Migraciones: El sueño americano
Por A. CH. | 19.10.2006
¿Por qué migran las mujeres? ¿Por qué los hombres? ¿Por qué ellas suelen ocuparse de los trámites? ¿Qué son y cómo funcionan las fronteras? UNIFEM y la secretaría de Relaciones Exteriores de México impulsaron un estudio sobre la migración de Mujeres a los Estados Unidos que da cuenta de las singularidades de los flujos de migración femenina en la región, la antigüedad, los efectos y el impacto sobre las mujeres que se han convertido, según los datos, en el sujeto activo del fenómeno.
El fenómeno de las migraciones se ha convertido en una de las constantes latentes y silenciosas de la globalización. Pero ese proceso ha empezado a darle visibilidad a un nuevo sujeto activo: la mujer.
Pero la migración es un fenómeno que acompañó a la humanidad desde sus orígenes. Las guerras, la pobreza, los conflictos políticos y religiosos, los desastres naturales fueron las distintas causas de los movimientos migratorios, desde siempre y aún ahora. Así, las personas van en búsqueda de seguridad, de un mejor trabajo, o simplemente de una mejor vida.
Generalmente y a lo largo de toda la historia, el sujeto activo en los movimientos migratorios siempre fue el hombre. La mujer se quedaba en su país de origen o solía migrar, en todo caso, como acompañante. Pero desde los años 70, las cosas han cambiado: el lugar de destino es mayoritariamente Estados Unidos, y el papel de las mujeres pasó a ser verdaderamente activo.
¿Qué representan las fronteras para aquellos que se trasladan? En la respuesta a esta pregunta hace hincapié un informe de Mujeres Sin Fronteras – Una mirada para reflexionar sobre la migración de mujeres centroamericanas y mexicanas a Estados Unidos de Mariliana Montaner dadas a conocer por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) y la secretaría de Relaciones Exteriores de México. Según la investigación, el concepto de frontera suele definirse como el límite que defiende la identidad. La frontera protege la seguridad y la soberanía territorial. Pero la globalización ha desdibujado esas categorías: la existencia de esos significados presenta contradicciones incluso políticas dado que en diferentes partes del mundo ya casi están extinguidas, como en la Unión Europea, aunque estén anuladas solamente para sus ciudadanos.
Por lo general la frontera significa un lugar de intercambios de todo tipo: culturales, de poblaciones y mercancías. Como destaca el informe, puede representar un beneficio o una amenaza, según desde dónde se lo evalué. Puede ser un arma de protección cuando el fenómeno es mirado desde adentro de las fronteras, pero representa el miedo, el peligro y la exclusión para quienes quieren atravesarla desde afuera.
Miles de personas cruzan durante el día y la noche la frontera sur de México. Proceden desde todas partes del mundo, la mayoría en busca del famoso “sueño americano”. En el paso obligado por México, muchos emigrantes irregulares se convierten en víctimas de abusos de todo tipo, incluida la violación y extorsión sexual a las mujeres.
Otro peligro para destacar son “las maras”, las bandas de jóvenes que cometen todo tipo de actividades delictivas contra las y los migrantes.
En las líneas fronterizas, donde confluyen estos fenómenos de diversa índole es donde actúan organizaciones, como por ejemplo Sin Fronteras y otros grupos solidarios y religiosos, quienes intentan brindar el apoyo necesario a una numerosa cantidad de emigrantes que al desplazarse por la zona sufren algún tipo de maltrato. También interviene en esta tarea la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), fondo creado por Canadá, Estados Unidos, México, Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y República Dominicana, países participantes en la Conferencia Regional sobre Migración (CRM).
La llegada
Después de años de existencia de los movimientos migratorios las mujeres comenzaron a ser estudiadas. Aproximadamente, en los años `80 empezaron a formar parte de diversos tipos de análisis sobre la migración.
