La Coctelera

Categoría: Sociología

América Latina y el enigma de la izquierda

IPS

Mario Osava, desde Río de Janeiro

La oleada de gobiernos que se dicen de izquierda en América Latina, consagrados
en 12 elecciones realizadas en los últimos 13 meses, no alcanza a constituir un
movimiento regional ni a señalar un rumbo homogéneo.

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=39712

Sociología Militante

Antroposmoderno

Comprometiendo la tramposa neutralidad. Posicionando a la Sociología Militante

Por Bosco Camilo González
Entender las multiples funciones de la sociología pasa necesariamente por comprender a ésta en una posición específica dentro de una estructura social mayor que se caracteriza por dotarse de dispositivos de apropiación del conocimiento por parte de las clases dominantes, es decir, una sociedad dinamizada por el antagonismo que organiza los conocimientos en virtud de los intereses de clase que a él le subyacen.

http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=1033

La economía participativa

AGENCIA LA VACA

Michael Albert y Robin Hahnel escribieron estos once conceptos claves sobre economía participativa (parecon en inglés) con la intención de debatir una alternativa de producción no capitalista. Albert además entrevistó al activista argentino Ezequiel Adamovsky para conocer las diferencias entre sus conceptos teóricos y las prácticas de los nuevos movimientos sociales argentinos. En este informe, todo el material disponible sobre el tema en español.

La economía participativa (parecon en inglés) es el nombre de un tipo de economía propuesta como alternativa deseable al capitalismo. Los "autores" de esta propuesta son Michael Albert y Robin Hahnel. Los valores que intenta conseguir la economía participativa son: equidad, solidaridad, diversidad y auto-gestión participativa. Las formas institucionales para conseguir esto incluyen la democracia directa, los complejos de trabajo equilibrados, la remuneración acorde al esfuerzo y sacrificio, y la planificación participativa.Hay mucho material en inglés sobre la economía participativa, incluyendo cinco libros de los autores, todo ello en línea en ZNet [www.parecon.org]. Es nuestro objetivo ir presentando este material en español poco a poco, a medida que lo vayamos traduciendo. Empezaremos con una serie de artículos que da una visión general e invita a la reflexión y la discusión.

Once comentarios sobre el programa y la visión de futuro de la economía participativa
por Michael Albert

I. El movimiento por una economía participativa
Introducción a la economía participativa, innovadora propuesta económica para superar tanto el capitalismo como la planificación central dirigida.

II. Remuneración justa
¿Cuál debe ser la base de la remuneración? El autor sostiene que no debemos remunerar ni el capital ni la productividad de cada uno sino el esfuerzo y sacrificio en el trabajo.

III. Un programa para conseguir una remuneración justa
Debemos luchar por todas aquellas medidas que redistribuyan los ingresos de arriba abajo: veamos cómo.

IV. Auto-Gestión
Qué significa auto-gestión y por qué creemos en ella.

V. Un programa para conseguir la auto-gestión
Si creemos en la auto-gestión como objetivo, ¿por qué cosas debemos luchar?

VI. Trabajo digno
¿Cómo sería una división justa de tareas para cada persona, y cómo dividir las tareas para que nuestro trabajo fomente la auto-gestión?

VII. Un programa para conseguir trabajo digno
Cómo hacer para que todos los trabajos sean dignos y enriquecedores, empezando por los propios movimientos.

VIII. Asignación participativa
La asignación de recursos en economía puede hacerse de forma participativa, no es necesario ni el mercado capitalista ni la planificación central dirigida.

IX. Un programa para conseguir la asignación participativa
Demandas a corto plazo para incrementar el poder de trabajadores y consumidores, así como limitar los efectos nocivos del mercado capitalista.

X. La economía y el resto de la sociedad
¿Qué relación tendría la economía participativa con la sociedad? Veamos cómo encajaría con una concepción social más justa y democrática.

XI. El programa de la economía participativa
Como colofón a la serie, se presenta un programa económico actual que sirviera para mejorar la vida de la gente hoy y a la vez sentar las bases para mejoras futuras.

Otros artículos

Introducción a la Economía Participativa
Kate Redmon entrevista a Michael Albert: ¿Qué es la economía participativa?

Colectivo Mondragón: La experiencia de la librería y cafetería Mondragón
Origen, historia, estructura organizativa y otras características de una empresa diferente

Brian Dominick: Economía participativa, anarquía y política
¿Qué papel ha de jugar el estado en una economía participativa?, ¿y en el paso de un modelo diferente hasta llegar al modelo "parecon" de Albert y Hannel?. Brian Dominick nos da su opinión sobre estos temas, aclarando puntos clave sobre este sistema económico.

Michael Albert: ¿Cuba sí?
Artículo fechado en 1989 en que el autor proponía el parecon (economía participativa) como estructura económica para Cuba en los difíciles momentos que atravesaba ésta tras la desaparición de la URSS

Michael Albert: Autonomía entre la solidaridad
M. Albert analiza los inconvenientes de la fragmentación en los movimientos de izquierdas y las ventajas de la unión de todos ellos basada en la suma de sus enfoques. Para ello propone un nuevo tipo de unidad que estaría basado en la solidaridad entre los grupos, al tiempo que mantienen su autonomía.

Paul Burrows: Creando instituciones alternativas
Paul Burrows nos habla de lo verdaderamente "revolucionario", que es crear instituciones alternativas dentro del sistema capitalista, analizando las dificultades para llevarlas a cabo, y los posibles criterios a seguir si seguimos las directrices del modelo económico "parecon" (economía participativa).

Brian Dominick: De aquí a parecon
Dominick describe el proceso necesario para llegar a la transformación de la sociedad en todos sus aspectos, principalmente en el económico, sentando las bases de una economía participativa.

Michael Albert: ¡¿Partidarios de los mercados?!
Albert critica a los izquierdistas que ahora alaban las ventajas del mercado, exponiendo los defectos de este y proponiendo como alternativa la Economía Participativa.

http://www.lavaca.org/seccion/actualidad/0/422.shtml
Estas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente (siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos que citaran la fuente.

Zygmunt Bauman

AGENCIA LA VACA

"Cada vez vemos más maldad y podemos hacer menos para detenerla"

Zygmunt Bauman es uno de los sabios del momento. Sociólogo, catedrático en varias universidades del mundo, fue el primer pensador que definió categóricamente la globalización. Y de prevenir al mundo de sus consecuencias. Ahora, acaba de editarse en España su nuevo libro, Comunidad. Aquí reproducimos los conceptos más importantes con los que presentó su trabajo ante la prensa española y sintetizamos su tesis Modernidad Líquida, donde anticipa los temas que en este nuevo libro profundiza.

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Zygmunt Bauman es uno de los sabios del momentos. Sociólogo, catedrático emérito de la Universidad de Leeds (Gran Bretaña), nació en Polonia en 1925, fue profesor en varias universidades del mundo y el primer pensador que desarrolló un diagnóstico social sobre el proceso que categóricamente definió en su libro La globalización y sus consecuencias humanas.

Bauman piensa y escribe bien y esto significa, entre otras cosas, no solo ser un intelectual sensible a los sufrimientos de su época, sino un escritor cuidadoso de las palabras y un sociólogo oportuno: cada libro de Bauman es una cita para pensar la realidad que todos los días nos presentan las noticias periodísticas de manera tan irracional y difusa.

El último libro de Bauman disponible en Buenos Aires es Modernidad Líquida, editado por el Fondo de Cultura Económica, escrito en junio de 1999 y editado al español en el año 2003, con todo lo que ese lapso de tiempo implica para el tema desarrollado. Ahora se anuncia la traducción al español de su último trabajo, titulado Comunidad.

Hasta tanto llegue a nuestras manos, reproducimos aquí la presentación que Bauman dio de este libro a los periodistas españoles.

Sintetizamos, también, los principales trazos de la teoría expuesta en Modernidad Líquida, para intuir cómo profundiza algunos de estos aspectos en su nuevo libro, Comunidad.

Lazos para una sociedad global:

Estos son los principales conceptos que desarrolló Bauman ante la prensa española al presentar su libro Comunidad:

Tele-visión y tele-acción:
"Tenemos todos los instrumentos para la tele-visión, pero apenas ninguno para la tele-acción: vemos más allá de lo que nuestras manos pueden alcanzar. Diariamente, contemplamos cómo se hace el mal, cómo se sufre el dolor, pero el desafío que ello representa para nuestros sentimientos morales queda en gran medida sin respuesta. No hay duda de que algunas de nuestras acciones y reacciones están inspiradas moralmente, pero sus efectos no llegan a compensar a la enormidad de cuestiones que los inspiraron. Somos demasiados conscientes de ello, pero no sabemos cómo superar la brecha".

Del "yo no lo sabía" al "cualquier cosa que haga no sirve de nada":

"Habiendo sido colocados en posición de espectadores (de testigos que ven cómo se hace el mal, pero que aún así no hacen nada para evitarlo, ni siquiera para prevenirlo) se nos ha privado de la excusa más común para la conciencia culpable: el "yo no lo sabía". La única excusa que queda es la que se apoya en la impotencia: "haga lo que haga no servirá de nada". Es una débil excusa, pero convincente incluso para nosotros mismos. Sospechamos -y con buenas razones-que más bien se trata de lo contrario: de que lo que hagamos o dejemos de hacer importa. Después de todo, en nuestro intercomunicado planeta dependemos unos de los otros, y lo que se hace en una parte del globo tiene un alcance muy superior a la visión e imaginación de sus actores. Somos, en un grado difícil de medir, responsable de la situación de los demás. Lo que ocurre es que no sabemos qué significa asumir esa responsabilidad y qué es lo que ello requiere. Y carecemos de los instrumentos que podrían lograr que nuestras preocupaciones e intuiciones morales reviertan en unas condiciones más decentes para la humanidad, haciendo al mundo más inhóspito para la indignidad humana y la humillación y más acogedor para la atención mutua y la solidaridad."

