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Carlos Beas Torres

El 27 de Octubre del 2006, es ya una fecha inolvidable, para miles de
oaxaqueños; una fecha aciaga, donde las bandas paramilitares, los
policías vestidos de civil y los golpeadores tuvieron luz verde para
agredir impunemente a los ciudadanos y ciudadanas que resisten aún en
estos momentos en cientos de barricadas, la brutalidad de un régimen que
sólo es sostenido por los resortes antidemocráticos que caracterizan la
vida política en México.

El saldo rojo arrojado en la sangrienta jornada del 27 de Octubre, aún
es incierto, se habla de entre 4 y hasta 11 muertos; de más de 30
heridos de bala; de por lo menos 45 desaparecidos y de aproximadamente
19 personas detenidas o secuestradas. Oaxaca se convirtió en un campo de
batalla desigual que enfrento por un lado a bandas de sicarios armados
hasta los dientes y protegidos por la impunidad que les brinda un
régimen espurio y por otro lado, hombres y mujeres de todas las edades,
gente del pueblo: plomeros, amas de casa, estudiantes, empleados,
obreros, maestros, albañiles; gente que se protege y lucha sólo con
garrotes y piedras, y también con una heroicidad impresionante.

Una batalla desigual en la que en la mayoría de los combates, los
alzados, los de la APPO, los rebeldes salieron airosos. En algunos
lugares como en La Experimental y en Coyotepec, las barricadas fueron
arrasadas, dejando atrás un elevado saldo de heridos, desaparecidos y de
un profesor indígena zapoteca muerto a golpes y machetazos.

La brutalidad policíaca y paramilitar desatada en Oaxaca no es lejana a
la que sufrieron los haitianos cuando los tonton macoutes de Papa Doc,
salían a las calles a sembrar la muerte y el terror entre la población.
Sólo que como diría la canción de Caetano Veloso, el compositor
brasileño: “Esto no es Haití, esto es Aquí”, sí aquí en una supuesta
nación democrática, donde a juicio de su Presidente, no pasa nada.

Mientras en la ciudad de Oaxaca la población se batía en las barricadas,
en diferentes lugares del Estado, indígenas y sindicalistas bloqueaban
carreteras en el Istmo de Tehuantepec, La Mixteca y La Cañada; los
medios no hablan de estas acciones que se prolongaron por varias horas y
donde hubo también enfrentamientos con grupos policiacos.

A la negra noche oaxaqueña se suma hoy un actor que ya tiene meses
emplazado en la zona y que busca ahora un papel protagónico: La Policía
Federal Preventiva; un cuerpo de Policía militar que en número de 3,700
efectivos se encuentra ya en Oaxaca con el fin reestablecer una
normalidad autoritaria y a sostener a un Gobernador ilegítimo y
desconocido por el grueso de la población.

Ya el movimiento ciudadano oaxaqueño en estos momentos prepara la
respuesta ante la ofensiva gubernamental; en todo el Estado se programan
ya acciones de resistencia pacífica ante el inminente desalojo del
Centro histórico por parte de las fuerzas de la Policía Militar. Vicente
Fox no ha entendido que detrás de la revuelta ciudadana en Oaxaca, se
encuentran siglos de agravios, de humillaciones y la profunda necesidad
de democratizar de manera efectiva la vida publica de esta pequeña
República bananera en que la han convertido los caciques gobernantes
priistas.

Desde luego que seguimos haciendo un llamado urgente a la solidaridad
activa dentro y fuera del país, para evitar que este baño de sangre siga
enlutando los hogares humildes de las familias oaxaqueñas. Esto no es
Haití pero como si lo fuera,carajo.

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