Publicado en Página/12 - Las/12
viernes 29 diciembre 2006
difundido por RIMA - Red Informativa de Mujeres de Argentina
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-3097-2006-12-
29.html
El software libre es una alternativa al modelo hegemónico de
procesar datos dentro del mundo virtual que imponen las grandes
corporaciones –con el uso del copyright– y que pone en primer plano
la necesidad de socializar el conocimiento y realizar un desarrollo
cooperativo entre usuarios y usuarias. Claro que las chicas apenas
participan en un 1,5 por ciento de estas ventajas:¿falta de
estímulo, pereza o prejuicios en la comunidad virtual?
Por Verónica Engler
Hace unos veinte años, cuando la Aldea Global era apenas una
entelequia anunciada en los cenáculos académicos del Norte, las
tecnologías que darían cauce a ese mundo único e hiperintegrado ya
estaban listas para empezar a tentar a las multitudes que pronto
organizarían sus vicisitudes (amorosas, laborales y económicas)
frente a la computadora.
Para ese entonces, las grandes compañías de computación comenzaban a
perfilarse al tiempo que modelaban un sistema regido por el
copyright para el desarrollo y la distribución de sus productos.
Paralelamente, pero en sentido contrario, en el underground digital –
fraguado por los hackers de la primera hora– se acuñaba la noción
de "software libre" para nombrar una alternativa al modelo
hegemónico que proponían las incipientes corporaciones.
Esa nueva forma de entender la computación no implicaba solamente el
manejo de conocimientos técnicos, sino también concepciones
políticas relacionadas con la socialización del conocimiento y con
un modelo de desarrollo cooperativo, abierto y... ¿democrático? No
tanto.
Porque las chicas ni aparecían en escena, o sólo lo hacían en
carácter de novias de algún caballero ducho en la escritura de
código informático. Algo nada extraño si se considera que las
mujeres históricamente han sido una ínfima minoría en las áreas de
desarrollo tecnológico. De acuerdo con un informe de la Unión
Europea, esta situación se agrava en los ámbitos de software libre:
sólo el 1,5 por ciento son mujeres, proporción bastante inferior a
la que se da en otras áreas.
Poco a poco, las féminas se están abriendo paso en la comunidad del
software libre. Prueba de ello son las iniciativas que han
encabezado en lo que va del siglo para estimular a que otras se
sumen. "El fortalecimiento del trabajo en red y el fomento de una
cultura organizacional no jerárquica, características intrínsecas
del software libre, han sido estrategia y bandera del movimiento
feminista", destaca desde Madrid Montserrat Boix, fundadora del
grupo español Mujeres en Red por el Software Libre y no Sexista.
Lo más importante de esta tecnología alternativa no es que los
programas sean gratuitos y de libre distribución (nadie recibirá el
mote de "pirata" por hacer copias), sino que el código fuente –el
lenguaje con el que están escritos– es abierto, de acceso público,
algo que no sucede en programas como el Windows de Microsoft, por
ejemplo.
Pero el acceso al código fuente no es sólo una delectación
intelectual para una minoría de iniciados. Que una no tenga la
pericia suficiente para interpretar las crípticas líneas de
instrucciones que hacen funcionar a las computadoras no invalida el
recurso. Otras y otros, expertos en el arte de la programación,
sabrán leer el tan mentado código, y eso sirve, por lo menos, para
evitar y corregir errores (por ejemplo, los típicos "cuelgues" que
sufrimos a diario frente al monitor), y también como antídoto contra
las habituales fallas de seguridad, denominadas "puertas traseras"
(backdoors), que permiten redirigir la información de una
computadora hacia otra, sin que el usuario o la usuaria puedan
advertirlo, con el consiguiente riesgo para la privacidad de sus
datos.
La antropóloga argentina Verónica Xhardez, adepta a los programas de
código abierto e integrante de la organización Software Libre
Argentina (Solar), reconoce que su relación con la tecnología se
modificó "cuando adquirí la conciencia de las posibilidades que
ofrece conocer la herramienta que se está usando y, en un marco más
amplio, cuando comprobé la potencialidad emancipadora que tiene el
software libre, que en definitiva es conocimiento, en un país en
desarrollo como el nuestro".
Al margen
Dos décadas de trajín al margen del mainstream informático no fueron
suficientes para derribar los estereotipos de género que aquejan al
mundillo digital, aunque han corrido ríos de tinta y bytes para
tratar de explicar la ausencia femenina en estos dominios.
A comienzos de la década del '90, Ellen Spertus –que por entonces
integraba el Laboratorio de Inteligencia Artificial del
Massachusetts Institute of Technology– tuvo la buena idea de
compendiar lo que había sobre el tema en el clásico Why are so few
female computer scientist? (¿Por qué hay tan pocas científicas
dedicadas a la computación?). En esa investigación Spertus repasaba
textos y situaciones que le permitieron responder a su pregunta
asumiendo que los gustos y las habilidades en una disciplina como la
informática no están inscriptos en los genes, por lo que la
presencia abrumadora de varones y la ausencia casi absoluta de
mujeres responde a situaciones determinadas socialmente desde muy
temprana edad (por ejemplo, un estudio realizado en EE.UU. mostraba
que en hogares con niñas y niños las computadoras familiares solían
estar en la habitación del hijo varón).
En la misma línea que Spertus, la canadiense Van Helson, una avezada
desarrolladora de Linux (el sistema operativo de código abierto,
alternativo a Windows), decidió redactar un texto en el que plasmó
las ideas que surgieron en numerosos encuentros y charlas con sus
colegas. El objetivo del documento, titulado How to encourage women
in Linux? (¿Cómo estimular a las mujeres en Linux?), no era realizar
un mero diagnóstico, sino proponer formas de acercar a sus
congéneres hacia el software libre.
