción colectiva.
Las luchas por el reconocimiento de la identidad tienen como riesgoso
mecanismo la definición, y por lo tanto la normativa para el reconocimiento,
como paso para nuevas regulaciones. Cuando parecía que las sociedades
dejaban de reducir los géneros a masculino y femenino y revisaban la norma
heterosexista, se presentan bajo nueva forma ya no en cláusulas de
prohibición sino en prácticas de regulación. El riesgo es que desde el poder
y las instituciones, pero ahora con el protagonismo de quienes antes
carecían de voz y ahora inciden en las políticas y expresan sus propias
demandas, otras formas de subordinación y otras inequidades, otros
silenciamientos se estén edificando.
Si la subjetivación y la salida del clóset permitió a las sexualidades
diversas mostrarse con orgullo, también las constituyó en un objetivo de
mercado. ¿No está acaso la liberalización de las normas (cruceros gay,
Buenos Aires "friendly") al servicio de la preservación de un sistema de
acumulación económica, el mismo que fuerza que la sexualidad esté aplicada a
la procreación para reproducir la fuerza de trabajo? Es una extraña
paradoja.
Lo es también que los cuerpos femeninos de la pornografía, fragmentados y
degradados, sean reemplazados por otros cuerpos en idénticas funciones,
cuerpos al servicio de la primacía visual, al servicio de la regulación del
deseo, repitiendo incluso las dicotomías entre penetradores y penetrados.
Que los sistemas jurídicos incorporen nuevas figuras penales para la
discriminación y los crímenes de odio, amplifica los poderes de control
social propios del sistema penal. Que haya normas que protegen la unión
civil y el cambio de sexo, fortalece formas de organización social y de
alineamiento del cuerpo con el género y el deseo, además de devolverle el
poder de la definición a la psiquiatría y la medicina.
Que se destinen enormes partidas de dinero a campañas internacionales de
prevención en salud que reconocen a las propias organizaciones como
ejecutoras, no impide que las condicionen incluso en su autodefinición como
identidades, distrayendo un proceso que todavía está en camino.
Tomaré como ejemplo la pretensión de integrar a las organizaciones travestis
al colectivo más amplio "hombres que tienen sexo con hombres". Una verdadera
arbitrariedad al menos por tres razones poderosas. En primer lugar, llamar a
las travestis "hombres" ignora todo el proceso político de construcción
identitaria y de reconocimiento. O bien es de un determinismo biológico
decimonónico y sólo comprende a las travestis de varón a mujer (ignorando
que hay travestis de mujer a varón) o bien se refiere a varones trans (y
entonces no requiere que sean hombres biológicos pero ignora a la población
mayor de travestis). Y por si fuera poco regula el deseo de las travestis de
manera hegemónica (sólo las comprende si tienen sexo con hombres).
Sin embargo, si una organización travesti requiere financiamiento para una
campaña de prevención de Sida, deberá aceptar esta definición de la
convocatoria o renunciar al financiamiento. Para medir la coerción de esta
condición pensemos que el porcentaje de muertes en este colectivo es
sensiblemente mayor, y su acceso a financiamiento menor, porque incluso sus
organizaciones son rechazadas por la Inspección de Justicia (como en el caso
aún judicializado de ALITT). Esto es independiente de las estrategias de
resistencia que puedan formular las propias organizaciones en su interior,
se trata de un mecanismo de disciplinamiento identitario que vuelve al
dualismo hombre/mujer.
En un congreso sobre disidencia sexual e identidades sexogenéricas en el que
acabo de participar, fui calificada como "buga". Mi identidad sexual, tan
central en el sistema de la dicotomía sexual, era en este colectivo una
identidad al margen que merecía un nombre nuevo. Ser dicha en ese contexto,
intentar comprender el sentido en que lo era, me volvió a las formas en que
nos constituímos como identidades no sólo en procesos de subjetivación sino
en los de asignación y reconocimiento social.
En este colectivo de disidentes sexuales fui constituida por el discurso de
los otros (las otras, les otres) como una minoría: la de una mujer que está
pasando por una etapa heterosexual. Quienes así me presentaban, sin embargo,
apoyaban una norma que exigía diagnóstico médico y adecuación corporal, y no
tener hijos, para obtener el reconocimiento de género. Con lo cual apoyaban
la tutela del dimorfismo sexual de los géneros, y la de la familia
tradicional. Un nuevo aprendizaje para las academias, el poder de la palabra
circula en la sociedad con más velocidad que la que tenemos para elaborar
sus sentidos. Pero a la vez se fragmenta en divergencias.
Una pregunta que me parece relevante en las políticas de reconocimiento es:
¿cuál es la utilidad de una taxonomía? ¿Por qué insisitir en agregar letras
a la sigla GLTTBIT (gay, lésbica, travesti, transexual, bisexual,
intersexual y transgénero)? Este problema tiene relación con la
representación de intereses. Quién habla, para quién habla, en
representación de quién habla y con impacto sobre las vidas de quiénes
habla. Quisiera poner esto en debate, me parece relevante para que las
políticas culturales de reconocimiento no impliquen la imposibilidad de
agencia colectiva verdaderamente transformadora.
Un buen espejo para medir esta paradoja son las marchas del orgullo, donde
hay prevalencia de sujetos, organizaciones e identidades, e interdicción de
otras; donde se aceptan empresas "sponsors", y donde se decide cambiar una
fecha significativa para no coincidir con un festival de música electrónica.
Es un innegable hecho cultural, que muchos heterosexuales apoyamos por su
importancia en el arco de los derechos humanos, pero ¿qué pasa con su
incidencia política?
Me parece importante pensar, para las nuevas identidades y expresiones de
género y también para el feminismo, si no estamos atrapadas (atrapados,
atrapades) en procesos de definición que bajo el aspecto de otorgarnos la
palabra y el protagonismo, nos obturan acciones de ruptura libertaria. Y no
sólo por la institucionalidad de las demandas, no sólo por la incorporación
a políticas públicas; fundamentalmente por la pérdida de visión utópica, por
la falta de acuerdo en las metas. Este tema no está en agenda ni en debate.
Los medios se han transformado en un fin en sí mismos y se disputa por
ellos.
Existen por cierto grupos que logran incluir sus reivindicaciones en marcos
políticos más amplios, y pueden llegar a coincidir inclusive con movimientos
populares en demandas de reivindicación de derechos humanos básicos de
inclusión social. Pero todavía es un desafío que esos movimientos de base y
los mismos partidos de izquierda, por lo común homofóbicos y conservadores
en cuanto a discursos sexuales, consideren ampliar sus demandas para incluir
los reclamos de la disidencia sexual como reclamos profundamente
contestatarios.
Ampliar la mirada me parece imprescindible para no llevar nuestras acciones
a un reforzamiento de aquello que nos hemos propuesto desplazar, siendo
trágicamente nosotras mismas (nosotros mismos, nosotres mismes) los
instrumentos de esta domesticación.
Ver "BUGA" en "Orgullo léxico" , www.orgulloboricua.net/lexico/
consultado en de octubre de 2006
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*Si utiliza la información que se brinda en esta lista, por favor, cite la/s fuente/s. Gracias.*
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*RIMA Lista* es un servicio gratuito de la *Red informativa de mujeres de Argentina*, Rosario, Santa Fe, Argentina











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