Qué hacer y quién debe hacerlo:El espacio planetario en el que se forman las condiciones de nuestras vidas compartidas parece completamente desregularizado: aunque supiéramos exactamente qué hacer para ajustar ese espacio a nuestros valores éticos, no sabríamos quién sería capaz de realizar esa tarea. En momentos de reflexión, sentimos que el espectáculo de ausencia de regulaciones sólo pueden servir como invitación a más desorden y que no hay ninguna fuerza a la vista capaz de romper ese círculo vicioso. Estamos en una era de experimentaciones, de ensayos y error. La mayoría de las consecuencias de la globalización acelerada no han sido previstas y todavía debemos aprender, probablemente a un alto precio, las habilidades sociales necesarias para hacerles frente y dominarlas".

La comunidad global:

"Es demasiado pronto para prever la forma final de la cohabitación humana planetaria. Hay una cosa que sí puede postularse: la perspectiva de una comunidad global es un horizonte último en el que debemos medir la pertinencia de cada paso que demos hacia su consecución. Una comunidad, para merecer tal nombre, debe apoyarse en la idea de que sus miembros asumen una responsabilidad compartida por cada cual. No puede haber una comunidad sin un sentido y una práctica de la responsabilidad. Y si la capacidad de carga de los puentes se mide por la fuerza de sus pilares más débiles, la solidaridad de una comunidad se mide por el bienestar y la dignidad de sus miembros más débiles".

La protesta global:

"Por ahora, lo que he emergido con las protestas globales en un sentimiento de comunidad planetaria. Ha sido un ejercicio mundial de empatía. Un descubrimiento de la semejanza de los seres humanos, de sus esperanzas y temores. Generalmente, concebimos al mundo poblado de grupos étnicos, culturales y religiosos incompatibles y hostiles. Las imágenes de la miseria humana provocada por la guerra revelaron la verdad oculta tras esa creencia común. Se descubrió como debajo de cualquier fragmentación subyace una humanidad compartida. Que son nuestras diferencias y no nuestras similitudes, las que están construidas artificialmente. La crueldad es crueldad se ejerza donde se ejerza y contra quienquiera que se emplee. Pero estamos todavía muy lejos de ser una comunidad planetaria, aunque este sentimiento de humanidad compartida es indispensable para alcanzarla algún día".

La lucha contra la desigualdad es la clave:

"No es concebible un avance decisivo hacia una sociedad civil global al menos que la desigualdad e injusticia planetaria, que subyace en el fondo de nuestras desconfianzas, prejuicios y enemistades mutuas, se afronten sin rodeos y se hagan serios y concertados esfuerzos por mitigarlas y recomponerlas a largo plazo".

Una posible síntesis de Modernidad Líquida

Didáctico como siempre, Bauman comienza desde la primera línea de Modernidad Líquida descubriendo las claves de la sociedad actual:

Los líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma.
No se fijan al espacio.

Se desplazan con facilidad ("fluyen, se filtran, gotean, inundan, manan, chorrean, exudan") y, por lo tanto, no es posible detenerlos fácilmente.

"Hay líquidos- advierte Bauman- que en pulgadas cúbicas son más pesados que muchos sólidos, pero de todos modos tendemos a visualizarlos como más livianos. Asociamos levedad o liviandad con movilidad e inconstancia: la práctica nos muestra que cuando menos cargados nos desplacemos, tanto más rápido será nuestro avance."

Estas son algunas de las razones que, para Bauman, justifican la fluidez o la liquidez como metáforas adecuadas para definir la modernidad actual.

"La disolución de los sólidos condujo a una progresiva emancipación de la economía de sus tradicionales ataduras políticas, éticas y culturales." Por eso, la principal técnica de poder "es ahora la huida, el escurrimiento, la elisión, la capacidad de evitar, el rechazo concreto de cualquier confinamiento territorial y de sus engorrosos corolarios de construcción y mantenimiento de un orden, de la responsabilidad por sus consecuencias y de la necesidad de afrontar sus costos".

Para que ese poder fluya, el mundo tiene entonces que estar libre de trabas, barreras, fronteras y controles. Ese ha sido el origen e impulso de la globalización.

Luego del diagnóstico, Bauman corta su tesis en cinco porciones abundantes: emancipación, individualidad, espacio/tiempo, trabajo y comunidad. Cada uno de estos territorios representan frentes de combate, en cuya tierra inundada por las aguas imperiales de la modernidad, hay que dar batalla.

Una posible síntesis de cada uno de estos capítulos podría ser:

Enmancipación: así como el capitalismo se ha emancipado de sus ligaduras (territoriales, políticas y éticas) así se ha resignificado el concepto mismo de liberación. "Sentirse libre de restricciones, libre de actuar según el propio deseo, implica alcanzar un equilibrio entre los deseos, la imaginación y la capacidad de actuar. Por lo tanto, el equilibrio puede alcanzarse y conservarse inalterable de dos maneras diferentes: angostando, recortando el deseo y/o la imaginación o ampliando la capacidad de acción".

Bauman se pregunta, varias páginas después:

"¿Y si como en el pasado, el remedio fuera marchar codo a codo y al mismo paso? Si las fuerzas individuales, débiles e impotentes cuando estás solas, se condensaran en la forma de una posición y acción colectivas ¿podríamos lograr juntos lo que ningún hombre o mujer soñaría con lograr por sí solos? Quizá... El problema, sin embargo, es que esa convergencia y esa condensación de preocupaciones individuales en forma de intereses comunes y luego, en forma de acción conjunta son una tarea titánica, ya que los problemas más comunes de los individuos, por destino, no son aditivos. No se dejan sumar en una causa común. Se pueden juntar, pero no cuajarán. Uno podría decir que son así desde el principio, de modo tal que carezcan de la interfaz necesaria para engancharse con los problemas de las otras personas".

La única ventaja de la lucha en común, asegura Bauman, es saber que los demás "también luchan a solas con sus dificultades. Pero lo primero que uno aprende en contacto con los otros es que la única ayuda que nos pueden brindar es el consejo de cómo sobrevivir en nuestra propia e irredimible soledad y que la vida de todos está llena de peligros que deben ser enfrentados y combatidos en soledad".

Es por eso que para Bauman, "la individualización ha llegado para quedarse; todo razonamiento acerca de los medios de hacer frente a su impacto sobre el modo en que llevamos adelante nuestras vidas debe partir de la aceptación de este hecho. El abismo que se abre entre el derecho a la autoafirmación y la capacidad de controlar los mecanismos sociales que la hacen viable o inviable parece alzarse como la mayor contradicción de la modernidad fluida, una brecha que por ensayo/error, reflexión crítica y abierta experimentación, deberemos aprender a enfrentar colectivamente."

Individualidad: "Nosotros es el pronombre personal más empleado por los líderes. En cuanto a los asesores, lo emplean muy rara vez: el nosotros es simplemente un conglomerado de yos y ese conglomerado, a diferencia del grupo, no es mayor a la suma de sus partes". Bauman comienza, a partir de esta premisa, un recorrido por el conglomerado de yos de la modernidad líquida. Su análisis del cuerpo, el consumo, la adicción, el concepto de salud, de belleza y el acto mismo de la compra representan una postal de época, rica en matices, aristas y profundidades.

Espacio/tiempo: Desde su libro La globalización, consecuencias humanas, este es el nudo de la teoría de Bauman: los estados/nación han perdido poder a manos de esos capitales especulativos porque unos están atados no solo a su territorio sino a las consecuencias políticas y sociales del ejercicio de ese poder; mientras que otros con un click de computadora mudan sus dineros hacia los sitios más seguros y rentables del planeta, estén donde estén. Aquí se sumerge aún más en estos conceptos. "La mayoría de los hábitos aprendidos para enfrentar la vida han perdido toda utilidad y sentido", describe Bauman, para darle entonces a esa categoría de espacio/tiempo una dimensión cultural y filosófica: "los hombres y las mujeres de hoy difieren de sus padres y sus madres porque viven en un presente: quieren olvidar el pasado y ya no parecen creen en el futuro. Pero la memoria del pasado y la confianza en el futuro han sido, hasta ahora, los dos pilares sobre los que se asentaba los puentes morales entre lo transitorio y lo duradero, entre la mortalidad humana y la inmortalidad de los logros humanos y entre la asunción de responsabilidad y la preferencia por vivir el momento."

Trabajo: Bauman observa el edificio municipal de su ciudad actual, Leeds. En su principal salón fueron escritas con oro y púrpura las sacrosantas palabras del capitalismo. Primero, ley y orden. Luego, lo más importante: "hacia adelante".

"Hacia adelante era el destino y el trabajo era el vehículo que debía llevarnos hasta allí", comienza Bauman. Esa idea de progreso y de confianza en la historia es lo que se ha derretido. Lo que queda, entonces, no es acumular en función del trabajo realizado, porque ya no representa el fundamento ético de la sociedad ni el eje ético de la vida individual. Para Bauman, la principal fuentes de ganancia de la modernidad son cada vez más las ideas y menos los objetos materiales. "Las ideas se producen una vez y luego siguen generando riquezas en función del número de compradores/clientes/consumidores y no en función del número de personas contratadas e involucradas en la reproducción del prototipo." Luego cita al inglés Robert Reich y su investigación titulado The Work of Nations (El trabajo de las Naciones), donde se clasifican las principales actividades económicas en las siguientes cuatro categorías:

Los manipuladores de símbolos, gente que inventa ideas y los modos de hacerlas deseables y atractivas para el mercado.

Los encargados de la reproducción del trabajo (educadores y diversos funcionarios del Estado)

Las personas que se ocupan de brindar servicios personales, que requieren un encuentro cara a cara con los destinatarios del servicio prestado.

Por último, los vendedores de productos.

