Migraciones: Alemania, ¿una nueva tierra prometida?
Por Mirra Banchón, desde Alemania | 19.10.2006
La migración de América Latina se feminiza. Pero aunque los sociólogos digan otra cosa, las mujeres que llegan a Alemania no se sienten ni esclavas ni víctimas, según un estudio del Instituto Alemán para Estudios Globales. Además, cómo son y cómo viven las latinoamericanas que se ganan la vida limpiando a Alemania.
Un estudio publicado por el Instituto Alemán para Estudios Globales (GIGA) de Hamburgo presenta el fenómeno de la migración desde una perspectiva novedosa: la migración se feminiza y, contrariamente al análisis de los sociólogos europeos, las migrantes latinoamericanas, ilegales y trabajadoras domésticas, no se sienten ni oprimidas ni esclavizadas. Sus objetivos y sus metas familiares están claros desde antes de llegar a Europa. Y las situaciones de miedo e inseguridad por las que tienen que pasar viviendo en la ilegalidad no son mayores que las que tienen que vivir en su tierra de origen.
Emigrar para trabajar
Patricia Cerda-Hegerl, autora del estudio y docente en el Instituto para Comunicación Intercultural de la Universidad de Múnich, sostiene que el número de mujeres latinoamericanas que abandonan sus países de origen es tan alto que se puede hablar de una feminización de la migración.
El fenómeno de las trabajadoras domésticas migrantes, como se las denomina en el estudio, no es privativo de América Latina. En Alemania, sin embargo, el fenómeno casi no se percibe, debido precisamente a que las migrantes son en su mayoría ilegales. Y, por ello, configuran su existencia de la manera menos llamativa posible. La motivación y los caminos que llevan a estas mujeres hacia Alemania se describen en el estudio, para el cual 12 mujeres han contado su historia.
Gracias a los lazos
Mucho menos de dominio público que lo anterior, son las circunstancias que las sostienen aquí: el que puedan llevar una vida anónima sosteniendo a sus familias aquí y allá --lo que denomina Cerda-Hegerl lazos primordiales--, es posible porque en Alemania se las necesita y, de alguna manera, se las protege. Para las mujeres alemanas que trabajan, por ejemplo, les son indispensables como ayudantes domésticas y niñeras. Esto y la red de migrantes a la que se acogen se denominan lazos secundarios.
"Mientras más y por más tiempo emigran las mujeres, más complejas son las redes que se tejen tanto en el país emisor como en el receptor", explica Cerda-Hegerl. La importancia de esas redes de migrantes se potencia en el caso de las ilegales, eso es su "capital social": contactos, lazos, empatía.
¿Qué es el miedo?
La posibilidad de ser descubiertas por la policía, el estar sujetas a la explotación, así como la falta de seguridad social o médica forman parte integral de la vida de las trabajadoras migrantes. Lo que a los sociólogos europeos se les escapa es que el grado de colectivismo -el sentimiento de pertenecer a un "nosotros"- en estas sociedades es bastante más alto que en la sociedad alemana, donde prima el individualismo. Éste se define en el estudio como un sistema según el cual "las relaciones entre los individuos son laxas, y se espera de todos que vean por sí mismo y por su familia más cercana".
Es el colectivismo el punto crucial de la feminización de la migración. Debido a él y a los claros objetivos que conlleva -mejorar el estatus social y económico de la familia aquí y allá-, no es tan relevante la falta de seguridad, un término cuyo valor cada cultura define de otra manera. Por eso, las migrantes no se sienten esclavas, explotadas o víctimas, porque están aquí por su propia voluntad y esto les abre el camino hacia muchos de sus sueños.
¿Y el vivir con miedo? Esta historiadora, que se doctoró con un trabajo en relaciones interétnicas, opina que el miedo que pasan aquí no es mayor que en las inestables sociedades y estratos bajos de los que provienen.
Las limpiadoras
Todo el mundo las ve, pero en las estadísticas no existen. Se trata de las muchas latinoamericanas que se ganan la vida limpiando. Aquí, la mirada de un especialista sobre en familias y mujeres migrantes.
Por el Día internacional de la Mujer en el año del Mundial de Fútbol en Alemania, los medios se han hecho eco de las campañas en contra de la prostitución obligada y la discriminación a la que se somete a esas mujeres. Según la Organización Internacional del Trabajo con sede en Ginebra, a esa discriminación podría ponérsele fin tomando una medida bastante simple: ofreciéndoles un permiso de trabajo y de residencia.
Existe otro grupo femenino cuya discriminación está a ojos vista. Se trata de los escuadrones de mujeres extranjeras que limpian Alemania. DW-WORLD conversó al respecto con Donatella Salvatori-Wolters, sicóloga especializada en familias migrantes y colaboradora de un centro de asistencia humanitaria.
