Por Daiana Rosenfeld | 31.5.2006
Cada vez son más las personas de tercera edad -especialmente mujeres- que salen de sus casas para participar de talleres artísticos, debates de actualidad, cursos o acudir día a día a una institución que quizá nunca antes conocieron y o que ya estaban extrañando: la universidad. Las ofertas son tan variadas como las motivaciones que las llevan a empezar de nuevo.
En Argentina se está ampliando la oferta educativa dirigida a los mayores y esto contribuye a integran a las personas en un nuevo ámbito social, a mejorar su calidad de vida y a fortalecer el intercambio generacional con los más jóvenes. Son adultos mayores, técnicos, amas de casa, profesionales y jubilados que decidieron, pasados los 50 años, retomar con sus cuentas pendientes y mantenerse activos. Para ellos, hay una amplia gama de lugares a los que pueden acceder.
En la Universidad Nacional de La Plata, el Consejo Municipal de la Tercera Edad en convenio con la Facultad da cursos de capacitación, acceso y uso de internet, talleres de murga, de tallado en madera y folclore, de escritura y de estimulación y ejercitación de la memoria. "Este es uno de los ejercicios fundamentales porque si con la madurez se produce un deterioro en la memoria, la idea es que de a poco puedan ir recuperándola con juegos como palabras cruzadas, tratamientos y tareas para que se lleven a su casa y sigan ejercitando", explica el médico gerontólogo Carlos Benahin, quien recomienda esta actividad para sus pacientes.
Otro de los programas educativos para adultos mayores es Universidad de la Tercera Edad, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Lomas de Zamora para mayores de 60 años. El programa contiene clases que se dan de forma gratuitas y abarca áreas como periodismo, francés, historia o psicología. Mario, de 62 años, vecino de Lomas, es un economista jubilado que realizó el taller de periodismo: "Siempre, me interesó la comunicación y nunca pude hacer nada relacionado con eso. Tuve que esperar a jubilarme para hacerlo, ahora quiero sacar un diario barrial y emplear mis conocimientos en economía para el bien de todos".
"Yo soy promotor de que las personas mayores cumplan sus asignaturas pendientes: que puedan cantar, bailar, expresarse, todo es válido y bueno para la salud. Tienen que sentirse activos y productivos para no caer en las enfermedades psíquicas típicas de la edad, como la depresión", explica el gerontólogo.
El camino del arte
Lurry tiene 65 años y estudia la carrera de Artes en la Universidad de Buenos Aires. Es docente jubilada, fue directora de una escuela primaria durante dos décadas y actualmente trabaja como operadora en psicología social con menores en situación de riesgo social y en talleres de arte infantil y adolescente en la localidad bonaerense de Morón. Hizo el Ciclo Básico Común para ingresar a la Facultad y ya cursó tres materias de la carrera.
"Siempre me lo debí, era como una materia pendiente estudiar arte. Si logro hacer la carrera es porque quiero mantenerme joven, relacionarme con gente joven, con las nuevas ideas y las nuevas problemáticas. Hacer esto a mi edad es un desafío de vida" cuenta.
El gerontólogo cree que actualmente hay una mayor difusión de este tipo de actividades: "Con la idea y los valores de 'prolongar' la juventud y la vida, las personas mayores quieren mantenerse más activas. Hoy en día ellos mismos reclaman este tipo talleres".
Jorge, de 66, es odontólogo jubilado y está en tercer año de la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires. "Es un estudio que siempre me apasionó y que por mi profesión nunca tuve tiempo de hacer. Me interesa el análisis social y la crítica, me gustaría escribir columnas en los diarios", cuenta y reconoce que se animó a empezar a esta edad porque antes las profesiones y las carreras no se elegían tan fácilmente: "Mis padres me presionaron para que sea dentista, pero yo en el fondo quería hacer otra cosa".
Las mujeres son más
Uno de los programas más completos es el de Extensión Universitaria del Rectorado de la Universidad de Buenos Aires, en Centro Cultural Ricardo Rojas, en Capital Federal. Está desde hace más de diez años, hace siete que es arancelado y cuenta con cuatro objetivos principales: facilitar la revalorización social e individual de la tercera edad, modificar los conceptos tradicionales, acercar la Universidad y brindar posibilidades de formación e información para los adultos mayores.