El mundo fluido, señala Bauman, es el mundo del desempleo estructural, donde nadie puede sentirse ni seguro ni a salvo. "No existen habilidades ni experiencias que, una vez adquiridas, garanticen la obtención de un empleo y, en el caso de obtenerlo, éste no resulta duradero." Esta política de precarización -del trabajo y de la vida- es deliberada porque producen como resultado "la descomposición y el languidecimiento de los vínculos humanos, de las comunidades y de las relaciones."

Comunidad: Para Bauman la comunidad es una reacción previsible a la acelerado licuefacción de la vida moderna, "Una reacción ante su consecuencia más irritante y dolorosa: el desequilibrio, cada vez más profundo, entre la libertad individual y la seguridad."

Suponemos, entonces, que esta es la línea que desarrolla en su nuevo libro.

Estas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente (siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos que citaran la fuente.

Las ciencias sociales y el derecho a no olvidar

ALAI, América Latina en Movimiento
2006-12-12

Lizeth Jiménez
&
María Victoria García

Hablar de la memoria se ha vuelto un punto común de encuentro, un lugar familiar que como todas las familias, tiene miembros más cercanos y queridos y otros con los cuales necesitamos más tiempo para sentirnos cómodos y a gusto.

Hoy hablamos del “derecho a no olvidar”, pero memoria y olvido son dos caras de la misma moneda. ¿Cuál es la memoria y el olvido al que tenemos derecho? Vamos por partes y de la mano de Ireneo Funes[1], el personaje del cuento de Jorge Luis Borges que nos puede ayudar a entender algunos elementos de la “memoria”.

Ireneo Funes era un muchacho, con algunas rarezas como no darse con nadie y saber siempre la hora, como un reloj; por un golpe quedó paralítico, no se movía del catre, era un eterno prisionero. Antes del accidente había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado.

Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también [recobró] las memorias más antiguas y más triviales, poco después averiguó que estaba tullido. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles. De tantos recuerdos, un día señaló: “Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras”. Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Le era muy difícil dormir, porque esto es distraerse del mundo y sospecho que no era capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.

Las características de Funes, podrían ser lo que algunos piensan que es la memoria, recordar cada hoja de cada árbol de cada monte, es decir, recordar cada detalle, cada nombre, cada persona. Pero Manuel Cruz[2], nos dice que “algunos han llegado a considerar la memoria como un mero almacén donde se guardan los recuerdos, un repectáculo neutro de nuestras experiencias pasadas. Sin embargo, la memoria debe entenderse más bien como un conjunto de práctica, a través de las cuales los sujetos van elaborando su propia biografía. La memoria no conserva ni almacena, sino que destaca, señaliza, llama la atención: de ahí el tópico de su carácter cualitativo. Es el lápiz que subraya acontecimientos, momentos, personas que nos han hecho ser quienes somos y que han hecho de nuestro mundo lo que es ahora”.

Es evidente, como dice Cruz, que la memoria destaca, resalta y con ello favorece ordenar para dar sentido, dar identidad. Esto funciona así para las personas, y también de forma social, ¿cómo funciona esta cualidad de resaltar que posee la memoria?

Para adentrarnos en este derecho a no olvidar, voy a referirme a manera de ejemplo, al conflicto armado interno en Guatemala. Se ha vuelto común hablar de los 36 años que duró el conflicto. ¿A que nos refiere esta fecha? A los inicios de los años 1960, de las cuales algunos documentos dan cuenta y pocas personas hablan. Si continuamos con la metáfora de la memoria como el resaltador, intentaremos conocer el “olvido”, aquellas regiones opacas de la memoria, sobre las que se habla poco y tal vez como el personaje de Borges antes de quedar tullido, nos demos cuenta que hemos vivido como quien sueña: miramos sin ver, oímos sin oír, nos hemos olvidado de todo, de casi todo.

Revisando los periódicos de la época es posible constatar el clima político de Guatemala a principios de los años 60. Así, estos nos muestran que una serie de bombas de poco poder destructivo estallaron en los alrededores de la Casa Crema y el Palacio Nacional creando un ambiente de zozobra en la capital[3] y estudios posteriores señalan que eran las propias autoridades quienes realizaban estas acciones. Por su parte, en los departamentos, como Retalhuleu aparecieron rótulos incitando a la rebelión, firmados por (Frente Insurreccional Nacional) FIN, incluso en la Gobernación departamental, sin que se pudiera establecer quienes eran los autores[4].

Asimismo, se señalaba y podríamos decir que se acusa en los diarios a catedráticos universitarios de Quetzaltenango, de formar parte del Partido Guatemalteco del Trabajo y de haber asistido al tercer aniversario del triunfo de la Revolución Cubana. En estos se publicaron las cartas de invitación extendidas a los dirigentes estudiantiles y de organizaciones políticas de Los Altos[5].

En enero de 1962 fue asesinado el jefe de la policía judicial, Ranulfo González Ovalle, en la entrada de su casa y para darle seguimiento al caso se nombró a Jorge Córdova Molina, jefe del Departamento de Investigaciones Especiales[6]. Este hecho, al igual que las bombas, con el transcurso del tiempo le ha sido adjudicado al presidente de entonces.

Otro hecho que destaca es la desaparición de varios líderes políticos, los cuales estuvieron detenidos en el primer cuerpo de la policía y posteriormente fueron expatriados, algunos a El Salvador y otros a Costa Rica[7]. En este clima se gestaron las jornadas de marzo y abril de 1962 y simultáneamente se señalan los primeros “brotes subversivos en Bananera[8]”, encabezados por el capitán Yon Sosa y 40 hombres más que lo acompañaban.

Una nota periodística señala que a solamente 80 kilómetros de la capital sobre la carretera al Atlántico se libró en la madrugada del 8 de febrero de 1962, un encuentro entre los rebeldes y un contingente de tropas del regimiento Mariscal Zavala, resultando muerto un soldado y varios heridos, incluyendo al comandante de las fuerzas gubernamentales.

Los vecinos de la Sierra de las Minas despertaron sorprendidos a las dos o tres de la mañana al escuchar un fuerte tiroteo. Pudieron distinguir, el tableteo de las ametralladoras, los disparos de fusiles y estallidos de granadas que hicieron "zumbar" las esquirlas en distintas direcciones[9].

Una patrulla de la tercera zona militar de Zacapa, recorrían el tramo carretero entre los departamentos de Zacapa y el Progreso. En Teculután se informó que dos patrullas del ejército habían hecho contacto con los rebeldes y que como consecuencia habían resultado ocho muertos. La refriega al parecer, fue librada en el cruce de la carretera a Cobán y la ruta al Atlántico. Se notaban en el suelo huellas de tanques militares, pero no se confirmó su existencia.

Un capitán manifestó que debido a la calidad del equipo y la rapidez del armamento que llevaban consigo los rebeldes, hicieron una rápida retirada por las estribaciones de la Sierra de las Minas que colinda con las jurisdicciones de Tulumaje, Tulumajillo y otros lugares.

Por datos recogidos se tuvo conocimiento que los componentes de la guarnición militar de la población de Morales, se unieron al grupo de rebeldes después del asalto de Bananera.

Al mando de los grupos guerrilleros se encontraban siete subtenientes del ejército y un sargento de la policía militar, todos pertenecientes al movimiento armado del 13 de noviembre de 1960. Los mencionados jefes eran los subtenientes Marco Antonio Yong Sosa, Luís Augusto Turcios Lima, Luís Trejo Esquivel, Rodolfo Chacón, Julio Bolaños San Juan, Emilio E. Zaldivar, Benedicto Ramírez Huertas, Ronaldo Pazos Rossal (muerto en acción) y el sargento de la policía militar Antonio García López.

En esa misma fecha, los reporteros pudieron contemplar a pocos kilómetros de la capital, movimiento de pequeñas patrullas armadas del ejército y tanques, las cuales coparon los lugares adyacentes y la aviación hacía infinidad de vuelos de reconocimiento.

En El Progreso, vecinos de la población, refirieron que campesinos de las estribaciones de la sierra de Las Minas y del cauce del Motagua aseguraron a las autoridades que los rebeldes se encontraban perfectamente armados.

Lo amplio del terreno dio oportunidad a los rebeldes a dirigirse en direcciones caprichosas. Los nativos del lugar dicen que bien podía pasarse para Cobán, para Zacapa o Guatemala. Por ello los aviones de la FAG no descansaron tratando de encontrar un rastro que los lleve a la localización del grupo rebelde.

Un año después en 1963[10], en un informe gubernamental se lee que habían estallado 685 bombas en diferentes lugares de la capital y los enfrentamientos continuaban en el oriente del país. El ejercito de Guatemala implementó una ataque con unidades de tierra y aire en el Cerro el Granadillo a 25 Km. al noroeste de la ciudad de Zacapa, los miembros de la brigada militar capitán general Rafael Carrera, con el apoyo de unidades de la fuerza aérea guatemalteca, atacaron a la fuerza guerrillera, que había sido localizada en el lugar mencionado.

Al mismo tiempo se hizo saber que el mando del ejército estaba dispuesto a reprimir con la misma drasticidad cualquier acto similar que tendiera a alterar el orden público y la seguridad del país en cualquier lugar de la republica.

Esta es una pequeña muestra de lo que los diarios de la época reseñaron, no es todo lo escrito, ni quiso serlo, sólo queríamos provocar, alterar ese “dulce” espacio que nos promete el “olvido”.

Por su parte, algunas mujeres de Zacapa y Chiquimula compartieron sus vivencias de infancia y sus reflexiones de adultas sobre la época en cuestión. Las imágenes empiezan a fluir con filas de gente vestida de verde que dormían donde mi mamá y le pedían comida. Ellos estaban en contra de las autoridades, del gobierno. Desde mi pueblo era fácil huir para la Sierra de las Minas. Los que estaban con la guerrilla era gente conocida y gente sería, todos eran muy educados. Siembre iban de noche, nunca de día, todo era a oscuras porque en el pueblo no había luz eléctrica, sólo se veía claro en las noches de luna. Ellos hicieron varias reuniones en la aldea y le entregaron armas a la gente que se les unió. Después llegó el ejército y armó a todo el pueblo en contra de la guerrilla. Aparecieron muertas las seis personas del pueblo que se habían unido a la guerrilla, el ejército los mató. Ya después, Arana fue el comandante de la base Rafael Carrera, y allí la cosa cambió para peor.

