Chile: Cambios, miedos y convivencia
Haydée Rojas Escobar*
Pedro Güell Villanueva (49 años) es uno de los sociólogos chilenos más reconocidos. Su inteligencia intuitiva y sus acertados análisis de la realidad lo convierten en un pensador social. Estudió en la Universidad de Chile y posteriormente realizó un doctorado en Sociología en la Universidad de Erlangen-Nürnberg, Alemania. Actualmente, es el Coordinador del Informe sobre Desarrollo Humano en Chile que cada año elabora el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).
— Pareciera que es cierto que Chile es un país maníaco-depresivo, como dicen algunos, pues de la euforia y optimismo del año pasado caímos en la depresión y el pesimismo. ¿Qué nos está pasando?
— Estamos en medio de un cambio cultural muy agudo respecto de las formas tradicionales de organizar la convivencia y el poder. Estas transformaciones nunca y en ninguna parte son lineales, pues están hechas por personas y, por lo mismo, avanzan por vías curiosas, con acciones y reacciones. Por lo mismo producen bastante incertidumbre. Es probable que en Chile estemos pasando por un cierto periodo de perplejidad y temor respecto de las consecuencias de los cambios que nosotros mismos hemos empujado.
— ¿Por qué asustarse ahora con los cambios, si no hay hechos negativos, ni económicos ni políticos que así lo indiquen?
— Es cierto que parece una paradoja, pero creo que pueden señalarse tres factores. El primero es que el cambio ha sido muy fuerte, en muy poco tiempo, y eso provoca por sí mismo una irritación, independiente de si sus consecuencias son favorables o desfavorables. De repente el mundo conocido parece no estar más ahí. No hay que olvidar que en los últimos años hemos sometido a las elites tradicionales —una suerte de garantía del buen orden— a una fuerte desmitificación en todos los campos, desde sus comportamientos sexuales hasta los económicos. También los estilos de vida y las opciones valóricas de las personas comunes y corrientes han cambiado notablemente al calor del aumento del consumo y de la influencia de los medios. Y, como si fuera poco, acabamos de elegir a una mujer como presidenta que, además, no era una líder política histórica.
El segundo factor es que como sociedad nos ha costado mucho crear relatos colectivos que nos describan el sentido de estos cambios y nos ayuden a navegar en ellos. Las transformaciones que no van acompañadas de una cierta descripción histórica creíble de hacia dónde vamos, y por qué vamos hacía allá, tienden a aparecen como cambios compulsivos y arbitrarios. Y eso es lo que provoca más temor; no es tanto la fuerza de los cambios, sino que la idea de vivir en la niebla sin saber hacia dónde vamos. A pesar de toda la modernidad, los humanos somos una especie que requiere de cuentos cálidos para vivir, hacer bien el trabajo y dormir tranquilos. Ignorar este hecho es una de las debilidades de la política tecnocrática.
El tercer factor, por lo demás bien pedestre y predecible, es que siempre hay sectores interesados en conservar las cosas como están cuando les conviene, y la mejor manera de que disponen para esto es hacernos creer que si hacemos cambios iremos hacia el despeñadero, el caos y la ingobernabilidad.



















































Fran dijo
...la eterna disputa del ke mucho tiene y el ke mucho necesita. Hacia donde vamos?, algun dia nos pondremos de acuerdo?.
Gracias por el dato.
5 Octubre 2006 | 02:52 PM