Mujeres Hoy
Rima
Monumento “Mujeres en la Memoria”
En diciembre de 2006, el mismo día que los restos de Pinochet eran cremados,
un muro de cristal se alzó en el punto más emblemático de la ciudad de
Santiago. El monumento “Mujeres en la Memoria” fue inaugurado como símbolo
contra el olvido al oprobio de la dictadura.
(Mujereshoy).El monumento “Mujeres en la Memoria” inaugurado el 12 de
diciembre de 2006, constituye el aporte más significativo en la tarea de
rescate en la que están empeñados en Chile, colectivos de mujeres vinculados
al feminismo y al mundo de la cultura y de los derechos humanos.
Al mismo tiempo, por su significado es un homenaje a todas las mujeres
asesinadas tanto en Ciudad Juárez, México, como en Guatemala y otros países
de América Latina y el Caribe. En este sentido es el único en su tipo en el
continente.
Contra el olvido
“Mujeres en la Memoria” está construido en una suerte de explanada ubicada
en el cruce de la carrera Panamericana y la Alameda Bernardo O`Higgins, la
arteria que recorre la ciudad de Santiago de sur a norte y epicentro
emblemático de las grandes marchas de protesta contra la dictadura militar
en la mitad de la década de 1980.
Durante la ceremonia de inauguración, la historiadora feminista Sandra
Palestro representante del comité de doce mujeres que impulsó “Mujeres en la
Memoria”, explicó en un brillante y conmovedor discurso, el sentido
histórico de este proyecto, definiéndolo como “una contribución cultural
contra el olvido, pero que trasciende su propio fin, y se convierte en
expresión política de las mujeres, en la memoria que nos impulsa como
colectivo a transformar la sociedad en que vivimos”.
Inauguración monumento “Mujeres en la Memoria”
Discurso de Sandra Palestro
12 de Diciembre 2006
¡Qué experiencia la que estamos viviendo hoy!
Es una mezcla de tiempos y de espacios concentrados aquí. Es el tiempo de
una hija con sus primeras sonrisas y preguntas. Es la hora de la joven
esposa, quizás con el último "te quiero" en la voz. Es la hermana mayor o
menor, con su consejo o su juego. Es la amiga entrañable, una prima querida.
Es la madre que se eternizó, simplemente por todo. Desde qué ventana, de
cuál casa, en qué ciudad del país o de otro país, vino la luz que te
recuerda su mirada la primera vez o la última vez. Sin embargo, hoy sólo
puede ser hoy, y este lugar es sólo aquí.
Son las memorias de estas mujeres, desaparecidas, ejecutadas, que traspasan
el tiempo buscando un sitio, y ese sitio es la historia.
Porque las memorias, como hecho normal en nuestras vidas, se van
configurando con las pequeñas y grandes cosas que hacemos cotidianamente,
con los sentimientos y emociones que poseemos como seres humanos, con los
sentidos, que nos permiten nombrar y comprender nuestra vida y su entorno.
Pero estas memorias, estas particulares memorias, son especiales, porque
tienen una parte que no es humanamente comprensible. El grito que salió
desde lo más hondo, preguntando ¡¿por qué?! o ¡¿dónde están?! y cuya
respuesta, más de una vez ha sido verdad mentida, justicia cómplice, no
encuentra paz.
La historia, esa historia que nos negó siempre y que, sin embargo, las
propias mujeres nos encargamos de develar, ya consignó las grandes batallas
que libraron las mujeres de fines del siglo XIX y comienzos del XX, junto a
los obreros del salitre, del carbón, de ferrocarriles, por mejores
condiciones de vida. Las luchas de las mujeres por el acceso a la educación
superior y por el derecho a voto.
La historia, también nos recuerda la difícil integración de las mujeres a
los partidos políticos en los años 50, esas mujeres que traían el impulso de
haber conquistado el derecho a elegir, pero se les mezquinaba el derecho a
ser elegidas. Pasaron décadas, en que ni siquiera fuimos minoría en los
cargos de decisión política. Una mujer en instancias de decisión era siempre
una excepción. Y ahora, hemos elegido a una mujer, Presidenta de Chile.
Cómo no vivir nuevamente el recuerdo del vigoroso movimiento de mujeres que
emergió durante la dictadura militar; las infatigables jornadas de
organización y movilización, en que lográbamos unirnos mujeres de tan
distinta procedencia social y tendencias políticas.