De esto casi no se habla, ni en la casa, ni con la familia. Fueron tantas las penas que pasaron y tanto lo que sucedió que la gente se olvidó. Yo creo que cuando las cosas son tan tristes, la gente no quiere recordarse de nada.

Por su parte, algunos simpatizantes y otros, miembros de organizaciones guerrilleras, a quienes se les preguntó, qué se decía en su organización sobre el conflicto armado en Oriente, señalaron que: No recuerdan que se haya dicho mucho. Lo poco que se decía es sobre los sobrevivientes de esa época, contaban anécdotas.

Algunos señalaron ciertas razones para que “floreciera el silencio”, El movimiento 13 de noviembre quienes lo habían encabezado eran Turcios, Sosa y Trejo y el principal pecado era ser militares formados en la escuela de las Américas. Sin embargo admiraban a Yon Sosa y Turcios como personas pero no como parte del movimiento. En general dentro de la organización no se hablaba de eso.

Hay una relación compleja, nadie se siente heredero de la guerrilla de Oriente porque fue una derrota táctica de la guerrilla, luego porque habían posiciones ideológicas encontradas de cómo impulsar la lucha, si por la teoría de focos guerrilleros o de masa, pero también hay aprendizajes, se revisan errores y a partir de allí se define otra forma de operar. Más que en el Oriente del país, nuestro origen se reconocía en la Revolución de Octubre 44.

Como decíamos al principio, no se trata, como Funes de recordar cada hoja de cada árbol de cada monte, sino de asomarnos a la opacidad de la memoria y ampliar el derecho a no olvidar con lo vivido y apenas señalado en la región del Oriente del país.

¿Qué nos dicen estos olvidos y silencios? ¿Cómo se produce un vacío tan profundo de una coyuntura que evocando las noticias parecía imposible esconder? ¿Por qué nos vinculamos con ciertos acontecimientos y los asociamos con nuestro origen?

Hemos dicho que la memoria destaca, señaliza, subraya momentos del pasado, olvida y silencia, pero ¿Cómo? ¿A partir de qué? ¿Por qué ciertas memorias tienen éxito y la gente se adhiere a ellas, aunque no respeten la realidad del pasado? ¿Cómo se configuran los referentes con los cuales rememoramos e incluso inventamos? ¿Son individuales? ¿Son colectivos? ¿Cuál es el papel de la sociedad?

La memoria es individual, pero está inmersa en un contexto social y siempre es reconfigurada por él. Maurice Halbwachs insistió en la articulación que existe entre el individuo, el grupo y lo social en la memoria. Para dicho autor la memoria individual esta sustentada en los marcos sociales de la memoria colectiva. Es decir, la memoria de un individuo puede entenderse como una reconstrucción del pasado a partir de los marcos sociales presentes en su grupo, a partir de lo que tiene sentido para el grupo en la actualidad. La noción de marcos sociales, planteada por Halbwachs, hace referencia al medio social, los apoyos o “clavos” que permiten fijar los recuerdos (imágenes, mitos, lugares, formas de reflexionar, lenguaje). A los sistemas de lógica, de sentido, sistemas cronológicos (calendarios) y topográficos (lugares de memoria, organización espacial) que constituyen una especie de sistema general del pasado que organiza los recuerdos y los olvidos. No se trata de simples puntos de referencia en el tiempo y el espacio, sino de un conjunto de significaciones que son sociales y que están ligadas a la actividad de un grupo.[11]

Halbwachs consideraba que los grupos sociales eran determinantes en la definición de lo que es ‘memorable’ y de lo que no lo es. El autor asignaba un rol preponderante a la identidad social y grupal por sobre la memoria, así como al colectivo sobre el individuo, aunque sus planteamientos fueron después muy discutidos, su gran aporte fue el haber establecido el vínculo constitutivo entre memoria individual y memoria colectiva, así como el papel de la memoria en la constitución del orden social y la solidaridad.[12] Sin embargo dejo abierta la interrogante sobre cómo estos marcos colectivos son configurados y transmitidos.

Para visualizar algunos de estos elementos nos pareció interesante y útil recurrir a algunos ejemplos o casos sobre como ha funcionado la memoria en otras sociedades. Originalmente pensábamos compartir con ustedes tres ejemplos contemporáneos sobre aspectos políticos de la configuración y disputa por la memoria, un caso en Rusia, otro en Burkina Faso (África) y uno en Oaxaca (México). Finalmente decimos retomar solamente el análisis elaborado por María Ferretti[13] sobre los diferentes momentos memoriales impulsados por el gobierno y grupos de poder rusos a partir de la Perestroika[14] hasta la actualidad, Nos pareció que dicho análisis destaca con bastante claridad varios de los elementos que están en juego en las formas como evocamos el pasado. Entrando al caso, la autora identifica tres grandes momentos memoriales a partir de la Perestroika.

El primero es el de la Perestroika (1987-1989), cuando al limitarse la política de censura soviética, se hizo posible un discurso sobre el pasado que retomaba las experiencias más dolorosas de la historia de Rusia en el siglo XX (el estalinismo). En ese momento hubo una especie de despertar de la memoria, en el que las personas se reunían para hablar y relatar sus experiencias espontáneamente. Una de las características de este momento, según Ferretti, fue que la sociedad, el país en su conjunto, se asumió como responsable de lo sucedido y lo importante con esto fue que la colectividad se planteo como sujeto de la historia. En el seno de la historia oficial soviética había predominado la idea de que todo lo sucedido después de la Revolución de Octubre dependía de las leyes de la Historia y no de la acción humana. Con la nueva perspectiva se transmitía más bien un mensaje afirmando que lo ocurrido no correspondía a un devenir inevitable fuera del alcance del hombre, sino que hubieron alternativas y se tomaron decisiones. Esto a criterio de Ferretti fue esencial para la constitución del ciudadano como un sujeto político y el renacimiento la política.

El segundo momento estuvo marcado por una crítica radical a la Revolución de Octubre, se dijo que ésta había sido realizada por un minúsculo grupo procedente del exterior, los bolcheviques, y con ello el discurso sobre las responsabilidades colectivas de lo ocurrido fue desplazado por una imagen de Rusia como la gran victima. Se estableció una relación causal entre los bolcheviques y el estalinismo, volviendo la idea de que lo ocurrido era inevitable porque respondía a las leyes de la Historia. La Unión Soviética fue identificada como un horrible paréntesis en la historia de Rusia y se elaboró una imagen idealizada de la Rusia pre-revolucionaria, presentándola como una sociedad próspera destinada a un camino de grandeza. Esta imagen del pasado ofrecía también una visión del futuro en el contexto de una grave crisis económica y de desmoronamiento del socialismo en toda Europa del Este. Y tuvo éxito porque permitió reemplazar el pasado verdadero que era causa de dolor. Además permitió a los grupos ligados a Yeltsin crear consentimiento y adhesión alrededor suyo, al plantear a Yeltsin, como el heredero de la tradición de Rusia pre-revolucionaria, como la promesa del regreso a ese “gran país”.

Sin embargo la política económica de Yeltsin llevó a una nueva crisis económica en 1993 y con ello la imagen mítica de Rusia pre-revolucionaria como promesa de un futuro de bienestar, perdió su poder de movilización, dando lugar a la nostalgia del periodo comunista. Entonces surge el tercer momento memorial, cuando el poder político trató de recuperar desde un nuevo ángulo el uso político del pasado, reconfigurando una imagen nacionalista que cohesionara, basada en la diferenciación y oposición respecto al Occidente e incorporando fragmentos desarticulados del periodo soviético.

Esta tendencia se fortaleció con la llegada de Putin al poder estatal, quien consolidó el reestablecimiento de estos marcos de memoria, pero con una dirección claramente definida. Se plantea que la educación debe centrarse en la transmisión de una historia que promueva un espíritu patriótico y nacionalista, y se impulsó una política de control de los manuales escolares colocándolos bajo el control de la Academia de Ciencias y del Instituto de Historia Rusa. Este último fue reconstituido como un nuevo núcleo ideológico, desde el que se promueve una historia oficial en la que se presenta a Rusia como un país con un destino particular, distinguiéndola de occidente. A partir de estos marcos se ha reelaborado la memoria de eventos fundamentales de la historia Rusa, como por ejemplo su interpretación particular sobre la Segunda Guerra Mundial en la que se enfatiza en la memoria de la gran potencia vencedora. Desde estos marcos se justifica también la guerra con Tchechenia.

Este caso nos ayuda a visualizar como la evocación del pasado, es elaborada y promovida desde el estado y grupos con poder político. Mediante este uso de la memoria y la historia el poder promueve la construcción de una identidad y un consenso en torno suyo, para ello silencia y/o bloquea la reflexión acerca de las experiencias dolorosas que lo constituyen. Levanta la reflexión sobre el tipo de memoria, y de historia, que son necesarias para construir la democracia, dejando entrever que ello supone una memoria en la que nos reconozcamos nosotros como sujetos.

A diferencia de este ejemplo sobre Rusia, los otros casos que queríamos desarrollar aquí (Burkina Faso y Oaxaca) resaltan la vitalidad que los grupos sociales ponen a la reconstrucción y polémica sobre el pasado. E insisten en el papel que la evocación del pasado cumple en las disputas por el poder y las batallas por derechos sociales y económicos. También muestran el papel que la memoria puede desempeñar en la revitalización y resguardo de la identidad colectiva de grupos sociales, en conservar y recrear los sentidos comunes.