Los ilegales, ¿cuántos, dónde?
Oficialmente, no existen datos sobre los latinoamericanos que llegan a trabajar a Alemania y a Europa, pues la mayoría de ellos son ilegales, "y sobre ilegales no existen estadísticas". A pesar de que acerca de las tinieblas de ese mundo no se sabe mucho, organizaciones humanitarias conocen los mecanismos, los cuadros y las historias de esta población.
Mujer inmigrante no es igual a mujer alemana
La cifra que se ha hecho pública con motivo del Día Internacional de la Mujer es que las mujeres en Alemania perciben un 15% menos que los hombres en el mismo puesto de trabajo, y en el caso de las mujeres inmigrantes muchísimo inferior. La mayoría de ellas tienen profesiones muy modestas: limpian o trabajan en la gastronomía o trabajan en empresas familiares. Legal o ilegalmente, la mayoría de las mujeres que proviene de América Latina trabaja limpiando. "Son las criadas en este país", recalca Salvatori-Wolters y añade: "Organizan todo, trabajan muchas horas al día por poco dinero".
La solución: ¿los papeles?
Debido a las restricciones que existen en cuanto a la concesión de visas de trabajo, más aún desde que entrara en vigencia la nueva ley de extranjería en 2005, aparte del matrimonio con un ciudadano alemán o europeo, no existe otra salida de la ilegalidad. Sin embargo, a través de la legalidad, las mujeres inmigrantes no amplían mucho su campo de acción. "No pueden, en realidad, solicitar trabajo en ningún lado, tampoco optar por trabajos de oficina porque no llegan a las entrevistas", puntualiza. A pesar de que una posibilidad real de obtener un trabajo más "digno" es mínima, muy pocas inmigrantes vuelven a sus países. Siempre que haya una posibilidad se quedan o se cambian de país dentro de la Unión Europea -España o Italia, por ejemplo- o buscan la manera de volverse "legal" dentro de Alemania.
Para obtener visa y residencia, seguridad médica y mayores oportunidades para los hijos las mujeres optan por "casarse por papeles" y, en general, pagan muchos miles de euros. Y se ponen en peligro, pues entre las nuevas medidas del reglamento de migración se contempla con mucha más facilidad una deportación. También se controla más lo matrimonios con extranjeros.
"Cuando existe la sospecha de un matrimonio por papeles, la policía de migración se acerca al domicilio y verifica los nombres en el timbre de la casa. Entran y preguntan por el o la ilegal que ha contraído recientemente matrimonio. Luego quieren pruebas: fotos de festejos familiares, por ejemplo", cuenta Salvatori-Wolters. Esto de los matrimonios por papeles las mujeres "no lo hacen porque sean parásitos de los aparatos estatales, como podría pensarse, sino porque su objetivo es trabajar".
El motor económico
"Y lo hacen hasta reventar", recalca. Las mujeres inmigrantes se encargan de la manutención de la familia aquí y, sobre todo las latinoamericanas, "trabajan como burras". Con ello, mantienen a los hijos y al marido quien con frecuencia, es su parásito. En este submundo, donde los papeles están invertidos, las mujeres no tienen más poder por ser las que ganan el dinero.
"Para ellas no queda nada, pues todo se invierte en la familia. Cuando no tienen hijos quizá quede algo para ellas. Pero la mayoría tiene hijos, aquí o allá en el otro continente. Y en su pensamiento están siempre con su familia y con sus obligaciones. Se trata por lo general de personas de las clases sociales más bajas, sin demasiadas perspectivas en sus países de origen. Las mujeres inmigrantes de Latinoamérica sólo tienen obligaciones sobre su espalda. El marido que bebe y quizá le pega, los hijos, la familia en el país de origen que cuenta con el dinerito… ¿Una que se dé la gran vida? No se me ocurre ni una sola", concluye.
Artemisa Noticias / DW-WORLD



















































Rosario Rocha dijo
somos una fundacion que trabaja dia a dia contra la violencia familiar tenemos un refugio para victimas de violencia familiar, desastres como: incendios, inundaciones y familias sin hogar. nuestro trabajo empeso en el año 1999 cuando un grupo de madres victimas de la violencia familiar nos unimos para formar un comedor y un pequeño refugio para nuestro barrio ya que es un barrio humilde ubicado en la ciudad de la plata, en la republica Argentina.
necesitamos de una gran ayuda economica ya que cada vez son mas los casos de violencia por parte de los padres de familia, y son muchas las madres que llegan a nuestro refugio en busca de sustento.
desde ya, muchas gracias
19 Enero 2009 | 09:54 PM