Ese movimiento que tenía rostros y pasión: de mujeres que buscaban a sus
familiares entre los detenidos; de mujeres que suplieron con creatividad y
dignidad los recursos para el sustento diario; de las que se organizaron,
por razones éticas, religiosas, ideológicas o políticas para la defensa de
los derechos humanos y la recuperación democrática; de las detenidas,
torturadas, exiliadas. De las 118 mujeres que fueron ejecutadas y las 72
mujeres que permanecen desaparecidas.
Cómo no recordar que recién ahora, en el proceso de construcción de este
Monumento, dos hechos nos remecieron:
Uno, fue que a raíz del Informe Valech, se empezó a develar el tipo de
tortura sufrida por la mayoría de las mujeres, y omitida en sus relatos por
pudor. Supimos que la represión política tuvo el mismo sello de la violencia
de género contra las mujeres, que sucede tanto en guerras y dictaduras, como
en “tiempos de paz”. A las mujeres se las violó como forma de tortura, así
como en tiempos de paz se viola, se agrede, se acosa sexualmente, se
controla los cuerpos y las vidas de las mujeres, y a veces se las mata, por
el sólo hecho de serlo.
Partimos denunciando la represión política por parte de agentes del Estado,
y nos encontramos con que ello representó el sentir de otras mujeres
agredidas, antes y ahora, y en cualquier lugar. Democracia en el país y en
la casa, fue la consigna del Movimiento Feminista chileno que recorrió el
mundo durante la dictadura, y que nos sigue interrogando sobre cuánto nos
queda por hacer todavía.
Otro, fue que cuando nos aprestábamos a sentir orgullo de que este Monumento
fuera el único de su tipo en América Latina, supimos del femicidio en Ciudad
Juárez en México, y el de Guatemala y el de El Salvador, sin que se supiera
cabalmente quién los cometió. Entonces, nos dimos cuenta que era el único
por la peor de las razones, porque en otros lugares de América Latina aún no
han terminado los crímenes contra las mujeres, atribuibles al aparato
estatal.
Por eso, el Monumento es también para las mujeres latinoamericanas, para
aquellas que estuvieron detenidas junto a nosotras en Villa Grimaldi, en el
Estadio Nacional y otros lugares, para las que dieron la vida luchando
contra la dictadura en nuestro país, y para todas sus compatriotas, que
seguro encontrarán en él, el espíritu de las luchas que hemos librado las
mujeres por una vida mejor en el Continente.
El Monumento “Mujeres en la Memoria” es una contribución cultural contra el
olvido, pero trasciende su propio fin, y se convierte en expresión política
de las mujeres, en la memoria que nos impulsa como colectivo a transformar
la sociedad en que vivimos.
Aquí está el espíritu de Nalvia Rosa, de Cecilia, de Carolina, de todas
nuestras Marías, de todas esas vidas que ya tienen un lugar en nuestro
corazón y que encontrarán un lugar en la historia de Chile.
Aquí está el espíritu de ellas, que nos legaron tanto, y de quienes
decidimos no callar ante la injusticia, la violencia, la corrupción; las que
dicidimos valorarnos y apoyarnos así nomás tal como somos; las que decidimos
vivir cada día con ganas, para que sepan los que quisieron doblegarnos que
no lo lograron; para que sepan nuestras hijas e hijos que en gran medida la
fuerza y el coraje de las mujeres, han hecho un poco más democrática, un
poco más libre, un poco más amable la sociedad en que les ha tocado vivir.
El tirano, que murió traidor, cobarde, asesino y ladrón, se hará cenizas,
mantenidas ocultas o lanzadas en lo desconocido, porque ya lo saben ellos,
no hay ni habrá lugar de descanso para él.
En cambio aquí, en el sitio más visible, se levanta un símbolo de los
cuerpos desaparecidos, de las vidas segadas con tanta crueldad. Aquí, justo
aquí, donde se cruza la Carretera Panamericana que recorre nuestro país de
Norte a Sur, y la Alameda Bernardo O’Higgins que lo atraviesa de Cordillera
a Mar.
La Carretera que une a nuestro país… “largo como lazo de arriero y angosto
como catre de pobre”, como dijera nuestro poeta Pablo de Rocka, y la
Alameda, “las grandes Alamedas, por donde pase el hombre libre, para
construir una sociedad mejor”, que nos legara Salvador Allende.
Este es un lugar para ustedes queridas compañeras. Un muro de cristal que
nos permite verlas al trasluz de la Historia.
Muchas Gracias
Comité Monumento Mujeres en la Memoria
Fuentes: Comité Monumento Mujeres en la Memoria
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