En este punto y para finalizar nuestra exposición, queremos más bien amarrar algunas ideas y señalar algunos de los elementos que están en juego en la memoria y en la historia, ya que a través de ambas las sociedades nos relacionamos con nuestros pasados.

El primero de ellos es, que tanto la memoria como la historia son inseparables del presente y de nuestras preocupaciones en él, las experiencias y eventos que recordamos han sido resignificados, reproblematizados, olvidados y silenciados según el contexto social, las necesidades y las estrategias en el presente (los marcos de memoria que nuestro grupo y nuestra sociedad imponen). Parece que en Guatemala una de las estrategias más comunes para lidiar con el pasado ha sido el silencio (el impuesto y el asumido).

Otro elemento muy importante es que la memoria y la historia producen y transmiten una imagen acerca de nosotros mismos: veíamos la oposición entre victima y sujeto (que nos es tan familiar en Guatemala). En este sentido, la memoria no es solo un asunto de reconstrucción u evocación de hechos y datos, sino que es principalmente un asunto de conformación y transmisión de valores y formas de actuar.

Memoria e historia producen y transmiten una imagen de nuestras posibilidades en el presente y en el futuro: retomo el ejemplo de la oposición entre acción humana y ley de la historia de la que hablaba Ferretti. Esta oposición nos ayuda a ver que en la memoria esta en juego la existencia de relatos del devenir social que reconocen las posibilidades de elegir entre diferentes caminos, las alternativas, relatos que dan cuenta de las múltiples voces. O la construcción de un meta-relato que elimina a las personas, la política, las encrucijadas y las otras posibilidades, que se impone como el único futuro posible. A través de nuestra representación del pasado transmitimos una visión del devenir social, un sentido de la historia, que incide en las posibilidades que le damos al presente y al futuro. Cómo diría Cruz, también podríamos preguntarnos, desde nuestra visión de futuro ¿hacia dónde va el pasado?

La historia como proceso social (no como narración del mismo) siempre ha implicado disputas sociales, relaciones y conflictos por el poder. Los resultados de estos conflictos marcan las narraciones que se elaboran del proceso social. Las desigualdades en el ejercicio del poder en el proceso socio histórico quedan reflejadas en su narración, en el significado que se establece de los eventos históricos.[15] Lo que queremos decir con esto es que solo viendo, contrastando e interrelacionando la variedad de versiones, las diferencias entre ellas, podemos entender el proceso socio-histórico del que dan cuenta, sus implicaciones presentes y sacar aprendizajes del mismo.

Lo que hablamos acerca de las memorias y silencios del conflicto armado en el Oriente de Guatemala es solo un ejemplo de los múltiples vacíos que forman nuestra memoria, que nos interpelan a quienes “trabajamos con el pasado” acerca de lo que dejamos atrás y lo que retomamos de nuestro pasado. Cabe preguntarnos ¿Qué papel jugamos quienes investigamos la historia, quienes nos dedicamos a la sociología, a la antropología, en la conformación de la memoria? ¿Qué tipo de memoria favorecemos? Una memoria que se impone como la única interpretación del pasado. O una memoria basada en el silencio y encubrimiento del pasado. O una memoria que pone en evidencia el conflicto entre las diferentes interpretaciones que siempre surgen de un evento, que trata de asumir el pasado en su complejidad y sus contradicciones. Es lo que P. Ricoeur llamo el trabajo de memoria, una tarea frente al olvido[16]

Con estas reflexiones queremos reconocer el desafío de participar en la formación de memorias que permitan vernos críticamente como colectivos y como individuos, que nos ayuden a aprender de nuestro pasado y de los caminos optados, y poder situarnos en el presente a partir de estos aprendizajes.OO

- Lizeth Jiménez y María Victoria García, investigadoras del Área de Estudio sobre Historia Local, Ponencia presentada en el X Congreso Centroamericano y I Congreso Nacional de Sociología. Octubre 2006 (http://www.clacso.org.ar/avancso/MVGLJ)

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[1] http://www.zap.cl/cuentos/cuento 158.html. Octubre 2006.
[2] Cruz, Manuel. Hacia dónde va el pasado. Barcelona, 2000.
[3] Prensa Libre. 8 de enero 1962. Página 9
[4] Prensa Libre. 18 de enero de 1962. Página 2.
[5] Prensa Libre. 29 de enero de 1962. Segunda sección.
[6] Prensa Libre. 25 de enero de 1962. Página 8
[7] Prensa Libre. 29 de enero de 1962. Página 3
[8] Prensa Libre. 7 de febrero 1962. Segunda sección, página 2
[9] Prensa Libre. 8 de febrero de 1962. Página 2
[10] Prensa Libre. 9 de marzo de 1963. Página 2
[11] Gérard Namer “Postface”, en Maurice Halbwachs [1925] Les cadres sociaux de la mémoire. Albin Michel, Paris 1994
[12] Barbara Mistral. Theories of social remembering. Open University Press, England 2003 págs. 50-56
[13] Aquí presentamos una síntesis de la ponencia: FERRETTI, Maria. Histoire et mémoire en Russie depuis la Perestroïka à aujourd'hui politiques de la mémoire et quête d'identité. Http://www.anamnesis.fl.ulaval.ca/andromeda/ (Séminaire Mémoires historiques d’ici et d’ailleurs Université de Laval/EHESS/ ) Octubre 2005
[14] Reforma política de la antigua Unión Soviética impulsada por Gorbachov a partir de 1987.
[15] Michel-Roplh Trouillot Silencing thePpast. Power and the Production of History. Beacon Press, Boston 1995
[16] P. Ricoeur. La lectura del tiempo pasado : memoria y olvido. UAM Ediciones, España 1999 pág. 101 - 115

http://alainet.org/active/14988

Las Ciencias Sociales como oficio y arte

ALAI, América Latina en Movimiento
2006-12-12

Reflexiones sobre un proceso de Investigación con la noción de imaginarios sociales

Ligia Peláez

Lo que presento a continuación, como su título lo indica, son algunas reflexiones que considero pertinente compartir con ustedes en un evento de esta naturaleza, el cual nos reúne alrededor de las Ciencias Sociales, y en este foro en particular, entorno a la temática de los imaginarios sociales.

Dado que investigar sobre imaginarios sociales no fue un tema escogido, personal e individualmente, sino que arribé a él invitada y contratada como lingüista, quisiera comenzar contándoles por qué AVANCSO consideraba que era una noción a la cual había que ponerle atención y sobre la cual planteó un área específica de investigación.

El instituto había venido realizando importantes esfuerzos por comprender las lógicas productoras y reproductoras de procesos de significación socioculturales e ideológicos que ocurren al interior de la sociedad guatemalteca, para lo cual, en un primer momento, privilegió el estudio de temas y problemas relacionados con la reproducción de los discursos sobre la identidad nacional a partir del sistema educativo formal, así como los relacionados con núcleos de identidad étnica, genérica y de clase.

Los resultados de estos estudios, evidenciaron que el sistema educativo formal no es el dispositivo esencial por medio del cual la sociedad guatemalteca aprende y reproduce sus propias visiones y referentes de entendimiento colectivo. Se pensó entonces que era indispensable llevar a cabo investigaciones más integrales con enfoques novedosos que se aproximaran a las lógicas que subyacen en la colectividad social guatemalteca, lógicas que no son perceptibles a simple vista, pero que son fundamentales en la reproducción del orden social. Fue así que surgió el área de estudios sobre imaginarios sociales, con interrogantes relacionadas con los procesos de institución del orden social vigente, articuladas a un horizonte de comprensión sobre por qué esta realidad y no otra. Es decir, qué nos hace ser y seguir siendo lo que somos. Desde esta perspectiva, las grandes cuestiones que han motivado estos estudios responden al interés por interrogar la realidad desde enfoques diferentes, unos que vayan más allá de la descripción, más allá del diagnóstico o de las explicaciones fragmentarias. Es un intento por aproximarnos a comprender los fenómenos sociales dentro de su multi-dimensionalidad y desde la complejidad de la subjetividad social. Se trata, entonces de una mirada que explora la realidad con otros parámetros; y, que al mismo tiempo interroga a la teoría a partir de esta realidad.

Cuando me integré a este equipo ya se había comenzado a indagar sobre la noción misma de imaginarios sociales y se había realizado un estudio piloto cuyo objetivo fundamental había sido familiarizar al equipo con la metodología cualitativa, específicamente como realizar grupos focales. Pero, estos antecedentes no son lo más importante que quiero resaltar, sino que al interior de este equipo se vivía una intensa discusión sobre la crisis y deshumanización de las ciencias. Se debatía sobre cómo el positivismo había convertido la subjetividad en objeto. Se hablaba del mito de lo científicamente correcto, de las cargas cuantitivistas y explicativas de los fenómenos sociales, de la búsqueda de la “verdad” desde la realidad evidente y sus regularidades, entre otros tópicos que siempre terminaban en acalorados debates en los cuales la fenomenología[1] y la filosofía copaban el ambiente. Temáticas, que por lo demás, me dejaban con una sensación que era una completa ignorante, que no sabía nada de nada... urgía leer, ver lo que se había hecho, reflexionar cómo podía participar desde los conocimientos lingüísticos que tenía, entre otras muchas dudas y cavilaciones.

Sin estas dudas, sin estas discusiones, estos debates, sin esta actitud cuestionadota, transgresora y muchas veces necia, nuestro trabajo no hubiera sido lo que es. Ahora, casi cinco años después, me encuentro ante ustedes tratando de compartirles algunas reflexiones, que intentan comunicarles una experiencia, de la cual he sido partícipe en este quehacer de investigar que nos convoca.