Según los nuevos datos, la mayoría de las mujeres que cruzan la frontera lo hacen en condición de indocumentadas, es decir, entran a escondidas, caminando o en camiones, generalmente de noche. Investigaciones realizadas en la frontera sur de México dan cuenta de que 70 por ciento de las mujeres sufren algún tipo de violencia y sesenta por ciento algún tipo de abuso sexual. Muchas permanecen en la zona fronteriza ejerciendo el comercio sexual eventual a fin de conseguir dinero suficiente para el viaje. Algo para destacar, es el hecho de que entre ellas suele existir un sentimiento de que todos los abusos a los que son sometidas forman parte del precio que deben pagar por el viaje.
Para dejar su comunidad e ir en búsqueda de una vida mejor que les permita juntar el dinero necesario para apoyar y cuidar de sus familias, necesitan de una red solidaria que las ayude. Generalmente este acto de solidaridad es ejercido por la madre, abuela o hijas mayores que quedarán como encargadas del cuidado de los hijos más chicos. El trabajo más común que intentarán conseguir en el país receptor es el de empleadas domésticas, y también trabajadoras en cafeterías, hoteles y empacadoras. Por lo general las indocumentadas reciben los peores salarios y las peores condiciones laborales, ya que no cuentan ni con respaldo sindical ni con beneficios sociales. Estos ingresos, por precarios que sean, son destinados al sustento de la familia que ha quedado en el país de origen.
La migración mexicana hacia Estados Unidos es el flujo de migración más importante por su gran volumen, y es también la más antigua de las corrientes migratorias hacia la Unión Americana. Existen razones históricas para que esto sea así: la emigración a Estados Unidos es parte de la historia política, económica y cultural de México. Las relaciones entre estos dos países han sido siempre de necesidad y de rechazo. Los sentimientos de racismo, nacionalismo y xenofobia aumentan en contra de los mexicanos y otros extranjeros en Estados Unidos y, por otro lado, muchos mexicanos se sienten dueños de las tierras porque no hablan de que cruzaron las fronteras, sino de que las fronteras los cruzaron a ellos después de los tratados firmados entre ambos países al delimitar sus territorios.
Hoy en día las mujeres mexicanas en Estados Unidos representan 45 por ciento de la población de ese país que vive y trabaja en Norteamérica. La motivación principal para cruzar la frontera norte, como ya se ha señalado, es de carácter económico. Sin embargo, otra razón de bastante peso es la posibilidad de liberarse de la autoridad paterna. En este sentido, Norteamérica representa un espacio donde es posible independizarse con un trabajo y un dinero propio.
En el caso de mujeres casadas, que emigran con su familia, se dan transformaciones en los roles. Ellas asumen, más que los hombres, la responsabilidad de vincularse con la sociedad a la que llegan. Suelen encargarse de los trámites que se necesiten, tanto en materia de salud como de educación.
El tránsito de uno a otro país las hace padecer distintos tipos de flagelos entre los que se encuentra la Border Patrols o Cazamigrantes que los persigue y los detiene con una tecnología de avanzada. La constancia de ese tipo de flagelo ha hecho ver la necesidad de que los países de destinos --en este caso EE. UU—generen algún tipo de acuerdo migratorio con los lugares de origen de la migración para lograr una revalorización de los derechos humanos de quienes se suman a estos movimientos. La ciudadanía que es sólo un privilegio de los que nacieron dentro de una frontera, para los emigrantes significa un motivo más de discriminación y exclusión.
Al atender la situación de las mujeres migrantes el informe plantea la necesidad de una mayor cooperación para que ellas, las que cruzan las fronteras, puedan hacerlo con pleno respeto de sus derechos. Y también con la seguridad de que sus seres queridos y las familias que permanecen en su lugar de origen estarán a salvo y gozando de aquella vida digna con la que sueñan para que no sea solo un “sueño americano”, sino mundial.
Artemisa Noticias / UNIFEM


















































