La Coctelera

Blog de Beatriz Garrido

MUJERES EN LA BLOGOSFERA

12 Octubre 2006

''Sólo una cosa no hay, el olvido''

Por Mabel Bellucci | 10.10.2006

El 11 de octubre nació Alicia Moreau, una incansable luchadora de los derechos femeninos. Artemisa Noticias recorre su vida desde el exilio londinese de sus padres, su paso por la medicina, las contradicciones y el empeño político de esta mujer que sacó los pies fuera del plato y se comprometió con el quebranto de los pobres por sus condiciones de vida y el sometimiento de la explotación capitalista.

A la memoria de mi entrañable amigo Emilio Corbière

Alicia Moreau nació el 11 de Octubre de 1885, durante el exilio de sus padres en Londres a consecuencia de la participación en la Comuna de París, el movimiento revolucionario en el que los trabajadores franceses sustituyeron al estado capitalista por su propio gobierno. Frente a la derrota de la experiencia, la familia Moreau se refugia un tiempo en Europa hasta recalar en Buenos Aires hacia 1890. Con un padre obrero de cuño librepensador, Alicia está preparada para soslayar las impugnaciones prejuiciosas de la Gran Aldea.

Mientras hace el magisterio en la histórica Escuela Normal Nª 1, la joven Moreau
se habitúa a convivir con el darwinismo social, la psicología moderna y la filosofía imperante de la época. Su compromiso humanista sumado al clima dialogal de sus íntimos, la conducen a la carrera de medicina sin atajos; se gradúa con diploma de honor, en 1914. Así, evocaba su elección:

“Con mi padre hablábamos de todo como lo hacen los amigos y con la mayor franqueza. Por eso no es raro que estudiara el cuerpo humano”.

Su caso no es único. Optar por una disciplina de pantalones con galera como eran las ciencias médicas a principios del siglo XX, fue una decisión sólo de mujeres osadas y desafiantes, como son los casos de Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Julieta Lanteri, Petrona Eyle, María Teresa y Leonor Martínez Bisso. En todas ellas hay un común denominador: apostar al delantal blanco y al estetoscopio, a la pancarta feminista y al socialismo.

En 1906, Buenos Aires prepara un acontecimiento de singular envergadura: el Primer Congreso Internacional del Libre Pensamiento, organizado por científicos, escritores e intelectuales, vinculados con la masonería. Alicia Moreau presenta su tesis La Nueva Escuela. De inmediato, el Partido Socialista le acerca su programa de reivindicaciones que contiene el sufragio universal; la ley de divorcio vincular; la reforma de la enseñanza; una instrucción laica, gratuita y obligatoria; igualdad civil para ambos sexos y para hijos legítimos e ilegítimos, entre otras conquistas a lograr. Dentro de las pautas programáticas del Congreso se incorpora ese punteo de demandas.

En el encuentro brilla con fulgor propio la pensadora libertaria Belén de Sárraga. En un cruce de charlas entre esa avezada activista española y nuestra joven inquieta, desfilan los grandes temas epocales. A partir de ese momento, Alicia Moreau ya es otra persona. Al respecto, diría:

“Mi influencia mayor fue la de Belén de Sárraga. Después de tratarla el mundo cambió para mí. Se amplió mi visión sobre lo social y sobre la mujer y sus derechos.”

Con 21 años, Moreau es contactada por el dirigente socialista Angel Jiménez, para organizar conferencias sobre educación anticlerical, pública y laica en la Biblioteca Popular Sociedad Luz, en la barriada proletaria de Barracas, ícono y tribuna cultural entre los trabajadores. Ella recuerda:

“Conservo de esas clases los mejores recuerdos. No había más que bancos de madera y una mesa, me instalaba con las piezas de anatomía para explicarles los males del alcoholismo, el tabaquismo, el hambre, las enfermedades infecciosas. Hablábamos de política, de los problemas sociales y familiares. Me acompañaba mi sobrino porque una joven era non santa si volvía a su casa sola pasadas las 11 de la noche”.

Para Alicia --como para el resto de sus camaradas-- la educación encierra una tentativa de transformar el orden instituido por el cual el ser humano y la sociedad se encaminan a su más amplia realización.

A esta altura, sus lecturas de autores anarquistas son desplazadas por la obra de Marx y Engels. Su tiempo no lo pierde en chácharas: y si bien se deja espacio para leer “La situación de los trabajadores en Inglaterra”, de Federico Engels también se lanza por los suburbios a alegar por las condiciones de pobreza de los conventillos y sus alrededores. No obstante, es consciente de su límite de clase:

“A los 14 años cuando iba a la escuela usaba sombrero. Cierto no era una proletaria. En la calle no recibía ni insultos. Tardé en darme cuenta de que no me respetaban por ser mujer sino porque usaba sombrero”.