La primera cuestión que quiero plantear está relacionada con el significado de optar por los imaginarios sociales. ¿Por qué imaginarios sociales? Si se trata de un concepto de por sí problemático, dirían algunos, no se entiende qué es eso, dirán otros, para qué sirve, con qué se come, de qué se trata. Pues, en principio tendríamos que partir, diciendo que hay varios conceptos, unos que lo ven como reflejo, otros como representación, como configuraciones, entre otros. Nosotros quisimos, concientemente, adherirnos o resemantizar la noción de Cornelius Castoriadis. Esto no es casual. Este autor, y ahora nosotros, entendemos los imaginarios sociales como aquellas construcciones sociales incesantes e indeterminadas, de formas, figuras e imágenes que le dan sentido y significado al mundo de los sujetos sociales. Al ser construcciones sociales, en ellas convergen hegemonías y contra-hegemonías, ideologías y utopías, identidades y alteridades.

La primera reflexión que podemos advertir ante tal conceptualización es, entonces, que se trata de ‘algo’ que da sustento a la realidad, pero que además está basado en la imaginación ¿cómo es esto posible? Efectivamente, es un concepto que nos trastoca la noción del tiempo mismo; y eso es quizá lo más interesante. ¿Por qué? Porque por un lado, nos ayuda a hacer visible aquello que nos configura como sociedad y que está instituido en el mundo de la vida, que no es perceptible, funcionando como un par de lentes; y, a la vez, constituye la oportunidad de lo posible, de lo que todavía no es.

Por lo mismo, investigar con esta noción nos colocó en un total desasosiego. Como de lo que se trata es de compartirles algunas reflexiones sobre esta experiencia, voy a permitirme hablar del oficio que nos ocupó estos últimos años. Aparte de las discusiones, cuyas características ya les mencioné un poco, había que construir heurísticos[2]; es decir, sostener una discusión con distintos referentes teóricos y conceptuales e inventar. Y, efectivamente, hicimos heurística como una estrategia de lectura, de discusión con diversos autores y debatimos con ellos y entre nosotros. Así, la teoría social, la acción comunicativa, los actos de habla, la sociología comprensiva, la lingüística, la fenomenología fueron marcos en los cual se ha ido instaurando este estudio. ¡Ah!... Además de sofistas, son eclécticos, nos podrían decir algunos. Nosotros más bien nos vemos como inconformes con lo ya dado por las mismas Ciencias Sociales; lo que puede traducirse en que también estamos siendo un tanto irreverentes, pero, además, queremos realizar nuestro trabajo adhiriéndonos a esa parte creativa constante del ser humano que es la imaginación creadora, esa que apunta hacia el por-venir. Hablamos aquí de aquella imaginación que moviliza y empuja a los sujetos a la creación de nuevos sentidos. Pero no cualquier sentido, porque como sabemos la sujeción se resemantiza y recrea la naturaleza de su poder, el sentido que co-construimos es uno que vira hacia los posibles emancipadores. Es así que nos sentimos partícipes y co-habitantes de ese mundo con otros, de ese mundo de experiencia compartida.

Como estamos hablando de imágenes, y en aras de la espontaneidad, la imagen que resalta en mi cabeza es la de Ariadna, ofreciéndonos un hilo para no entrar a tientas al laberinto. Eso han sido para nosotros muchos autores de las disciplinas antes mencionadas, quienes al igual que los sujetos con quienes trabajamos, de una manera distinta pero similar, nos brindan su palabra y su acervo de conocimiento.

Ahora vemos que la noción de imaginarios sociales y especiamente el imaginario radical, así le llama Castoriadis a este imaginario de la plausibilidad, ese que posibilita la imaginación creadora y transformadora, no sólo es pertinente, sino necesario, dada la sociedad excluyente, autoritaria, machista y discriminadora que tenemos.

Pero bueno, tenemos la noción y ahora cómo vamos a trabajar con ella, así que allí viene la segunda reflexión, que está encaminada a la parte metodológica, al oficio de investigar. A la par de las intensas discusiones teóricas, filosóficas y éticas estaba el asunto de cómo íbamos a proceder. Había que construir instrumentos de indagación, hojas de escucha, contactar a las personas, a los grupos, a las comunidades y, desde luego, ir, acudir allí, donde los sujetos se encontraban. No voy a detenerme en todo el trabajo que esto implica, tampoco en las discusiones propiamente metodológicas que esto motivó, en torno a si una metodología cuantitativa o cualitativa, si usamos estas o cuales técnicas. Lo que quiero resaltar aquí es que por más preparados que estuviéramos para llegar al terreno, siempre éste nos rebasaba y nos obligaba a replantear una y otra vez cosas que según nosotros ya estaban discutidas. Esta es una de las cuestiones más importantes que nos sucedieron: aprendimos que se aprende y se enseña escuchando a los otros. Fueron estas idas y vueltas con los sujetos las que, aunadas a la interlocución con nuestros autores, posibilitaron la construcción de los hallazgos teóricos, metodológicos y exploratorios sobre imaginarios sociales y subjetividad en Guatemala.

Aunque sea obvio, considero necesario decir que no trabajamos con datos, como sería propio de una investigación sobre la realidad fáctica; sino que trabajamos con enunciados[3] y sentidos humanos instaurados en el orden de las significaciones. Es decir, en el nivel de los discursos y las motivaciones, dado que la interpretación y acceso a los imaginarios sociales es un esfuerzo por comprender las enunciaciones de los sujetos en el habla y la comunicación. Dicho de otra forma, interpretamos las interpretaciones de los propios sujetos respecto de sus propios sentidos.

Bueno, pero donde está lo novedoso de todo este asunto. Eso lo dirán ustedes, luego de leer nuestro trabajo. Lo que yo puedo compartir y reflexionar retrospectivamente es que problematizar los conceptos con los cuales trabaja usualmente la ciencia social fue un avance, pero lo más importante consistió en el atrevimiento a interrogar, a interpelar a dudar de nuestras propias certidumbres, tanto teóricas y metodológicas como de la visión de nuestra realidad.

La otra particularidad de esta investigación es la apropiación que se hace de métodos y técnicas de la investigación cualitativa, implementando discusiones de grupo, entrevistas individuales y foros comunitarios, desarrollando formas e instrumentos creativos que han permitido visualizar significaciones imaginarias relevantes, captadas dentro de un proceso constructivo, cooperativo y participativo, lingüística y comunicativamente, con los sujetos sociales con quienes trabajamos. Desde esta perspectiva, se trata de un quehacer investigativo estrechamente vinculado con la acción social, la cual nos ha colocado ante retos teóricos y metodológicos; nos ha exigido agudeza crítica, paciencia de artesanos para ordenar y hacer intelegible, manejable y comprensible la complejidad del sentido y la significación.

En cuanto a los hallazgos de campo, que es necesario explicitar que son exploratorios, encontramos cuatro significaciones imaginarias relevantes que están configurando el orden social: el Orden Finca, que es una expresión paradigmática del orden social guatemalteco; la significación que denominamos Hombre-Dios-Padre, de la cual se derivan las formas de relacionamiento que se dan entre géneros y generaciones, las formas de desarrollo de nuestra sexualidad, las posibilidades de tolerancia, entre otras formas; el mercado-consumo, la cual impone patrones económicos, políticos, sociales y culturales; y, la que hemos llamado individual corporativa, la cual desarticula el sentido de la colectividad en tanto comunidad.

Como les decía antes, estos hallazgos son sólo exploratorios. Sin embargo nos muestran un especie de mapa provisorio, algo así como un bosquejo no muy claro, pero sobre el cual hay que seguir investigando.

Como dice Aristóteles[4], el arte y la ciencia o saber, sólo son propios del ser humano y no proceden del azar sino de la experiencia; por eso quise compartirles un poco de la nuestra, que nos posiciona decididamente por la transformación del mundo, y queremos dar la lucha desde una ciencia social crítica.

- Ligia Peláez, Investigadora del Área y equipo sobre Imaginarios Sociales, Ponencia presentada en el X Congreso Centroamericano y I Congreso Nacional de Sociología. Guatemala. Octubre 2006

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[1] Fenomenología: ciencia de los fenómenos [que se manifiestan en la conciencia]. Como disciplina y corriente filosófica fue fundada por Husserl. Diccionario de Filosofía, Panamericana Editorial.
[2] Heurística: En general, se conoce como el arte de inventar. En filosofía se definió desde la antigüedad como el arte de sostener una discusión. Surgió en Grecia como una forma de llegar a conclusiones reales y verdaderas en las polémicas; por este motivo se constituyó en la base de la dialéctica. Pero la heurística tomó otro camino, el de los sofistas, lo que condujo a su utilización como un medio de vencer al contrario en las discusiones, se convirtió en una estrategia. Diccionario de Filosofía, Panamericana Editorial, pp. 257.
[3] Un enunciado es una modalidad de existencia de lo dicho, una imagen o conjunto de imágenes habladas, que mantienen relaciones de referencia a otros enunciados y que modlean cmapos enunciativos.
[4] Diccionario de Filosofía. Panamericana Editorial.

http://www.clacso.org.ar/avancso/Ligia

http://alainet.org/active/14989

UN DEBATE ENTRE ALAIN TOURAINE Y ERNESTO LACLAU

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-74196-2006-10-08.html

Página 12, Domingo 08 de Octubre de 2006

América en tiempos de Chávez

Algo cambió en Latinoamérica en los últimos años, con nuevos liderazgos democráticos e iniciativas políticas hasta hace poco inimaginables. Desde la sociología y la teoría política, Touraine y Laclau debaten las nuevas líneas que sigue el continente, sus riesgos y posibilidades.

Por Alain Touraine y Ernesto Laclau

¿Existe una izquierda en América latina?

Sociólogo francés, director de Estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (París). Entre su vasta e influyente producción teórica se encuentra Sociología de la acción (Ariel, Madrid, 1969). Su último libro traducido al español es Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy (Paidós, Buenos Aires, 2006).