A la falta de confianza que la amplia mayoría de las mujeres
experimenta ante una computadora, se suman las típicas situaciones
que deben enfrentar a diario en el ámbito informático como el
lenguaje sexista y los chistes machistas en los foros de
intercambio, la percepción de la computación como una actividad
antisocial (que requiere extensas jornadas de aislamiento dedicadas
a la escritura de código) y la falta de modelos femeninos.
En el caso del software libre, una característica que se suma a las
anteriores y las potencia es que, dado el origen en cierta forma
marginal del movimiento, el autodidactismo a ultranza es altamente
valorado. Por lo que no resulta fácil en general y mucho menos para
las mujeres, que vienen con su propio lastre, ingresar en la movida,
participar y hacerse respetar. Por ejemplo, hasta no hace tanto,
cuando alguien osaba formular alguna pregunta "un tanto obvia" (que
dejaba traslucir que no se había explorado lo suficiente como para
evitarla) en un foro de discusión sobre Linux, por ejemplo, una de
las respuestas más habituales era "RTFM!" (por Read The Fucking
Manual!), que en buen romance se desglosa como "¡Leé el maldito
manual!" (por usar un calificativo suave).
En Voces libres de los campos digitales, una investigación social
sobre el SL en América latina y el Caribe –recientemente editado por
Bellanet y el International Development Research Centre– se incluye
un capítulo dedicado al tema de género. A partir de una serie de
encuestas, la costarricense Margarita Salas –encargada de dirigir la
investigación-– observó que los hombres intentan resolver primero
por su propia cuenta y evitan solicitar ayuda, mientras que las
mujeres experimentan menos y utilizan como primer recurso la
consulta a otras personas. "Ambos estilos de aproximarse al
conocimiento tienen ventajas y desventajas, sin embargo, son
valorados de manera diferencial en el ambiente de la comunidad de
software libre", señala.
Usuarias y administradoras, ¡presente!
Para sumar a otras damas, Van Helsen recomienda a los varones evitar
comentarios despectivos o lances desesperados para conseguir una
cita sexual cuando una chica intenta integrarse en algún LUG (Linux
Users Group). Por otra parte, tira abajo el mito que pinta a quien
trabaja en programación como un anacoreta abstraído en la
contemplación del código. Con respecto a la ausencia de modelos
femeninos, hace un llamado para que las muchachas se animen a hacer
públicas sus contribuciones en la comunidad del software libre y de
esta manera animen a las que están por llegar.
"Es un problema el hecho de que las mujeres no estén involucradas en
áreas técnicas como lo están los hombres. Por eso, para incrementar
nuestra visibilidad necesitamos mujeres que estén dispuestas a
comunicar públicamente acerca de su trabajo con código abierto, para
que otras mujeres no se sientan solas o ajenas cuando intentan
acercarse a esta comunidad", afirma la veinteañera Máirín Duffy, que
trabaja en Nueva York como desarrolladora de Gnome, uno de los
entornos gráficos de Linux (anteriormente este sistema operativo no
se manejaba con menúes y ventanas sino con líneas de comandos).
"Hace unos años era duro comenzar a trabajar en proyectos de
software libre, porque la gente se comunica por chat y e-mail, y
como no se ven personalmente resultaba fácil para algunos muchachos
hacer comentarios estúpidos cuando alguien decía que era mujer,
porque no era común ver a mujeres trabajando en tecnologías de la
información. Pero todo eso está cambiando rápidamente y las mujeres
están cada día más involucradas en el tema", se esperanza Anne-Marie
Mahfouf, que en 2001 creó el grupo KDE–Women (KDE es una variante de
Linux).
Según informa Verónica Xhardez –que participó desde Solar como
contraparte del Cono Sur (Argentina, Chile y Uruguay) en la
investigación que concluyó en Voces libres de los campos
digitales...–, en nuestro país "hay muy buenas desarrolladoras
dentro de la comunidad, pero la participación de las mujeres sigue
siendo escasa, no debe llegar al 5 por ciento –detalla–. Asumo que
esta situación tiene que ver con la asociación de lo técnico con lo
masculino y del software libre con ámbitos difíciles".
Gran parte de la tarea que están encarando los grupos de mujeres en
la actualidad se encamina a dar por tierra con estos supuestos que
desaniman a más de una. "Nuestra idea es demostrar que el software
libre no es ni tan complicado ni tan exótico e inaccesible como se
empeñan en hacernos creer", explica Montserrat Boix. "También nos
interesa reivindicar que los programas de software libre que se
están generando tengan un lenguaje no sexista, que se tenga en
cuenta la premisa del masculino y el femenino cuando se hacen las
traducciones, que se hable de usuarios y usuarias, de
administradores y administradoras", ejemplifica.
El software libre, hay que decirlo, perdió buena parte de esa aura
cuasiesotérica que lo envolvía en sus comienzos. Las grandes
compañías (Yahoo, Google, Apple e IBM, entre otras) ya se percataron
de las ganancias que puede aportarles esta promisoria
tecnología. "El software de código abierto está evolucionando desde
un tipo de movimiento underground avant-garde hacia (una tecnología)
ampliamente aceptada y pronta a convertirse en una de las corrientes
principales de la industria", destaca un grupo de investigadores de
la Universidad de Cambridge (Inglaterra) en un informe (Free/Libre
and Open Source Software:Policy Support) que este año presentó ante
una comisión de la Unión Europea, con recomendaciones para promover
acciones tendientes a disminuir la brecha de género en el ámbito del
software libre.
Habrá que ver qué lugar ocupan y qué tienen para decir las mujeres
en este nuevo escenario tecnológico.
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