Al activo compromiso con la clase obrera le suma su pionerismo feminista. Para la lucha y la polémica, ella con Elvira Rawson, Sara Justo y Julieta Lanteri crean el primer Centro Feminista y el Comité Pro-Sufragio Femenino en 1907. Un año más tarde, participa junto con Enrique Del Valle Iberlucea en la fundación del Ateneo Popular, dictan conferencias sobre ciencia, literatura, arte y editan La Revista Socialista Internacional. A fines de la década, la publicación cambia su nombre por el de Humanidad Nueva y es allí donde Alicia asume la secretaría y luego la dirección. Con el mismo entusiasmo enseña en el Colegio Nacional dependiente de la Universidad de La Plata y se revela como una apasionada oradora en los centros socialistas en la periferia de la ciudad.

Esta mujer saca los pies fuera del plato, se compromete con el quebranto de los pobres por sus condiciones de vida y por el sometimiento de la explotación capitalista. Ya se le acerca el momento de articular el ahínco profesional con el político partidario.

Llegado el Centenario, las feministas hacen lo suyo: abren el Primer Congreso Femenino Internacional, organizado por la Asociación de Universitarias Argentinas. Por esos días circulan por las galerías aggiornadas damiselas rioplatenses: Sara Justo, Irma Vertúa, Cecilia Grierson, Ada Elflein; Fenia Chertkoff, Ernestina López, Paulina Luisa, entre otras.

El estallido de la Gran Guerra de 1914 conmueve profundamente la conciencia mundial. La carrera armamentista, la fuerza militar de los estados y el belicismo ahora son parte de sus banderas de lucha, inspirada en el ideario de Jean Jaurés, un socialista a quien Alicia conoce en su paso por Buenos Aires. Hacia 1918, Alicia finalmente se lanza a la arena pública con la Unión Feminista Nacional, una agrupación que apoya el proyecto de ley de Del Valle Iberlucea sobre la emancipación civil de las mujeres. Sus puntos contemplan significativas demandas: I) democratización en el ámbito doméstico; II) cumplimiento a igual trabajo igual remuneración; III) capacitación laboral; IV) sufragio universal. En esta osadía parlamentaria la acompañan Elisa Bachofen, Adela García Salberry, Berta Gerchunoff. Ese es el comienzo pero es ancho e intenso su trayecto por conquistar el derecho de las mujeres a elegir y ser elegidas en el ámbito de la política.

Un año más tarde, participa con Alfonsina Storni, Gabriela Loperriere de Coni, Carolina Muzzilli y Julieta Lanteri en la creación de la Liga Contra La Trata de Blancas, dirigida por Petrona Eyle.

Al mismo tiempo, Moreau es designada por el Comité Ejecutivo Internacional de Obreras como representante de Argentina para asistir al Congreso Internacional de Obreras, en Washington. Su viaje por el imperio del Norte se prolonga por unos meses. Antes de partir, declara al periódico La Vanguardia del 5 de Agosto de 1915:

“Nuestras mujeres empiezan a reconocer que deben organizarse por la vieja lucha contra los prejuicios de los hombres que las consideran seres inferiores y para abolir las desigualdades salariales que se pagan por hacer el mismo trabajo.”

Las resoluciones finales del Congreso las presenta en la Conferencia Internacional del Trabajo. Entre las propuestas más significativas hay una legislación familiar para las obreras; implementación de 44 horas de trabajo semanal; 8 horas por día; protección a la maternidad; igual salario por igual trabajo. Al leerlas hoy, no deja de sorprender que aún muchas de esas demandas son causas que aún están pendientes.

Alicia queda magnetizada en los Estados Unidos por las acciones y formas de organización que lleva a cabo el movimiento feminista y ciertas mujeres díscolas y poderosas. Es el caso de Carrie Chapman Catt, la presidenta de la Asociación Nacional para el Sufragio Femenino (ANSF). Con rapidez entablan una relación de camaradería. Las invitaciones no terminan allí: es elegida apoderada al Congreso Internacional de Médicas que se realiza en ese momento en pleno centro neoyorkino.

Pese al reconocimiento recibido a su cometido intelectual y militante, en Buenos Aires recibe duras críticas por su compromiso con el sufragismo y la lucha parlamentaria por parte de corrientes libertarias. No obstante, Alicia logra entablar una conmovedora interlocución con Juana Rouco Buela, apasionada referente de cuño anarquista. La oportunidad se brinda durante el Tercer Congreso Internacional Femenino, que tiene lugar en un tórrido noviembre de 1928. Gabriela Mistral, Juana Ibarbourou, Herminia Brumana, Salvadora Medina, Paulina Luisi, Elvira Rawson, Adelia Di Carlo, se hacen presente.