El resultado de muchas de las elecciones realizadas en América latina en los últimos meses ha llevado a numerosos observadores a describir la evolución hacia una izquierda alejada de las posturas estadounidenses, que se apoyaría en sectores sociales que podrían llamarse "populares". Pero resulta poco provechoso emplear expresiones que han sido inventadas para un contexto totalmente diferente. El lenguaje correspondiente a un régimen parlamentario se aplica necesariamente mal a uno presidencial o semipresidencial. En el caso latinoamericano, se ajusta tan mal que creo tener buenas razones para defender una postura muy alejada de la que se expresa más frecuentemente. Que Alan García haya ganado las elecciones en Perú y que Felipe Calderón se haya impuesto en México no significa, evidentemente, que América latina avance hacia la derecha.
La hipótesis que creo debiera formularse es que el continente se aparta cada vez más de un modelo si no parlamentario, al menos apoyado en mecanismos de oposición entre grupos de intereses y de ideologías diferentes. Hoy América latina parece más lejos de encontrar una expresión política para sus problemas sociales que hace treinta años. En eso radica lo esencial: eso es lo que está en juego y ahí está el fracaso.
En América latina, no se ha constituido un lazo entre los movimientos sociales, fundados en los trabajadores, en sectores urbanos o incluso en grupos étnicos, y los partidos políticos que acepten colocar claramente las luchas sociales dentro de un marco institucional que se podría llamar, al menos formalmente, democrático.
Incapaz de elaborar una política fundada en los derechos democráticos y de emprender reformas estructurales profundas, América latina nunca ha logrado salir de una mezcla confusa de nacionalismo y populismo –cuyo ejemplo más conocido fue el peronismo–, lo cual condujo a un doble fracaso: el hundimiento o la desaparición del sistema político y la ausencia de transformación social. Esto se pudo observar en la crisis argentina de 2001, que no representó el levantamiento de la clase obrera sino, por el contrario, la caída masiva de la clase media.
Los acontecimientos políticos que han tenido lugar en varios países del continente no alientan de ningún modo la idea de un movimiento general hacia la izquierda. Nuevamente se impone la conclusión a la que he llegado, que es la opuesta: el fracaso perdurable y profundo de una democracia social vigorosa. En este sentido, el problema que hay que plantearse hoy claramente es el de las oportunidades de la nueva política de ruptura inspirada por Fidel Castro y representada hoy por Venezuela. Hugo Chávez tiene, frente a ese modelo, las chances de un voluntarismo político y social mucho más radical, en particular en contraste con los países del Cono Sur.
Pero el lugar donde se decide la vida política del continente no es Venezuela. Es que, a pesar de los progresos logrados desde su elección, el de Chávez sigue siendo un modelo débil de transformación social, si se consideran los inmensos recursos obtenidos por el aumento brutal del precio del petróleo. La clave de la vida política del continente y de su capacidad de inventar un modelo político y social capaz de operar sobre una situación extraordinariamente difícil es, sin ninguna duda, Bolivia. Parece existir una conciencia general sobre la necesidad de aceptar el modelo boliviano tal como se está conformando, en su radicalidad, su nacionalismo y su heroísmo, en sus excesos de lenguaje y también de acciones. Estoy entre quienes piensan que el futuro político del continente depende hoy ante todo de las oportunidades de Bolivia de construir y hacer realidad un modelo de transformación social y, al mismo tiempo, ganar independencia respecto de la retórica de Chávez.
En cuanto a Argentina, me parece que lo más sencillo del análisis es dejar establecido, como para los demás países, el fracaso definitivo del modelo nacional-populista de las décadas pasadas. El país comienza a emerger de la catástrofe que ha destruido su economía y su sociedad sin que los resultados obtenidos pongan de manifiesto progresos importantes en la gobernabilidad, ya que la recuperación se sostiene en tres factores: el fuerte aumento de las exportaciones a China, la ayuda financiera otorgada por Chávez y la rápida concentración de poder en manos de Kirchner.
Si Argentina tuviera que inventar un nuevo modelo de desarrollo, éste debería ser más bien de tipo liberal, dada la importancia del comercio internacional en la economía y, sobre todo, dado que el futuro del país depende en gran medida de su capacidad de dotarse de elites políticas, administrativas y económicas. Tampoco es posible, en el caso de Argentina, hablar de izquierda y derecha; la lógica de la situación avanza más bien hacia soluciones voluntaristas pero liberales, que no pueden ser equilibradas por la resistencia y la capacidad ampliada de decisión del presidente Kirchner.
Nadie puede asegurar el triunfo o el fracaso de América latina. Por el momento, el retorno de la fe ha hecho que en muchos países se consolide, a pesar de las inmensas dificultades, un clima si no eufórico, al menos moderadamente optimista. En todo caso, en América latina se percibe una confianza en el futuro que no existe hoy en ninguna otra parte, salvo en España. Y en ese sentido la conclusión con la que desearía comprometerme, al menos en la medida de mi capacidad de análisis, es que sólo una radicalidad política mucho mayor que la del período reciente permitirá a los países latinoamericanos escapar de dos aparentes soluciones que en realidad conllevan un gran peligro: por un lado, un gobierno de elites liberales apoyadas en una economía mundial globalizada y, por el otro, lo que se podría llamar una "ilusión neocastrista".
Esta conclusión más bien inquietante no se condice con la imagen que tiene de sí mismo un país importante del continente: Chile, país que se siente cada vez menos perteneciente a América latina y que espera, de acuerdo con la célebre frase del ex presidente Lagos, enriquecerse con el comercio entre el Este y el Oeste del mundo, como alguna vez lo hiciera la República de Venecia. Esta es una alternativa extrema para una de las soluciones posibles, la de la globalización exitosa; la otra es la que, pese a su fragilidad, toma forma en Bolivia. Hoy en día me parece imposible definir otras soluciones posibles entre esas dos tendencias profundamente opuestas.
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Deriva populista y centroizquierda latinoamericana
Profesor de Teoría Política en la Universidad de Essex, Reino Unido. Autor, entre otros libros, de Hegemonía y estrategia socialista, coescrito con Chantal Mouffe (Fondo de Cultura Económica, 1985) y La razón populista (Fondo de Cultura Económica, 2005).

Desde mi punto de vista, la categoría de populismo no implica necesariamente una evaluación peyorativa. La ruptura populista no anticipa nada acerca de los contenidos ideológicos. Ocurre cuando se da una dicotomización del espacio social, cuando los actores se ven a sí mismos como partícipes de uno u otro de dos campos enfrentados. Ideologías de la más diversa índole –desde el comunismo al fascismo– pueden adoptar un sesgo populista. En todos los casos estará presente, sin embargo, una dimensión de ruptura con el estado de cosas actual que puede ser más o menos profunda, según las coyunturas específicas.
Pero que la categoría de populismo no implique necesariamente una evaluación peyorativa, no significa, desde luego, que todo populismo sea, por definición, bueno. Si los contenidos políticos más diversos son susceptibles de una articulación populista, nuestro apoyo o no a un movimiento populista concreto dependerá de nuestra evaluación de esos contenidos y no tan solo de la forma populista de su discurso.
Es dentro de esta perspectiva que debe considerarse la situación latinoamericana actual. Nuestros países han heredado dos experiencias traumáticas e interrelacionadas: las dictaduras militares y la virtual destrucción de las economías del continente por el neoliberalismo, cuyo epítome han sido los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional. Digo que están interrelacionadas porque, sin dictaduras militares, habrían sido imposibles políticas tales como las reformas de los Chicago boys en Chile o la gestión suicida de José Alfredo Martínez de Hoz en Argentina.
Las consecuencias de esta doble crisis son claras: una crisis de las instituciones como canales de vehiculización de las demandas sociales, y una proliferación de estas últimas en movimientos horizontales de protesta que no se integraban verticalmente al sistema político. El movimiento piquetero en Argentina, el movimiento de los Sin Tierra en Brasil, el zapatismo en México (al menos en sus fases iniciales) son expresiones claras de esta tendencia, pero fenómenos comparables pueden encontrarse en prácticamente todos los países latinoamericanos. La canalización puramente individual de las demandas sociales por parte de las instituciones está siendo reemplazada por un proceso de movilización y politización creciente de la sociedad civil. Este es el real desafío en lo que concierne al futuro democrático de las sociedades latinoamericanas.
Es conocido el proceso a través del cual, durante la década del '90, la represión social y la desinstitucionalización fueron condiciones de la implementación de las políticas de ajuste. Piénsese en el abuso de los "decretos de necesidad y urgencia" por parte de Carlos Menem; en el estado de sitio seguido por una violenta represión sindical en Bolivia en 1985; en el uso de la legislación antiterrorista para los mismos fines en Colombia; en la disolución del Congreso peruano por Alberto Fujimori; o en la violenta represión por parte de Carlos Andrés Pérez de las movilizaciones populares subsiguientes a la suba astronómica del precio de la gasolina en 1989. El fracaso del proyecto neoliberal a fines de los '90 y la necesidad de elaborar políticas más pragmáticas que combinaran los mecanismos de mercado con grados mayores de regulación estatal y de participación social condujeron a regímenes más representativos y a lo que se ha dado en llamar un giro general hacia la centroizquierda.
Es aquí donde encontramos una serie de variantes regionales cuya comparación pone más claramente a la luz la especificidad de la experiencia venezolana. En los casos de Chile y de Uruguay, la dimensión institucionalista ha predominado sobre el momento de ruptura en la transición de la dictadura a la democracia, por lo que pocos elementos populistas pueden encontrarse en estas experiencias; en tanto que en el caso venezolano el momento de ruptura es decisivo. Argentina y Brasil están en una posición intermedia. En Chile, la transición a la democracia fue un proceso relativamente pacífico y paulatino, dominado por el lema de la reconciliación; en tanto que en Uruguay no hubo ninguna acción pública contra los represores, tal como la llevada a cabo por Néstor Kirchner en Argentina.
En el caso venezolano, la transición hacia una sociedad más justa y democrática requería el desplazamiento y la ruptura radical con una elite corrupta y desprestigiada, sin canales de comunicación política con la vasta mayoría de la población. Es decir que cualquier avance demandaba un cambio de régimen. Pero para lograrlo, era necesario construir un nuevo actor colectivo de carácter popular. No había posibilidad alguna de cambio sin una ruptura populista. Todos sus rasgos están presentes en el caso chavista: una movilización equivalencial de masas; la constitución de un pueblo, símbolos ideológicos alrededor de los cuales se plasme esta identidad colectiva (el bolivarismo); y, finalmente, la centralidad del líder como factor aglutinante. Este es el factor que más polémicas despierta en el sentido de las presuntas tendencias en Chávez a la manipulación de masas y a la demagogia. Y, sin embargo, los que razonan de este modo no cuestionan la centralidad del líder en todos los casos. ¿Habría sido concebible la transición a la Quinta República en Francia sin la centralidad del liderazgo de Charles de Gaulle? Es característico de todos nuestros reaccionarios, de izquierda o de derecha, que denuncien la dictadura en Mario pero la defiendan en Sila.
Lo que sí constituye una legítima cuestión es si no hay una tensión entre el momento de la participación popular y el momento del líder, si el predominio de este último no puede llevar a la limitación de aquélla. Es verdad que todo populismo está expuesto a este peligro, pero no hay ninguna ley de bronce que determine que sucumbir a él es el destino manifiesto del populismo. Es por eso que es tan importante la consolidación del Mercosur y el rechazo definitivo al proyecto del ALCA, que habría significado la subordinación de nuestros países a los dictados de la política económica estadounidense (que no hesita en practicar, contra todas las recetas neoliberales, un proteccionismo abierto cuando se trata de defender sus intereses). Las perspectivas político-económicas de América latina son hoy más promisorias que en mucho tiempo, y Venezuela está jugando en relación con ellas –junto con otros regímenes progresistas del continente– un papel fundamental.