El 80 por ciento de los alumnos que concurren son mujeres, con estudios secundarios en su mayoría o muchos profesionales como abogados, contadores o docentes. Sin embargo, tener un título no es un requisito para participar. "El hecho de que haya más mujeres en los cursos que varones, tiene que ver quizá con que ellas tienen menos miedo de socializar, de salir a la calle y de ser más activas. Pero no hay una respuesta científica para eso", opina el gerontólogo. No hay que olvidar tampoco que muchas, que estuvieron toda su vida dedicadas a la casa y a los hijos, recién cuando los chicos se van de la casa empiezan a pensar en hacer algo para ellas.
El Centro Cultural ofrece cursos destinados al cuidado del cuerpo como natación, hidrogimnasia, expresión corporal y técnicas para mejorar la postura y la salud del movimiento. En el área de arte, literatura y creatividad, hay talleres de narración oral, taller literario, literatura argentina, teatro, historia del cine, música, fotografía y pintura al óleo. También hay cursos destinados al pensamiento filosófico, a la sociología, a la religión, la historia del arte, el derecho y la historia política y social.
Andrea Matallana es la coordinadora del Programa de Adultos desde 2002 y cuenta que en los últimos cuatro años el proyecto ha crecido a un ritmo de 500 inscriptos nuevos anualmente. "Ya no podemos satisfacer la demanda. No crecemos más porque no tenemos la infraestructura suficiente y porque para eso están las facultades y las otras instituciones que realizan actividades parecidas" explica.
Hay 190 talleres y más de 40 docentes que tienen entre 30 y 40 años. Cada uno de ellos se especializa en las materias que dan y establecen un fuerte lazo de comunicación con los alumnos.
Esther, de 78 años, terminó la secundaria hace más de 70 años y desde hace tres que forma parte del coro del Rojas. Es rionegrina, se recibió en la escuela secundaria de perito mercantil y se dedicó a ama de casa. También hizo un taller de creatividad, de lectura crítica de los medios de comunicación y de expresión corporal. "Me sirve para disfrutar de mi tiempo, conocer gente nuevo, y hacer lo que en ningún otro momento de mi vida hice: cantar, compartir el arte. El taller de crítica de los medios de comunicación me sirvió para entender un poco más la realidad que vivimos hoy en día, para no creer en todo lo que nos dicen y para no vivir paranoica encerrada en mi casa" explica.
Idiomas, computación, arte, tango, historia, filosofía y coro son los que más convocan. Matallana explica que al programa acude tanta gente porque "es un espacio abierto, donde la fortaleza es la calidad de los conocimientos, el trato de igual a igual (tener más de 50 años no es una enfermedad, ni un problema, es una etapa más de la vida activa de una persona), y la gente, que viene con diferentes motivaciones: asignaturas pendientes, ganas de encontrarse con pares, saber más de lo que ya sabía, o simplemente discutir sobre temas que le importan con sus profesores y compañeros".
Actualmente, en el programa del Rojas se gestó una cooperativa de turismo manejada por los alumnos, un coro "El Abeto" con setenta coreutas que hacen presentaciones todo el año en diferentes lugares. Además, se editaron libros en los talleres de Narrativa, que permitió a los alumnos ganar premios de literatura. "Estos son todos logros de los alumnos y de su relación con los profesores, en un espacio abierto, donde todos aprendemos mucho", explica Martallana.
Benhain considera importante fomentar una actividad física y mental en las personas de la tercera edad para combatir la obesidad y el sobrepeso a nivel físico. Pero además, coincide con la coordinadora de los cursos del Rojas para adultos mayores en que lo importante es que los adultos pueden encontrarse con un núcleo social de contención, de salidas y paseos. "Este tipo de actividades cotidianas es altamente positivo, los abuelos no caen en el encierro y la depresión", concluye.
Artemisa Noticias











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