En 1921, Moreau se afilia al Partido Socialista, es miembro del Comité Ejecutivo del partido y directora del periódico La Vanguardia; aunque nunca logrará ocupar una banca en el Parlamento.

Entre el ‘36 y el ’39, cuando la Guerra Civil Española despliega toda su furia, Alicia organiza campañas de solidaridad en apoyo a la República. Además, en los mitines y programas radiales descarga lo mejor de su oratoria.

Irrumpe el peronismo en la escenografía política local. Este momento histórico, plagado de desencuentros, el socialismo y el peronismo no logran un diálogo sino una disputa como enemigos políticos. Alicia no queda al margen de la confrontación por el imaginario obrerista.

Mientras tanto, escribe mucho, muchísimo: Feminismo e Intelectuales; La Escuela Laica; La Moral de la Naturaleza; El Aire Contaminado y La Higiene Social.
Con devoción de fan, admira el pensamiento de Rosa Luxemburgo, María Montesori y Clara Zetkin. Publica dos libros: La mujer en la democracia (1944) y El socialismo según Juan B. Justo (1946). Dirige Nuestra Causa, la revista Vida Femenina (1933). Colabora en Anuario Socialista (1935), en el periódico La Vanguardia (1956/1962).

Hacia los sesenta apoya la Revolución cubana y la condición de una reforma agraria en América Latina. Con sus noventa a cuestas, en 1975, es una de las voces que denuncia la violencia de la Triple A desde la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. La última dictadura militar la encuentra firme y tenaz, con su ideario y su mancomunidad. Acompaña al movimiento de Madres de Plaza de Mayo en sus históricas rondas de Aparición con Vida; presenta peticiones de libertad a la Junta Militar y a los jueces. En 1980, es una de las encargadas de recibir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA como también una opositora frontal a la Guerra de las Malvinas.

El primer 8 de Marzo en democracia, Alicia integra la multitudinaria manifestación; arengando las inaugurales consignas feministas de los ochentas.

Un 12 de mayo de 1986, muere lúcida a los 101 años. A esta mujer revulsiva, hecha de potencialidad y de contradicciones, vale una cita borgeana: “Sólo una cosa no hay, el olvido".

Artemisa Noticias

Tags: politica, mujeres

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Licenciada Francis Saucedo Zavala

Licenciada Francis Saucedo Zavala dijo

México, D. F. a 14 de enero de 2009.

NO A LA GUERRA

SEÑOR DIRECTOR:
La Guerra Israel/Gaza no puede continuar. Es demasiado dolor provocado por unas cuantas cabezas que deciden seguir destruyendo, no importando el resultado de todo esto. Estoy segura que muchos, millones de nosotros estamos en desacuerdo con las guerras cuyo propósito es destruir poblaciones enteras.
Estimo que ganaremos la verdadera libertad y felicidad cuando en ningún rincón del mundo haya injusticias, violencia o guerras. Si cada uno de nosotros podemos y somos capaces de construir nuestras vidas… por qué no hacerlas dignamente…de todos modos el tiempo pasa… de todos modos seguimos viviendo de cualquier manera, pero por qué no pensar de vivir siendo justos en nuestro actuar.
En uno de los artículos titulado: Un Universo de Amor-Odio, el Humanista L. Ronald Hubbard señala: Por qué el hombre castiga al Hombre es un misterio, pues el Hombre por donde se le mire está rodeado por enemigos naturales. Bestias salvajes, insectos, bacterias, tifones, calor enardecedor y fríos bajo cero por igual esperan al imprevisor y al ambicioso. ¿No es esto suficiente castigo por la fechorías sin la crueldad agregada y el sadismo del Hombre hacia sus congéneres?...Que este universo esté parcialmente compuesto de odio no le autoriza al hombre a odiar al hombre, a las mujeres a odiar a las mujeres. Aquel que trata con el odio anuncia ya el hecho de que el universo mismo lo ha privado de sus derechos y de que ya no profesa por la propiedad de las montañas, las planicies, los cielos y los mares. Llevado de regreso dentro de la cueva del terror ante los impresionantes elementos, solo le queda suficiente coraje para mostrarle sus dientes a aquellos cerca de él
Sólo aquellos perdidos para sí mismos pueden creer que su enemigo es la Humanidad…”
Gracias por leer estas líneas.
Atentamente,
Licenciada Francis Saucedo Zavala
fransaucedo@hotmail.com

14 Enero 2009 | 10:11 PM

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