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La entrevista

Alberto Noé, sociólogo autor de Utopía y desencanto

''Asistimos a una sociedad sin ley, donde el mercado se impone al Estado''

Alberto Noé es salteño. Acaba de presentar su libro Utopía y desencanto, donde hace una rigurosa revisión histórica de la creación de la carrera de Sociología en la UBA y, a partir de allí, dispara la reflexión hacia las paradojas, conflictos y realidades de esta disciplina, que todavía pugna por un lugar entre las "ciencias".

María Fernanda Abad
fabad@eltribuno.com.ar

¿Dónde situaría los orígenes de la sociología en la Argentina?
En la historia de la sociología en la Argentina pueden reconocerse tres periodos: el primero sería el que está configurado por el pensamiento pre-sociológico que corresponde al de los pensadores sociales, que se inició en el movimiento de la independencia en 1810 y finalizó en la última década del siglo XIX. En este periodo se destacan Echeverría, Alberdi y Sarmiento. El segundo periodo se refiere a la sociología de cátedra, cuyo punto de inflexión lo marca la creación de la primera cátedra de sociología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, de 1898 hasta 1956. Y el tercero está definido por la sociología científica, cuando se crea en 1957 la Carrera de Sociología en la UBA, donde Gino Germani tienen un papel protagónico y trata de diferenciarse de los periodos anteriores, porque considera a la sociología científica como una disciplina dotada de un sistema científico que le permite conocer la realidad social argentina.

¿En qué consistió el proyecto de Gino Germani?
La fundación de la Carrera de Sociología en la UBA en 1957 fue una obra colectiva donde convergieron tres actores: el movimiento estudiantil identificado con los postulados de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918; actores individuales como Gino Germani; e institucionales como el rectorado del historiador José Luís Romero, rector de la UBA, designado por el gobierno de la Revolución Libertadora en 1955. El proyecto de Germani consistió en crear una carrera que tuviera salida laboral, por eso su insistencia en la orientación metodológica, en una formación básica donde teoría, metodología e historia social trazaron la configuración de la sociología germaniana.

Dice en su libro que ciertas condiciones políticas y académicas "bloquearon" el paradigma germaniano... ¿A qué se refiere?
Cuando hablo de condiciones políticas me refiero al golpe militar de Onganía en 1966. Una característica común y que se repite en diversos periodos en la historia argentina: cada vez que hay un golpe militar, las universidades publicas son intervenidas. Esto es lo que se llama vulnerabilidad institucional de las universidades. Las condiciones académicas tienen que ver con el periodo comprendido entre 1962 y 1966. Se divide el grupo de apoyo a Germani: el movimiento estudiantil se identifica con la Revolución Cubana, y dentro de los docentes se producen fisuras que tienen como consecuencias la pérdida del liderazgo de Germani y de su alejamiento definitivo del país en 1965.

En los años 50 se fundó la Carrera de Sociología en Buenos Aires. A más de cinco décadas, ¿cómo valoraría sus logros y sus deficiencias?
En pocos años, la carrera de Sociología había logrado ubicarse en tercer lugar en el mundo en la década del sesenta, con la dirección de Germani, acompañado por grandes figuras como Jorge Graciarena, José Luís Romero, Torcuato Di Tella y Juan Carlos Marín. Había logrado un reconocimiento institucional en el país y en el exterior por sus investigaciones, publicaciones y excelentes docentes. Sus deficiencias actuales son marcadas porque los docentes no tienen dedicación exclusiva y esto supone profesores-taxis, lo cual implica una seria carencia. Además, durante 40 años, Germani estuvo "olvidado" en la sociología argentina. Creo que mi libro propone un serio debate sobre el regreso a Germani.

La sociología es una ciencia, pero a diferencia de las disciplinas consideradas puras, siempre parece estar bajo sospecha de no serlo. ¿Cuál es la razón?
Depende quiénes consideren esta "definición", ya que la Sociología en la Argentina tuvo un "enemigo" constituido fuera del ámbito académico: los nacionalistas católicos integristas de derecha, quienes consideraban a la sociología como una disciplina influenciada por el marxismo, la masonería y el judaísmo. No hay que olvidar que el único libro científico sobre la sociedad argentina fue "La estructura social argentina", de Gino Germani, basado en los censos donde se puede "leer" la sociedad argentina.

¿La sociología incomoda porque revela verdades y desenmascara ideologías?
La función de la ciencia es precisamente revelar verdades y desenmascarar las ideologías; y la sociología forma parte de esa tradición científica, inaugurada por Germani, continuada por Graciarena, Di Tella, Marín y Silvia Sigal.

Por lo anterior, ¿puede un sociólogo salirse de la "trinchera crítica"?
El sociólogo, como observaba Wright Mills, es un intelectual crítico, porque su mirada es desde la sociedad y sus análisis tienen que ver con los problemas complejos de la sociedad contemporánea. Esto puede observarse en los temas de investigación, que nada tienen que ver con el "denuncismo". Todo lo contrario, la crítica va dirigida a problemas como la exclusión social, las nuevas desigualdades sociales, la falta de solidaridad social, la ruptura del lazo social y el surgimiento de la cultura del narcisismo. Estos temas constituyen la nueva agenda de investigaciones y debates necesarios para comprender los cambios en la sociedad argentina.

Si se plantea a la sociología la cuestión de la cientificidad, ¿no es también porque ella se ha desarrollado con cierto retraso con respecto a las otras ciencias?
No creo, si bien es cierto que la sociología es una ciencia "joven" en relación con las "ciencias duras", su desarrollo tiene que ver con los profundos cambios operados a fines del siglo XIX, durante el "breve" siglo XX y en la primera década del siglo XXI, donde somos espectadores y actores de la tercera revolución industrial, la más veloz de la historia de Occidente que aún no ha terminado. Esto supone una serie de problemas que la sociología tiene que responder: la diferencia entre espacio y tiempo virtual y espacio y tiempo real, las relaciones sociales virtuales y la influencia de la informática y de Internet en este mundo marcado por una globalización embrutecedora.

¿Existe neutralidad u objetividad en el sociólogo? ¿Puede permanecer por encima de las pugnas como observador imparcial?
El tema de la neutralidad valorativa recorre todo un siglo de debates sobre esta cuestión. Lo que se trata es de tener una cierta distancia en relación al objeto de estudio o de investigación, lo cual no significa que el sociólogo como intelectual sea neutral a sus problemas contemporáneos.

Los productos de consumo de la sociedad global son abrumadores. ¿Cómo entiende la Sociología los procesos que enfrenta el mundo en este comienzo del siglo XXI?
El proceso de masificación de la sociedad de consumo tiene que ver con la globalización embrutecedora, donde los objetos tienen más valor social que los propios sujetos. Parece que asistimos al retorno de la barbarie; a una sociedad sin ley donde el mercado trata de imponerse sobre el Estado. En términos sociológicos, vivimos una era de anomia estructural, es decir, una sociedad sin reglas y normas aceptadas por todos.

El prólogo

"El enfoque metodológico adoptado por Alberto Noé en la presente publicación trasciende con creces lo que podría considerarse como un análisis meramente institucional -centrado en la historia de la Carrera de Sociología- para avanzar resueltamente en la consideración de problemas y escenarios mucho más amplios.

La primera parte del libro examina los cambios producidos a partir de la caída del peronismo en 1955 en la Universidad de Buenos Aires, donde en 1957 fue creada la Carrera de Sociología. En la segunda parte se analiza el proyecto de creación y el proceso de institucionalización de la Carrera de Sociología, el rol desempeñado por la elite universitaria reformista, por el movimiento estudiantil y por la figura de Gino Germani en la gestación de la nueva disciplina. Por último, se hace foco en las condiciones políticas y académicas que "bloquearon" el proyecto germaniano.

El trabajo de Noé es por lo tanto una invitación a "re-conocer" a una figura tan importante del universo cultural argentino, que hoy en día resulta muy poco conocida, como lo es Gino Germani".

(Extracto del prólogo de Atilio Borón)

Fuente: El Tribuno - Salta